LA ISLA LASCIVA


Capítulo uno
Tratando de buscar una salida
(William)
William, el primer hombre. No hubo un primer amor, cosa que a veces me da rabia, porque no puedo llamar amor mi primera experiencia simplemente porque no lo fue. Sinceramente fue un paso calculado hasta en los más mínimos detalles y a veces me echo en cara el haber sido tan frío al resolver mi deseo de realizar o materializar ya lo que me consumía por dentro y llenaba mis fantasías nocturnas. Mis inquietudes ya habían tomado por asalto mi ser, que en aquel tiempo me daba bastante dolor de cabeza porque me debatía entre "el ser o no ser", habiendo crecido en un pueblo provincial, mis deseos eran lo prohibido, el tabú, lo despreciado o lo degenerado. Mi tortura duró mucho tiempo antes de poder llegar a romper el pánico a verme descubierto y poder entregarme a alguien. Traté en vano de buscar la persona adecuada que me garantizara al menos un anonimato real y no dejara huella en mi entorno, en aquel pueblo había muchos candidatos que abiertamente demostraban su predilección hacia el mismo sexo, siendo el centro del hazme reír o del desprecio de todos, ellos no servían ya de inicio.
William, que en realidad fue quien se llevó el trofeo de mi virginidad, era un vecino que muy a parte de estar casado con hijos, por todos era bien sabido su condición de bujarrón, era el nombre que le daban a aquellos que les gustaba dar por culo a los maricones. Palabras que herían y que una vez que en el pueblo te colgaban ese cartelito pues era un estigma imborrable y que pesaba mucho. William fue quien descubrió en mí todo lo que yo ocultaba, tenía muy buen ojo para detectar la semilla oculta y lograr sacarla a toda costa. Comenzó una verdadera cacería, porque aunque podría llamarlo como un juego del ratón y el gato, en realidad fue una cacería donde él era el cazador y yo la víctima consciente de que cada cual tenía bien claro el papel nuestro. Solo tenía que verme para que con un gesto lascivo se tocara el sexo, mostrando a veces un simple bulto o su erección. El muy cabrón no escatimaba nada para lograr llamar mi atención y lo lograba porque de solo ver aquella pinga que se le marcaba sobre el pantalón y que acariciaba con mucho vicio. Mis ojos se le clavaban y un escalofrío me corría de pies a cabeza.
Nuestro idilio, digamos que lo fue, duró mucho tiempo, quizá dos años o más porque sólo dar un paso para mí era lo peor, el pánico podía más que yo mismo, más que mi deseo, más que la tentación del sexo mostrado esperando a que me acercara y lo tomara. Era un sufrimiento que se alargaba, ya William había tomado la ofensiva, me perseguía si me veía pasar, me hacía guardia en la esquina de mi casa esperando a que saliera o entrara, allí estaba él con su mirada en mí, mordiendo su labio inferior y una mano agarrando su pinga. Antes de que me entregara a disfrutar del verdadero sexo, tuvimos nuestros encuentros que fracasaron por mi miedo. Una de esas veces, fue que mientras me perseguía pues se fue la luz, cosa frecuente de aquellos apagones, yo perdí mi pánico y lo seguí hasta el puente de Nodarse, él se paró como a mirar el río crecido aunque en realidad no se veía nada solo el sonido del agua correr. Yo me acerqué y puse mi mano en la baranda del puente, él se acercó y pegando su pinga a mi mano, yo la palpé tratando de conocer si era cierto lo que se marcaba siempre.
_ ¡Vamos hasta la línea!, me invitó mientras había comenzado a caminar hacía la línea de ferrocarril por el muro del río.
_Me da miedo ir por ahí, el río está muy crecido.
Para tan mala suerte vino la luz en ese momento.
_ ¡Ve por la calle!
_Los vecinos me conocen, ¿qué dirán?
_ ¡Bah, no te preocupes que ya todos lo comentan!
Aquel encuentro no terminó en nada, me fui y lo dejé allí. Pasó mucho tiempo, incluso tuve mi primera experiencia con una mujer, casi aquel medio matrimonio me apartó de William, pero me engañaba porque aquella relación lo que me dio fue la confianza de poder entregarme a él. Mi relación de heterosexual fracasó desde sus inicios, primero que al ir a la cama no conseguía penetrar a mi mujer, todo iba bien hasta el momento más importante. La situación se complicó algo cuando mi amante se lo confesó a mi madre que para ayudarme me llevó a una psiquiatra que al menos me dio confianza sin que se supiera que en realidad me gustaban los hombres. Cuando puede hacer el amor con mi mujer, se despertó en mí una fiebre loca de hacer el sexo, de singar día y noche, tenía un deseo incontrolable. Llegué incluso a cogerle el culo a mi mujer y aquello empezó a complicarse, porque desde aquel momento me la singaba pero sólo eyaculaba cuando le cogía el culo. Claro que no todo fue felicidad y aquella unión llegó a su fin tal y como había empezado. Ahora sé que aquella aventura heterosexual había despejado el camino para poder estar con un hombre sin miedos y pánicos. Ya no estaba ese cartelito sobre mi cabeza de “pájaro”, de “maricón”, ya había tenido mujer y todos sabían que me gustaba el chocho, pero se habían equivocado, aquello fue pantalla, un escudo tras el cual me escondía. Ahora tenía que aparecer la oportunidad de poder estar con alguien igual que yo y un buen día apareció, iba yo por la acera y él venía de frente, nos saludamos y como la calle estaba bien vacía, pues me quedé sin huir.
_ ¿Quieres entrar aquí?
Me invitaba a la casa de un amigo donde él vivía o siempre estaba. No me lo pensé y lo seguí, entramos, el amigo que me conocía porque había trabajado con mi padre, se quedó algo sorprendido. Pasamos al dormitorio y nos besamos, el primer beso que le daba a un hombre. Me sentía bien en sus brazos, como me abrazaba y sentir su pinga dura por encima del pantalón. Se la acaricié, él conocía bien mi debilidad.
_ Es tuya, ¿qué esperas?
 Me dijo tentándome a abrir la portañuela. Lo hice y saqué con cierto temblor su pinga grande, era enorme, tal y como me la imaginaba. Pero no tanto, me dio cierto miedo porque me podía desgarrar todo, el color del glande era igual al de sus labios, morado. Me quedé un momento acariciando su miembro, él lo tomó con la mano y con la otra acercó mi cabeza para que empezara a tragarla. Aquel primer contacto me pareció raro, no me había visto yo chupando su pinga, pero tenía un sabor inconfundible, tenía que abrir demasiado la boca para poder tragar hasta la mitad. No me había imaginado allí sentado  en la cama delante de él, mamado.
-         ¡Mira en el espejo como mamas!
Era cierto, allí estaba el espejo de la cómoda donde nos veíamos los dos. Estuvimos un rato mirándonos hasta que William me hizo levantarme y me bajó el pantalón y el calzoncillo, me dio la vuelta y empezó a lamerme el culo. Agarraba mis nalgas y las abría y pasaba su lengua provocando el mejor de los placeres. Empezó a escupir mi culo y me puso la pinga en él, empujó para meterla, me hizo casi gritar. Sentí un dolor terrible que me hizo estremecerme, él me dijo que aguantara un poco, pero no pude soportar, tuvo que sacar su pinga. Entonces nos desnudamos y nos tiramos en la cama, me besaba, me comía la boca, el cuello, sus manos no se apartaban de mis nalgas y mi dolorido ojete. Me decía al oído que tenía un culo muy rico, que había esperado mucho tiempo este encuentro. Me dijo que cogiera una crema que había en la mesa de noche, la cogí y empecé a untar en la pinga, él murmuró.
_ ¡Coño!, qué apurado estás por tenerla dentro.
Después nos volvimos a enfrascar en una lucha de besos y caricias antes de que empezara a meterme su pinga. El primer intento fue doloroso de nuevo, me sentía como me abría todo, intentó meter y sacar su polla, terminó poniendo más crema y esta vez empezó a entrar y aunque me revolqué algo por el dolor, en esta ocasión no la retiró.
_Mira, mira, solo es la mitad.
Me decía para que mirara, eso como me calmó algo y lo dejé hacer, siguió besando, acariciando y cada vez metiendo más y más su pinga en mí culo que no se dilataba tan rápido. Nos volvimos y me hizo sentarme en él, y estuvimos así abrazados besándonos, yo con mis piernas alrededor de su cintura y con todo aquella pinga dentro.
_ ¡Ya ves, ya la tienes adentro toda! ¡Ahora eres mío!
Empezó todo un remolino entre ambos, era todo un especialista en dar, propinar placer y al mismo tiempo recibirlo, en una de aquellos giros se salió, me levantó las piernas sobre sus hombros y empezó a lamerme el culo, después metía la pinga toda y volvía a sacarla para terminar metiendo de nuevo. Yo gemía de placer, de goce. Nunca antes había experimentado tal cosa, había leído bastante del tema pero en realidad, en vivo era otra cosa, era tanto el placer, el goce que ninguna palabra podría describir lo que se siente. Todo un remolino de sensaciones, lo que en un principio fue dolor o malestar se había convertido de pronto en algo que me daba gusto y me hacía gemir. William sabía bien qué hacer y cómo lograr que me sintiera en el cielo, no paraba de moverse, de acariciarme, de besarme y de murmurar cosas que iban desde lo más tierno a lo más grosero. Sus manos recorrían mi cuerpo, sostenían mis nalgas, mi cara o  tocaba mi culo lleno de su pinga, el muy cabrón sabía el placer que eso provocaba. Me miraba fijamente mientras sus dedos tocaban mi culo y su pinga, se mordía el labio de gusto, su lengua provocaba y me llenaba de besos. Finalmente apuró para venirse, lo hizo suavemente.
_ ¡Ya ves, ya tienes mi leche dentro, ya eres míos, ya te he preñado!
Nos besamos con pasión, yo con alegría. Después me fui al baño, para limpiarme, aunque estaba bien limpio. Me dijo que teníamos que vestirnos que su amigo se tenía que ir. Yo sentado en la cama y viendo su pinga que de verdad era grande, tendiendo mi manos la acaricié.
_ ¿Quieres más?
Sonreí con aprobación, pero teníamos que irnos y por lo tanto esa segunda solo tendría que ser en otra ocasión. Salí, me fui a la casa y directo al baño, mi calzoncillo tenía la mancha de su semen, y sobre todo el olor de su semen. Recuerdo que miré sorprendido la taza del inodoro aquel liquido blanco. Lo reconozco, aquella noche no dormí, estuve medio enfermo, al día siguiente tenía fiebre. Pero estaba contento, había perdido mi virginidad y de una manera agradable. Había empezado así esa doble vida, una a ojos de todos y otra oculta, me había convencido que nadie sabía lo que había hecho, nadie. Eso me animaba, simplemente aquello que pasó no se reflejaba en mi físicamente, supongo que anímicamente sí.
De mi segundo hombre, fue un médico de Santiago de las Vegas, Roberto se  llamaba, nos conocimos en la terminal de guaguas de Santiago de las Vegas. Nada, cosas de esas, nos miramos y todo estaba claro. Me gustó su bigote grande, delgado y que parecía muy interesado en mí. Hablamos algo y rápido me invitó a su casa. Yo no tenía nada que perder al no ser el transporte. Vivía en una cuartería cerca de la iglesia, por suerte que al ser ya muy tarde, había poca gente en aquel pasillo. Me gustaba su tipo de machote, y sobre todo su bigote. Tenía una sola pieza donde estaba todo desde la cama, la mesa y la cocina y al lado estaba construyendo una ducha, la pared del fondo lo ocupaba una estantería repleta de libros. Recuerdo que me acerqué a mirar, él se me pegó a mi espalda, haciéndome sentir su abultado paquete.
_Vaya, eres la primera persona que invito y se interesa por los libros.
_Tienes buenos, ya veo.
_ ¿Y no te interesa otras cosas?
Me susurró al oído mientras me abrazaba. A partir de ese momento todo fue un torbellino de besos y caricias, hasta que finalmente quedamos desnudos en la cama. Era mi segunda experiencia que dio su resultado muy rápido porque con solo haberme penetrado yo eyaculé sin tocarme siquiera.
_ Disculpa, le dije abochornado.
_ No pasa nada, eso significa que te gusta. Me dijo mirándome a los ojos, sin soltar mis piernas ni salirse de mí. Me besó, me besó varias veces y empezó a moverse suave. Vio en mi cara que me molestaba algo.
_ No te preocupes, lo haré suave para que no te duela. ¿No me vas a dejar así? Además, nene, ya la tienes adentro toda y otra cosa, a ti te gusta que te den por culo y a mí me gusta dar por culo, en esto no hay problemas.
No era que me hubiera convencido simplemente que no me había dado otra opción. Me estuvo singando todo el tiempo que quiso. Tenía razón en lo que nos gustaba a ambos y era mejor gozar y disfrutar del momento. Cambiamos de posición tumbados sobre un costado, el sosteniendo una de mis piernas y metiendo y sacando, era la primera vez que me sentía así, la primera vez que sentía una pinga entrando de esa manera. Se vino abrazado a mí, como si se fuera a caer de un precipicio. Nos besamos, cuando sacó su pinga me dijo alzando una de mis piernas:
_ ¡Déjame ver ese tesoro chorreando leche! ¡Me gustaría que te quedaras con mi leche adentro!
En efecto sentía como desde mi culo se escapaba su semen aun caliente, pero él no se detuvo ahí. Era una nueva sensación, porque con William no fue así. Eso que me había hecho me gustó y lo recuerdo con gusto. Lo dijo mientras que con sus dedos recogía el semen y lo volvía a introducir en mi dilatado culo. No oculto que aquello me chocó algo, era la primera vez que alguien me hacía semejante cosa, que me vacilaba y gozaba. Roberto era un buen experto, tenía experiencia. Nos quedamos charlando en la cama desnudos, él abrazado a mí, de vez en cuando me besaba la nuca, las orejas. Me dijo que era médico, que trabajaba en Boyeros, me preguntó igual muchas cosas.
_ ¡Quédate a dormir!, además ya es tarde, no va a haber guaguas ahora y bueno, así singamos de nuevo.
Claro que fue así, dormimos poco esa noche, para mí fue la primera noche tormentosa, hicimos el amor dos veces, al rato de nuevo y al amanecer, antes de que me fuera yo. Esa segunda vez fue muy pasional, no podría decir cuánto duró pero sí tengo que aceptar que me gustó mucho, por la mañana fue algo rápido, me dijo que me quedara quieto boca abajo y me singó así.
_ ¡Aprieta bien los muslos y el culo para que me saques rápido la leche!
Lo sentí meter y sacar, gemir, mugir a mis espaldas, después él mismo me descubrió que singando así, me frotaba mejor la próstata y que por eso me había hecho eyacular en la cama. Después salimos de la casa antes que la gente de la cuartería empezara a salir, me acompañó a la parada y quedamos que pasaría de nuevo por su casa. Pasaron tres días y nos volvimos a encontrar, singamos con la misma pasión del primer día, era incansable y yo le seguía. Me sentía bien y más porque era en un territorio neutral, lejos de donde yo vivía. Aquel día cuando terminamos me propuso algo que antes no había escuchado.
_ ¡Oye, vamos a casa de un amigo mío en Boyeros!
Roberto vio mi sorpresa.
_ Es un buen amigo, hacemos lo que quieras, charlar, beber algo aunque yo te propongo singar. ¡Mira no te asustes, no pongas esa cara! Es una persona muy decente y haremos lo que tú digas. No te invito a hacer un trío, solo si tú quieres sí, sino, pues nada, tu y yo solos.
Terminamos yendo  a casa de su amigo, se llamaba Julio, era un tipo mulato, grande y fuerte. No vivía muy lejos de la parada, tenía un apartamento pequeño para él solo. Parecía simpático y alegre, nos presentó Roberto. Julio sonriente dijo que Roberto hablaba mucho de mí. Al parecer todo había sido tramado con antelación y mi presencia en el lugar era parte del plan. Julio sacó unas cervezas y chicharritas de plátanos, nos sentamos en la sala. Julio dijo que había invitado a  no sé quien pero que no iba a venir. Ya con aquella frase supe que estaríamos los tres, solo los tres. No me gustaba mucho la idea, seguía yo con el complejo de que era mejor dos personas que aquel trío que parecía formarse ya. Cuando Roberto que había estado todo el tiempo besándome y acariciándome me dijo que me pusiera cómodo, sinónimo de que me desnudara, fue cuando dije que me iba. Julio se me acercó y me dijo al oído:
_ ¡Mira, chico, no pasará nada que no te guste! ¡Te vamos a singar por turno y tú estarás en la gloria!
Acto seguido se desabotonó los bermudas que llevaba y me blandió casi en las narices un pingón gordo y grande. Me recordó al de William, pero este era más oscuro. Roberto empezó a quitarme la ropa. Julio me agarró la cara, me besó y me dijo:
_ ¡Para esta pinga hay cola, hay allá afuera un montón de maricones locos por que se la meta! ¿No me digas que tú no quieres?
_ ¡Oye, no lo asustes! ¡Todo va a ir bien.
Fueron las palabras de Roberto que me llevó al dormitorio mientras hablaba conmigo.
_ ¡Mira, no va a pasar nada malo! ¡Vamos a gozar! Ya te lo decía yo el primer día, aquí todo está claro entre nosotros, lo que te gusta a ti y lo que nos gusta a nosotros. Además, si no puedes lo dices y paramos. Así que relájate y vamos a gozar.
Lo que siguió fue una masa de tres cuerpos unidos, lamiendo, chupando, gimiendo. Fue Roberto quien empezó singándome mientras me comía el trozo de machete que tenía Julio, después se intercambiaron. Se me escapó un quejido cuando me penetró Julio, que muy al contrario de cómo se había comportado al principio, se preocupó porque no me doliera. Estuvo singándome hasta que se vino, enseguida se puso Roberto hasta que eyaculó. Julio trajo un espejo para que viera como me había dejado el culo.
_ ¡Cojones qué culo más rico! Se lo dejamos rosado y chorreando.
En efectivo, tenía el culo dilatado, rosado y el semen blanco salía a por botones pues ambos se habías venido dentro de mí. Yo estaba asombrado, no había visto semejante cosa, era la primera vez que estaba en un trío y que me singaban así. Julio se arrodillo al borde de la cama y agarrando mis piernas empezó a lamer mi culo y a comerse la leche que salía.
_ ¡Qué culo más rico!
Decía y repetía muchas veces. De pronto se levantó y me metió el pingón que ya se le había puesto duro, lo metió despacio, vacilando como entraba.
_ ¿Cómo te lo sientes ahora?
Claro que me sentía bien, ya estaba dilatado. Roberto se sorprendió cuando volvió del baño a donde fue a lavarse. Se fue la luz en ese momento, cosa que aprovechó Roberto que se nos unió a la singueta. Estuve allí a disposición de los dos, éramos un amasijo de sexo donde yo iba recibiendo por turno las pingas de ellos dos o al mismo tiempo uno por delante me daba de mamar y otro me singaba el culo. La primera orgía o trío que estaba y había salido bien, no era cómo pensaba o cómo había escuchado a gente que nada sabía del tema.
Pasó como dos semanas sin que sintiera la necesidad de tener sexo, después de aquel día loco había quedado algo dolorido aunque eso sí, muy a gusto. Fue cuando vi a William de nuevo, nos saludamos y él disparó como de costumbre.
_ ¡Oye! ¿No quieres pinga ya?
Claro que ya estaba sintiendo el deseo de nuevo, me dijo que pasara por una casa donde él estaba trabajando, trabajaba en la construcción, quedamos que pasaría yo a eso de las siete. Por supuesto que fui a esa hora, en efecto era en las afueras y una cuadra bastante vacía, por lo que no había mucho problema de mirones. William me esperaba en la puerta, cuando me vio entró haciéndome un gesto que le siguiera. Al entrar cerró la puerta y nos abrazamos besándonos una de sus manos se aferró a mis nalgas, después metió la mano por el pantalón hasta llegar a mi culo.
_ ¡No te imaginas las ganas que tenía de singar ese huequito de nuevo!
Nos metimos en una de las habitaciones que al parecer usaban los ellos para descansar, me refiero a ellos, los que trabajaban allí, y empezamos a besarnos, a tocarnos, yo me arrodillé esperando a que él sacara su pinga y me la diera a mamar. Él lo sabía, y como adivinando mi deseo, lo hizo diciéndome que era toda mía. Me hice cargo de su sexo, tratando de tragarlo, de acariciarlo para darle a él placer y gusto sabiendo que él me lo devolvería todo. No me hizo esperar, me desabrochó el pantalón que bajó, me dio la vuelta y hundió su lengua entre mis nalgas, estuvo un buen rato comiendo mi ojete hasta que poniéndose de pie, me agarró por la cintura para meterme su pinga dura untada en saliva. Para mi sorpresa no sufrí como la primera vez que William me tuvo, esta vez toda pasó bien, quizá por lo excitado que yo estaba o por el entrenamiento que ya había tenido con Roberto y Julio. Estuvimos de pie un rato, después me llevó hasta unos sacos de cemento y él se sentó haciéndome que yo me sentara, me ordenó que me moviera, que yo mismo me singara. William era muy vicioso, le encantaba vacilar como su pinga entraba en un culo, en este caso en el mío.
_ ¡Quiero que te vengas ahora mientras te doy pinga! ¡Quiero que aprendas a venirte mientras te doy pinga y no después!
Nos pusimos de pie y él aumentó sus movimientos, mientras me instaba a eyacular, escupía su pinga y mi culo para lubricar bien, me decía mil cosas. Me quitó la mano de mi pinga y empezó a  masturbarme mientras se movía, exploté al rato. Después su mano llena de mi semen me la pasó por la boca, metió sus dedos en mi boca con mi propio semen.
_ ¡Nene, ahora vas a aprender a sacarle la leche a tu macho!
Fue él quien me enseñó mi papel en el sexo, que si él me había hecho venirme, yo tenía que hacerlo con él y en esta ocasión muy a pesar de haberme venido, tenía que seguir singando. Aquella primera ocasión me costó mucho, primero que al venirme mis fuerzas se debilitaban y solo un deseo de liberarme me invadía, bueno, aún me invade, pero William sabía explotar ese punto. Me singó fuerte hasta que se vino entre gemidos. Cuando me liberé, me pareció que me caería al suelo. Él me agarró besándome y con su mano en mi ojete dilatado a modo de tapón.
_ ¡Quiero que te lleves mi leche dentro, que cuando estés en tu casa te acuerdes de que tienes mi leche dentro!

Me hizo ponerme el calzoncillo y el pantalón, cogió un poco de papel higiénico y doblándolo a modo de almohadilla me lo puso. Yo ni sabía qué hacer, claro ya Roberto había hecho algo parecido al pedirme que me quedara con su semen dentro.
_ ¡Si se te sale mi leche, pues ven a que te llene de nuevo ese culo!
Me gustó aquella idea, que durante mucho tiempo llevé a cabo con William. Antes de irme estuvimos hablando, le conté lo que había pasado con Roberto, que lo había conocido, cómo y qué habíamos hecho, además de aquella noche loca con Julio y Roberto.
_ ¡Ya sabía yo que ese culo ya estaba algo abierto! Te entró como nada.
Fue su comentario, pero no le molestó, por el contrario me dijo que gozara, que había hecho bien y que repitiera. Yo era la primera vez que contaba aquellas cosas, pero me gustó hacerlo y a William le gustó. Me dijo que se veía que sería un buen maricón.
_ ¿Sabes? Si lo deseas, te puedo organizar una buena orgía. Tú dímelo y yo traigo a algunos que te van a dar bastante pinga.
Recuerdo que no le respondí, pero él vio el brillo de mis ojos y que la idea me atraía y mucho. No sé quizá me daba algo de pena aceptar aquella invitación, quizá el complejo de verme usado como una puta o algo así. Traté de decirle que me iba bien con él, pero agregó.
_ ¡Bueno, ya has probado con dos, nos ponemos de acuerdo e invito a dos más, seremos tres para ese culo! ¿Qué crees?
No sabía que decirle, temía, pero me calmó abrazándome y dándome un beso.
_ No te preocupes, todo va a salir bien. ¿No has singado con negros?
La pregunta me cogió de sorpresa, pero era cierto, no había singado con negros. Él era algo amulatado pero negro, no. Me dijo que dentro de dos días podíamos reunirnos allí mismo y que traería a dos negros amigos de él. Antes de irme me calmó.
_ ¡No te preocupes, nene, que yo no te voy a invitar a algo malo! Son dos amigos chéveres, buenas pingas y buenos singones.
Así nos despedimos en espera de que pasaran los dos días acordados. Aunque no sabía qué hacer y si lo que  me había propuesto era bueno o no. Cierto complejo me entró y estuve debatiendo entre el ir o no a aquella cita, más por los dos negros, pero me atraía aquella idea y por otra parte ya había estado en una orgía y nada malo me había pasado, por el contrario me había gustado. El día anterior vi a William que me recordó que me esperaría donde la vez anterior y que fuera a eso de las ocho. Tenía que vencer mi miedo y mis complejos. Pero terminé por ir, primero porque me gustaba William y sabía que iba a hacer todo lo posible por satisfacerme. A las ocho ya había oscurecido por lo que era mejor para no ser visto, William estaba en la puerta esperando, al cerrar tras de mí, me abrazó agarrando mis nalgas y me besó.
_ ¡Hoy te voy a enseñar a ser un buen maricón!
Bueno, aquella frase algo soez no me molestó, porque en realidad lo era y él fue el primero en adentrarme en ese mundo. En una de nuestras conversaciones me lo dijo, me lo dejó bien claro que el ser maricón no era nada malo, que por el contrario era lo mejor porque siempre iba a encontrar pinga para mi culo. Allí estaban los dos como había dicho, nos presentó. Raúl y Tony, el primero un negro chapapote, que había visto un montón de veces pero que con lo feo que era, pues nunca me había fijado en él, cosas de la vida y allí estaba para singarme. A Tony lo conocía, vivía a unas cuadras de mi casa, tipo casado aunque se comentaba que era bujarrón, un negro claro como decían en el vecindario.
_ ¡Coño, mi vecino con las ganas que tenía de darte una buena entra´a de pinga!, dijo Tony dándome la mano.
_ ¡Hoy lo vamos a graduar de maricón, aunque tiene cepa de mariconazo!, bromeó William y agregó,- ¡bueno, a ver, vamos a ponernos cómodos!
Era la contraseña para quitarse la ropa, ya lo sabía. Cuando me quitaba la ropa miré a Raúl, tenía un tremendo trozo de morronga que asustaba, sentí un temblor por el cuerpo porque de solo mirarla así sin que aun estuviera parada y dura, pues asustaba. Tony y William tenía la pinga parecida.
_ ¡Coño, soy el único de pinga chiquita!_, bromeé yo mientras palpaba la de Raúl.
_ ¡Bah, no te preocupes que tú has venido a que te den pinga y no a dar pinga!- comentó Raúl.
_ ¡Pues, claro, lo tuyo es poner el culo y la boca!, dijo Tony.
Lo que ocurrió después fue un torbellino, yo me puse a chuparle la pinga al negro Raúl, mientras William empezó a mamarme mi culo ensalivando y preparándolo para lo que vendría. William al rato dio paso a Tony que empezó a meterme su pingona grande, William debajo de mí seguía dando lengüetadas y escupiendo mi culo que abría paso a la cabeza de la pinga de Tony. Empujó hasta atrás haciendo que me quejara, me dijo que aguantara, y siguió singándome mientras me parecía que mis mandíbulas se me caerían de tanto mamar la pinga de Raúl. Al rato William ocupó el sitio de Tony en mi culo ya dilatado.
_ ¡Oye, no me lo dilaten mucho que quiero que sienta mi pinga!_, dijo Raúl.
William le dijo a Raúl que era su turno si quería gozar un buen culito estrecho aún, Tony y William me aguantaron diciendo que me relejara, Raúl se puso detrás y metió. Un sudor frío me recorrió el cuerpo, quería gritar y lo hubiera sido por no ser a mano de uno de los dos que me tapó la boca, los pies se me aflojaron, las lágrimas se me salieron. Tal era la sensación de que algo se abría dentro de mí, que me rajaría el culo. Viendo cómo estaba, pues me arrastraron hasta una colchoneta en el suelo y allí quedé clavado por Raúl. William trajo un pomo con vaselina y empezó a  untar en el culo, le dijo a Raúl que sacara algo para ponerle la vaselina. Estuvimos un rato así, yo clavado, Raúl dentro y los otros dos sentados mirando. William se acercó, me besó y me dijo que tocara mi culo lleno, que sintiera que todo estaba bien. Así lo hice, me parecía mentira que dentro tuviera aquel trozo de pinga. Al rato empezamos a singar, Raúl comenzó con suavidad, diciendo que nunca había singado un culito tan estrecho. Después Tony y William se turnaron para que mi boca recibiera sus pingas, a partir de aquel momento no podría decir que fue y quien me singó. Lo peor fue cuando ya quería venirse, uno a uno se vino dentro, sentía que por mis muslos el semen me corría. Tony se vistió y se fue rápido, se despidió alabando mi culo y que repetiríamos, William se fue a despedirlo hasta la puerta. Raúl se quedó abrazado a mi espalda.
_ ¿Te gustó?_, me susurró al oído Raúl.
_ ¡Sí, pero me dolió al principio!
_ ¡Bah, al principio duele, pero después es la vida misma, así me dicen los pocos que se han metido este pingón! Tú eres uno de esos pocos, además quisiera que te adaptaras a mi pinga.
William regresó y dijo que saldría a buscar un paquete de cigarro, que me dejaba en buenas manos. Yo en principio no pensé que todo era parte del plan para dejarme solo con Raúl, pero era el plan porque William no regresó y Raúl me singó antes de que me fuera. Pero esta vez fue mejor, con mucha vaselina y caricias, fue una singada larga, yo mismo tenía la impresión de que amanecería de un momento a otro. Pero salí comprendiendo que el sexo era más que el tamaño, era el placer, la satisfacción y el saber hacer las cosas. Raúl me poseyó con pasión, como un verdadero macho, me hizo su objeto, su mujer, su culo, su chocho. William fue quien me singó por primera vez, pero quien me poseyó de verdad fue Raúl, me convertí en adicto a su pinga, al sabor de su leche, de su lengua, de sus manos. No tenía nada que ver su cara que no era agraciada, incluso hubo cierto disgusto con William porque en realidad pasé a pertenecer a Raúl aquella noche y por largo tiempo. Mis amistades me decían que me había puesto la capa del zorro, refiriéndose al color de Raúl, mi familia no lo veía con buenos ojos por ser negro como el chapapote, pero yo era feliz. Le pertenecí por dos años y medio, en que no probé ninguna orgía aunque sí singué con otras personas pero mi marido era Raúl, era mi dueño y yo le pertenecía todo. Los demás comentaban que ya nadie quería singar conmigo porque mi culo estaba desflecado por la pinga del negrón. Era yo el compromiso o la mujer oficial de Raúl, todos lo sabían, todos lo comentaban. Él se sentía orgulloso de mí y yo de él, y la envidia la sentían los otros hacia aquel misterio que habíamos descubierto ambos.
Un día desapareció Raúl, William me dijo que se había ido para el Norte en una lancha. No quise creerle, pensé que era una de esas mentiras para atraerse mi gracia, me dio un papelito donde había dos reglones. Era cierto, me había dejado. Me sentí mal, usado. Odié a todos, no puedo decir que era amor, pero ¿qué sentía? Fue un duro revés.
A los dos meses William me dijo que tenía algo para mí, una carta de Raúl, fui a su casa. Una carta larga, llena de pasión donde me explicaba el paso que había dado, que estuvo pensando llevarme pero no había espacio, que no me olvidaría, que me quería y terminaba que deseaba que al menos a mi culo no le faltara pinga, "mi amor, ese culito rico es para singar y tienes que complacerme en eso, quiero que pienses en mí pero sigas singando". William no perdió tiempo, no diré que me violó, porque no me opuse, me hizo acostar, me desnudó y me singó así sin que yo hiciera algo por devolverle el placer que supuestamente me daba. Me singó dos veces, sentí que se venía, sus gemidos, la manera en que apretaba sus manos, dos veces sin salir de mí pero no estaba yo para esa fiesta, me sentía mal y sobre todo por aquella carta. Me quedé así quieto dejando que hiciera lo que le viniera en gana. William se fue a ver la tele, yo me quedé en la cama deseando que me tragara la tierra. Me quedé dormido por un rato o por unas horas, no sé cuánto tiempo. Me desperté cuando William con papel sanitario me limpiaba.
_ ¡La leche se te sale, papo!
Era cierto, las dos veces se había venido dentro por lo que era normal que saliera. Terminó y se acostó a mi lado abrazándome, mientras acariciaba mis nalgas peludas.
_ ¿Me dejas singarte de nuevo?, me preguntó.
_ ¡Sí,  síngame, síngame cuantas veces quieras!, murmuré.
Así lo hizo William, esta vez poco a poco comencé a sentir de nuevo un poco de placer mientras me singaba. Recuerdo que mucho después William se reía diciendo que era la mejor medicina que tenía para mí. Por eso quizá lo estimo mucho, me ayudó a salir del hueco en que había caído. Claro que salía ganando con mi situación porque volvía a ser yo quien se le entregaba sin protestar y si deseaba que fuera de alguno de sus amigos, yo no protestaba tampoco, me entregaba.

Capítulo dos
Lo raro de este mundo
(Luis)
A Luis lo conocí cuando ya había pasado unos meses y yo había comenzado a trabajar en una fábrica de tabaco en mi pueblo, no habían muchas opciones de trabajo y mucho menos siendo un conocido maricón porque entre William, la historia con Raúl y de nuevo en manos de William, la gente ya lo sabía todo, eso sí, me habían dejado ya bastante tranquilo, había pasado formar parte del paisaje exótico del lugar. Luis vivía en La Lisa, regresaba yo de una de esas andanzas por la capital cuando en la parada pasó él con su perrita. Nos miramos, me llamó la atención aquel bigote gris muy a pesar de su panza. Cuando vino mi guagua la dejé ir, cosa que él aprobó sonriendo y se me acercó.
_ ¡Vaya chico, se te fue la última guagua!
_ ¡Sí, ahora pues ni sé qué hacer!
Me invitó a su casa, vivía bajando hacia el río en los altos de una casa de dos pisos. Me mostró la casa, muy chula, muy ordenada y limpia. En un momento me abrazo y me besó, besaba muy rico y sabía muy bien lo que hacía. Caímos en la cama enlazados, besándonos mutuamente. Yo sentía su paquete abultado sobre el mío. Separándose y mirándome a los ojos me dijo.
_ ¡Solo hay dos cosas que hay que tener claro, una que soy activo y otra que tengo una pinga muy gorda!
Le respondí que no había problemas, que las dos cosas me iban bien. Le agradó aquella respuesta y a mí aquella franqueza ante todo. Después nos dedicamos a satisfacer nuestra sed mutua, era cierto había dicho de su pinga, gruesa, no larga pero muy gruesa. Costaba incluso trabajo tratar de tragarla, por lo que opté por lamerla como si fuera un helado, terminé humedeciendo todo para poder sentarme sobre ella. Traté, pero me era imposible, aquel trozo no entraba. Luis sacó de la mesita de noche un tubo de crema y la unté bien, después de dos intentos me senté hasta atrás sobre él que cerraba los ojos de placer.
_ ¡Cojones qué culito, me vas a sacar la leche así!
Esa exclamación de Luis me hizo recordar aquella frase que William me repetía "ese culo es para dar placer a los machos y sacar leche". Me sentí bien, sabía que singaríamos bien y así fue, Luis resultó una máquina singando. Era un remolino porque cambiaba de posición muchas veces, saltábamos de la cama al suelo o en el borde de la cama con mis piernas en alto, en la sala sobre el sofá, en la cocina. Me hacía caminar de un lado a otro sin salirse de mí, tenía maestría para ello. Al principio me resultaba torpe el erguirme y caminar clavado, pero me guió bien, como digo ahora él fue quien me enseñó ese juego que muchas veces después dejé sorprendidos a muchos de mis amantes. Me hizo que me viniera primero, me arrastró al baño para que la leche cayera al suelo, después regresamos al cuarto y me tiro sobre la cama.
_ ¡Ahora aguanta que quiero darte mi leche!
De verdad que tuve que aguantar un poco, porque me singó a lo bestia. Se vino y cayó desplomado sobre mí, besándome la nuca. Aquella si había sido una buena singada, yo me sentía bien y él mucho mejor, antes de dormir y después de ducharnos, me dijo que tenía compromiso, pero que no podía singarse a su amigo porque él tenía problemas con las hemorroides. Dormimos abrazados, y al amanecer antes de que se fuera al trabajo me volvió a poseer, diciendo que hacía tiempo que no singaba tan rico.
Quedamos en que yo pasaría por su casa al día siguiente. Así fue como empecé a  convertirme en el amante de Luis, el segundo amante porque él tenía uno oficial. Estuve frecuentando su casa, dormía siempre con él y casi había dejado a William y sus cosas a un lado. Un día pasaba yo por una de las calles detrás de la iglesia cuando William me llamó, me acerqué para saludarlo y me invitó a pasar.
_ ¡Entra, chico, estamos aquí hablando!
Traté de decirle que no, pero raro aunque decía que no, ya estaba yo en la sala y mientras William me presentaba a los demás.
_ Mira este es Paco, Lázaro, su gente Mario, Berto y yo, claro. ¡Caballeros, este uno de los mejores culos del pueblo!
Así fue como me presentó, yo conocía a algunos de vista pero nunca había tratado con ellos. Bebían ron, me dieron mi trago, al parecer como la conversación ocurría en la sala no habría singueta y era solo ideas mías que siempre asociaba a William con cualquier orgía. Hablaban de todo y de nada a la vez, al rato llegó Hugo, al parecer quien esperaban porque tras de él la puerta y la ventana quedaron cerradas. Yo quise irme, no sé, no me sentía como en mi sopa.
_ ¡Coño, chico, qué vas a irte ahora!
Me atajó William abrazándome, pasamos a una pequeña terraza donde ya algunos se desnudaban. William me susurró al oído.
_ ¡Nos reunimos para singarnos a Mario, así que no te preocupes, solo si él no pude tú puedes poner ese culito!
Berto, ayudando a Mario a subirse en una mesa dijo como dirigiendo la escena.
_ ¡A ver, caballeros, Mario es el culo y entonces tú, pones la boca! ¿Qué opinan?
Claro que todos se apuntaron al igual que Mario. Berto me hizo arrodillarme en el centro y me vendó los ojos, era un juego, escuché que a Mario también se lo vendaban, consistía en que después teníamos que adivinar quién era quién. Por delante de mí pasaron todos poniendo su pinga en mi cara, dando a que oliera, rozara y probara. En total cinco, de todos los tamaños y diámetros, después me quitaron la venda y estaban allí todos desnudos, primero Mario y después yo fuimos ahora mirando bien diciendo que número eran, es decir en qué orden habían pasado cuando teníamos las vendas. Mario acertó dos, yo tres por lo que gané yo el derecho a comenzar la tanda de mamadas. Quise elegir a otro, pero elegí a William, sabía que le iba a gustar.
_ ¡Ya lo dije yo, este es maricón de pura cepa!­_, dijo William acercando su pinga para que yo me la tragara delante de todos.
Berto se había puesto a mamar el culo de Mario que había vuelto a ocupar su lugar en la mesa. Siendo yo el que mamaba, era como quien preparaba a quien se singaría a Mario, por lo que William fue el primero, yo elegí a Paco después porque tenía una pinga de esas de cabeza grande, bueno, tenía el nombrete de mandarria. Él estuvo satisfecho de que yo lo hubiera elegido de segundo. A partir de aquel momento fue una locura yo ya ni sabía qué pasaba y lo mismo supongo que Mario que gemía desde su mesa. Hugo me hizo levantar mientras me tragaba la pinga de Lázaro y me ensalivó para singarme, nadie dijo nada y estaba claro que aquello de uno era boca y el otro culo se había terminado. Por suerte solo Hugo y Berto se turnaron en mi culo, hasta que William se adueño de mí, agarrado de mis nalgas y no dejó sitio a nadie más. William se sentó y yo encima de él, clavado, y mirando a Mario como se lo singaban.
_ ¡Algún día cuando quieras te podemos hacer como a Mario!, me murmuró William al oído. ¡Solo tienes que pedirlo y todos se apuntan!
No sé, viendo a Mario allí y su culo rosado e hinchado, no sé. Me imaginé que las veces que había participado en alguna orgía pues era igual y mi ojete quedaba así. Mario se incorporó satisfecho, sonreía y besaba a su amado quizá por aquel regalo. Se fueron yendo poco a poco, Berto nos dijo que nos quedáramos así que quería vernos, regresó y se quedó delante de nosotros mirando, después se agachó para ver como la pinga de William estaba en mi culo, dijo que William me sostuviera para ver mejor. Tocaba con sus dedos el borde de mi culo y la pinga de William, repetía que le gustaba vernos así, era como en una foto y se sorprendía de que William tenía la pinga dura todavía después de estar tanto rato sin moverse dentro de mí, solo así.
_ ¡Macho, ya te lo dije este es el mejor culo del pueblo! Nada más que se la meto, me pone a mil y te digo una cosa, este tiene aguante.
William me poseyó allí delante de Berto, que miraba y a veces decía algo. Quizá por haberse ya venido o por cansancio, William dejó de singarme e invitó a Berto si deseaba, claro que deseó y metió su pinga diciendo cosas sobre el mi culo caliente. William hizo lo que siempre hacía se fue dejándome allí con Berto que se apoderó de mí, me hizo suyo con cariño, como si estuviera enamorado. Cuando terminó, nos quedamos abrazos en el sofá de la terraza, ya oscurecía pero no teníamos apuro para nada. Por suerte hablando con Berto supe de que tenía pareja, que estaba en casa de sus familiares. Estaba claro que aquello si se repetía era cuando no estuviera su pareja. Seguí yo con mis encuentros con Luis, él de La Lisa, que de la misma manera llevaba esa doble vida.
Un día Luis me dijo que quería presentarme a su pareja, se llamaba Evelio. Mi pregunta fue directa ¿para qué? Según Luis, él no tenía secretos con su pareja y la había contado desde nuestro encuentro hasta las veces que habíamos dormido juntos. No me gustaba la idea como tal, me sonaba algo infantil aquella presentarnos y suponer que todo marcharía bien.
_No creo que sea una buena idea eso de conocer a tu compromiso.
Luis no quiso escuchar, me convenció que al menos era como dar a nuestros encuentros un tono casi oficial, que así era mejor y su pareja se sentiría seguro de que él estaba conmigo, una persona que conocía bien. Así fue como conocí a Evelio, un tipo esbelto y de pelo negro aunque me pareció que era teñido, porque era demasiado negro, artificialmente negro. Desde el primer estrechón de mano sentí el peso de su mirada, esa mirada que mira a un usurpador. ¡Bonita cosa!, de pronto yo me había visto en vuelto en ese triángulo amoroso del peor corte telenovela. Claro que no fue una confrontación abierta, solo fue la primera impresión porque Evelio era muy educado, demasiado por lo que ya viendo a ambos juntos comprendí claro la esencia de Luis y la de su pareja, además supe en ese momento que tanto Evelio como yo nos habíamos rendido al juego de Luis o vulgarmente dicho, nos habíamos rendido a su pinga gorda y a cómo singaba.
Comimos en el comedor, con toda la vajilla, una comida sabrosa y bien hecha. Luis sabía cocinar de maravilla, bebimos cerveza fría. Claro en un país como Cuba aquello era un lujo impensable, pero teniendo en cuenta que ambos trabajaban en turismo, pues estaba claro que podían tener una vida que a todo el mundo estaba vedada. Después de la comida, vimos algo de tele y bueno a la cama bajo la batuta de Luis. Nos desnudamos y tuve que lidiar entre las dos pingas mientras ellos se besaban. Me gustaba de todas maneras, no perdía yo nada y tampoco me molestaba porque ya había tenido ese tipo de experiencia. Después Luis se ocupó de llenar mi ojete con su pinga, estuvo bastante rato dándome caña mientras yo chupaba la pinga de Evelio. Cuando se vino Luis, le ordeno a su pareja que me singara, este no estaba muy animado a hacerlo. Luis insistió hasta que logró que al menos introdujera su pinga pero nada más, Evelio era completamente pasivo. Yo que estaba a mil como siempre, Luis me dijo que si quería singarme a Evelio.
_ ¡Mira, papo, la pinga de él no es tan grade y gorda!¡No te va a doler!, le dijo a su pareja que se puso en cuatro para que yo me lo singara.
Fue Luis quien me adentró en ese rol de activo, fue su pareja el primer macho que me singaba porque hasta aquel entonces yo había sido siempre pasivo, desde entonces eso de universal o versátil pasó a ser mi carta de presentación aunque en realidad me gustaba que me dieran pinga. Al principio no me sentía seguro metiendo mi pinga en el culo del otro, pero poco a poco y con la ayuda de Luis que me guiaba fui comprendiendo que podía sentir placer también, que el calor que rodeaba mi pinga era del culo del otro, que mientras más me movía mejor me parecía y lograba que Evelio gimiera de goce. Recuerdo que no estuve mucho tiempo singando a la pareja de Luis y más cuando éste empezó a juguetear con sus dedos en mi ojete ya dilatado, me vine casi gritando. Evelio cuando se vio libre de mí se fue corriendo al baño, era muy limpio según me dijo Luis, que además le costaba mucho meterse una pinga y que al menos conmigo había logrado vencer su pánico.
Nunca entendí en que se basaba la unión casi matrimonial de ellos dos sino tenían casi relación, claro que era algo ingenuo yo, porque en realidad Evelio sí singaba y Luis también, quizá cada uno por su lado o simplemente yo había asistido a un teatro orquestado por y para ellos mimos donde yo era o simple actor o decorado. No me molestaba el haber llegado a semejante conclusión, simplemente comprobaba que el mundo era más complejo de lo que pensaba y que la mentira, el engaño o la infidelidad era el pan nuestro de cada día.
No se volvió a repetir aquel trío con ellos, seguí visitando a Luis, quedándome con mucha frecuencia en su casa y satisfaciendo su apetito sexual al igual que el mío. Singábamos ya sin experimentar, tengo que aceptar que me había acostumbrado a su pinga, a su grosor y que ya no costaba trabajo la penetración. Usábamos a veces crema pero ya se iba haciendo común la saliva, había leído en libros sobre sexología que el recto se adaptaba a un miembro y por lo tanto el acto sexual llegaba no ser violento. Era cierto, aunque supongo que ya me había adaptado a la manera de Luis y había cogido confianza en él.
A Berto lo volví a ver un día que pasaba por su casa, me hizo entrar, su amigo no estaba y claro él quería fiesta. La infidelidad estaba a la orden del día. Pero como no era yo de nadie ni tenía pareja eso no me preocupaba. Ese día nos fuimos directo a la ducha, primero porque había calor y segundo porque le dije que no me había bañado y claro, él me invitó directo. Ya desnudos bajo el chorro de agua empezamos besándonos, acariciándonos. Berto estaba que parecía iba a explotar, su pinga estaba dura y la movía contrayendo sus músculos. Estuvimos jugueteando mucho tiempo, yo me arrodillaba y me comía su sexo, él después a mí, hasta que me dijo.
_ ¡Quiero singarte ahora!
Me hizo poner mis manos en la pared de la ducha, después me abrió los pies y empezó a meterme caña. Decía palabrotas, me llamaba maricón, puta, hembra; mi culo era tanto un chocho como un culo como un túnel o pozo. No me preocupaba por aquellos comentarios mientras no fueran ofensivos, era más me agradaba porque maricón lo era, puta lo había sido cuando pasé de macho en macho aunque sin ganar nada, hembra lo era por el rol que tenía con él y bueno, que mi culo fuera chocho o pozo, tampoco me preocupaba por el contrario me sentía bien. Cuando se vino, me preguntó si me iba a venir yo o no, como de costumbre empecé a hacerme la paja, pero aquí Berto me sorprendió pidiéndome que me lo singara. Eso hice, se encorvó y le metí caña, me lo singué bien hasta que me vine. No soy de los que habla mucho pero Berto seguía diciendo cosas, ahora él me decía que lo había hecho mujer, que ahora él era el maricón. Parecía una comedia pero lo principal es que ambos quedamos satisfechos.
Esta nueva noticia llegó a oídos de William, en pueblo chiquito, ruido grande y más tratándose de ese cerrado mundo homosexual, donde la promiscuidad imperaba. Yo le dije que el de La Lisa me enseñó a coger culos también, se lo dije más por darle rabia que otra cosa. Pero William nunca se dejaba vencer, me arrastró al baño del parque y sacando su pinga me dijo que se la mamara. Primero me opuse, pero viendo aquello no me resistí y agachándome me puse a mamar su pinga. No era el lugar más ideal para ello, primero los olores a orina, mezclados con el cloro y naftalina, la presión de que alguien pudiera entrar y descubrirnos, pero tomé aquello como una prueba más. Al rato alguien entró, me quedé helado con la pinga de William en las narices, él con su mano me la puso en la boca. No veía quien había entrado, escuché el chorro del meado caer y después llegó hasta los lavamanos y echó una ojeada a la cabina donde estábamos, yo traté de ocultar mi cara detrás de William. Yo quedé con el corazón en la boca, aunque lo que tenía en la boca era el pingón de William. El desconocido se acercó.
_ ¡Cojones, que mariconazo! ¿Mama rico?
William le respondió dándole el lugar.
_ ¡Prueba tú mismo que yo vigilo!
El desconocido se puso en el sitio de William y sacó su pinga que ya estaba poniéndose dura. El sabor salado del orine al principio me molestó algo, hasta ese momento había mamado pingas limpias, pero esta no. El desconocido agarró mi cabeza y me empezó a singar por la boca. Yo hacía arqueadas, pero él era una máquina y no paró hasta que se vino, me lleno la garganta de leche, uso mi cara para limpiarse la pinga por lo que me dejó embarrado todo de semen el bigote y las mejillas. Cuando se fue dijo.
_ ¡Buen maricón!
William regresó a la cabina y me puso su pinga de nuevo delante para que continuara. Quise protestar pero fue imposible y continué lamiendo su pinga con el sabor y el olor del semen de aquel tipo.
_ ¡Hoy te vas a convertir en el limpia pinga de este baño!
Era William así con sus locuras todas relacionadas con el sexo, yo me apuntaba a sus cosas, iba comprendiendo que me gustaba y me sentía bien. Entraron dos reclutas a los que William llamó enseguida.
_ ¡Eh, reclutas, aquí hay un maricón pidiendo pinga! ¡Así que aprovechen!
Se repitió lo mismo que con el desconocido, le mamé por turno la pinga a los dos reclutas, tenía las mandíbulas que se me querían caer, la cara embarrada de semen de tres machos. Olía yo a semen, mi camisa tenía manchas de semen y hasta en el pelo porque uno de los reclutas se limpió su pinga en mi cabeza. William sabía cómo humillarme, como usarme, como hacerme sentir un ser sin voluntad.
_ ¡No puedo más, me duelen las quijadas!
_ ¡Bueno, pues te queda el culo!
Salimos al parque, nos sentamos en uno de los bancos oscuros, William a  fumar y yo a descansar algo. La noche fresca, la parada tenía algunas personas, pero como de costumbre la calle vacía.
_ ¡Mira, los maricones tienen dos cosas, uno el culo y otra, la boca! ¡Cuando no puede con uno, pues con  lo otro y sino con la mano! ¿O se te olvidó lo que te dije? ¡Tú eres maricón para satisfacer a los machos  y ya!
Era así la filosofía de William, yo callaba, no le iba a ir a la contraria. Pasó un tipo rumbo al baño, nos miró antes de entrar. Y William me indicó con un movimiento de cabeza que fuera, yo me resistí.
_ ¡A ver, ve y haz lo que tú sabes hacer bien!
Era una orden, creo que estaba yo embrujado, porque me levanté y entré en el baño. El hombre estaba en el meadero, yo fui y disimulé que meaba también. Le eché un vistazo a la pinga flácida que tenía en las manos. Él se dio cuenta y me dijo.
_ ¿Qué? ¿Te gusta?
No le respondí, me turbé, fui al lavamanos y me lavé las manos. El tipo se dirigió a la última cabina y me llamó con un gesto. Me acerqué y me dijo.
_ ¡Vamos, maricón, es tuya, hazlo rápido que estoy apurado!
Se había cumplido lo dicho por William, yo estaba allí moviendo mi cabeza tratando de que se viniera rápido. Cosa que logré también usando mi mano, se vino en silencio y agarrando mi cabeza. Se fue como una bala, salió y yo después. William estaba en el banco, y para que viera escupí la leche al piso. William me dijo que así se hacía, que en ese pueblo todos estaban dispuestos a dar pinga.
_ ¡Bueno, ahora hay que buscar quien te singue el culo!
Me dijo y nos levantamos, cogimos rumbo a la línea del tren para llegar a unos almacenes. Alguien lo saludó y fuimos hasta la puerta.
 _ ¡Mira, Teto, este  culo quiere pinga! ¿Le haces el favor?
Fue la presentación de William, él otro aceptó enseguida y sin miramientos. Teto un gordo grande, yo no lo hubiera ni mirado en la calle pero estaba bajo el embrujo de William. Teto dejó a William en la puerta y me llevó adentro, me dijo que me bajara los pantalones y en un abrir y cerrar de ojos estaba yo singado. No sé, no hubo ni preludio ni caricias ni besos ni mamadas, me  singó así, de una manera fría y torpe. Se vino, sacó su pinga y se la guardó en el pantalón instándome a subirme el pantalón. Cuando salimos, William me contó que Teto no era bujarrón, pero que a falta de carne pues pescado, que a veces él venía a singarse a alguien y Teto lo dejaba entrar y miraba, habían hablado que algún día le traería a alguien para que se singara. Ese había sido yo.
Después de aquel día loco, tuve mi receso, dejé de ir por La Lisa y evitaba caer en las garras de William. En uno de mis regresos a casa en Santiago de las Vegas me encontré con Roberto, no lo conocí de lo desmejorado que se veía. Nos sentamos a hablar, me contó que había pedido irse del país y cómo era médico no lo dejaban, que estaba sin trabajo, porque lo expulsaron y que no tenía ni un peso. Yo le pregunté por qué estaba tan desmejorado, era diabético y le faltaba la medicina. En fin que terminé dándole diez pesos, me dio lastima. Me dijo que pasara por su casa algún día, pero que estaba a punto de irse del país. No lo vi nunca más, al parecer se fue porque cuando pasé un día por la cuartería estaba sellada la puerta y ni pregunté, me fui sin preguntarle a nadie. Con Roberto había perdido el contacto con su amigo Julio. Me fui a casa de Luis, no estaba cosa que me pareció rara porque él siempre estaba a esas horas. Nada, tomé rumbo a la parada pero al pasar unas de las esquinas vi que Luis iba rumbo a su casa, claro que no iba solo. No tuve celos, pero me pareció raro. Los seguí y cuando iban a  entrar doblé la esquina, Luis se turbó algo y más el otro.
_ ¡Mira, este...te presento a mi primo!
Bueno, podría serlo, podría pero estaba muy claro, el chico era muy joven y muy afeminado, al no ser que todas en la familia fuera maricones. Le dijo al chico convertido en primo que subiera, a mí me dijo que no podía quedarme porque estaba el primo. Yo me despedí sin dar muestras que sería la última vez que me iba a ver. Así fue, no me lo encontré más, me perdí de su casa. Lo más cómico que como a la semana y pico en la parada de Carlos III me encontré a Evelio que paseaba con un perrito parecido al de Luis, nos saludamos, yo bromeé que si ese era el Rambi, pero no, eran diferentes. De regreso del paseo, Evelio se me acercó para hablar.
Empezó por contarme que al principio tenía muchos celos de mí, que pensaba que Luis se iba a separar para quedarse conmigo, pero que después se calmó cuando me conoció, que estaba muy contento de que yo estuviera con su Luis porque así éste no se dedicaba a buscar por ahí. La venganza es dulce como decía aquella mala canción, le comenté que ya hacía como tres semanas que no veía a Luis y que tampoco lo vería. El dardo envenenado cayó en la diana, Evelio se sorprendió, yo le conté que me había alejado porque no me gustaban los cuentos chinos y le conté aquella escena del llamado primo. Evelio empezó a rabiar y a echar pestes contra Luis, porque en realidad no había primos ni nada y aquel jovenzuelo era uno más de sus conquistas. Él que estaba tan seguro conmigo y de pronto todo había comenzado de nuevo. Yo le dije que lo sentía, que también me había sentido mal, porque aunque sabía que ellos eran pareja y después de las cosas que me había contado de ellos dos, pues me consideraba como una persona cercana. Evelio me dijo que sí, que lo era, pero los asombros llovían, Evelio me confesó que hacía dos días no había ido por su casa porque estaba conmigo. En fin, me imagino que cuando Luis fuera a su casa habría tenido un buen concierto, lo tuvo porque un amigo común me contó que se enfadaron y todo.
En resumen, había puesto yo punto final a aquella aventura con Luis, me sentía contento y liberado de todo. Era lo más conveniente porque era una relación de estar y no estar, de ser y no ser, con exigencias sólo por una parte.

Capítulo tres
Las barbas
(A José)
Volví a estar libre de ataduras, regresé a aquellos encuentros con William que bien sabía satisfacer mis deseos, que para ello me había enseñado ese mundo. Estuve con William, solo los dos sin más locuras u orgias de las que él acostumbraba. La primera por fin me llevó a la línea del tren, a las afueras del pueblo y adonde me había invitado al principio. Ya no tenía sentido negarse a ir con él, además que aquella sensación de estar al aire libre daba cierto tono a lo que hacíamos. Todo lo que podía ser el paisaje se convertía en oscuridad, las luces a lo lejos nos eran como esos faros. A William le gustaba besar, era un maestro en todo, me besaba mientras su manos entraban por y agarraban por todos los lados, también hablaba de lo que sentía, lo que hacía y lo que iba a hacer. Me puso como de costumbre a mamar su pinga cosa que me gustaba porque la tenía grande, con una piel muy tersa que daba gusto lamer. Pero nunca me dejaba mucho tiempo, porque lo que más le agradaba era mi ojete, lamerlo y cogerlo. No me hizo esperar mucho para recibir mi pedazo de carne como decía él a veces, otras, decía que me daría mi toma de leche. Me quedé con el pantalón bajado, las nalgas al aire, encornado para recibir su pinga que ya me entraba bien con la saliva. Estuvimos singando un rato cuando sentimos que se acercaba el tren, estábamos al lado de la línea férrea. Se le ocurrió que nos quedaríamos allí, al lado entre los arbustos.
_ ¡Quiero tenerte clavado cuando pase el tren!
Me dijo con esa lascivia que acostumbraba, le comenté que nos verían con la luz. Pero no me hizo caso, nos apartamos un poco y siguió él singando con fuerza. De pronto el haz de luz iluminó todo incluyendo a nosotros, William siguió moviéndose, metiendo y sacando su pinga agarrado a mis caderas, yo encorvado ocultando la cara. Cuando pasó la locomotora por el lado se escuchó un grito.
_ ¡Maricones!
Después volvió la oscuridad porque era un tren de carga, el sonido ensordecedor lo abarcó todo y William siguió al ritmo de los vagones para venirse casi cuando el tren pasaba y se perdía a lo lejos. Nos quedamos un rato así quietos, jadeábamos y sudábamos ambos.
_ ¡Uf!¡Rico!¿No te has venido?
Era otra de las cosas de William, tuve gente que no le importó nada si había terminado yo o no. Lo importante era que ellos se venían y ya, William era diferente. Él sabía cuando me había venido, una vez cuando le pregunté me dijo que lo sabía porque apretaba el culo más de lo común. Me hizo masturbarme antes de sacar su pinga que ya no estaba tan dura. Como era ya una ley, me hizo vestirme sin evacuar su leche. Le ponía a millón saber que alguien se iba con su leche en el culo, yo ya estaba acostumbrado a ello. Incluso me agradaba saber que le ponía bien que me fuera así. Después nos fuimos cada cual por nuestro lado.
Aquella aventura ferroviaria con William me bastó para unos días sin que saliera en buscar nuevas aventuras o emociones, aunque a los dos días tuve la oportunidad de enrollarme en una, esperaba la guagua en una de esas noches calurosas en la avenida 41, cerca de Tropicana lugar al que nunca he entrado, cuando vi a dos tipos que se interesaban en mí, bueno, como era un lugar de ligue, todo el mundo miraba a todo el mundo. No pasó mucho rato cuando uno de ellos, el más delgado se me acercó dándome la mano. Hablamos unas cuantas tonterías y fue directo al grano preguntándome si me dejaba coger, si quería y por último que si estaba de acuerdo iríamos a casa de un amigo de él, el otro que estaba algo apartado y que tenía una barba muy espesa y negra. Era José, un tipo alto y robusto, todo peludo y que más tarde supe que trabajaba en la Biblioteca Nacional, dije que sí y fuimos, nos presentó y salimos caminado rumbo a la casa. Tremenda casona, de esas que hay en 5º avenida de los antiguos ricos, subimos a la segunda planta donde José tenía su dormitorio. Yo pasé al baño a lavarme, José lo había hecho en alguno de los baños de la casa, cuando salí el otro se metió a lavarse, en la cama estaba José acostado desnudo, con la pinga dura. Yo me acerqué y me senté encima de su pinga y nos besamos.
El otro llegó y se nos unió, tenía un buen machete y estaba muy dispuesto a usarlo y rápido. Poniéndose un preservativo me dijo que me abriera las nalgas, escupió varias veces y trató de meter su pinga, quise dejar que lo hiciera pero José me susurró al oído en un descuido del otro que se separó a buscar alguna crema en el baño.
_ Haz que se venga rápido y regresas cuando se vaya.
No le di paso, por mucho que quiso penetrarme, no pudo.
_ Bueno, al parecer eres muy cerrado, pero ya que estamos aquí me sacas la leche mamando.
No tuve otra opción que dedicarme a mamar por turno a ambos. José se apuró en venirse mientras que al otro le costaba trabajo aunque finalmente logró eyacular en mi boca. Comentó algo de que al menos tenía buena boca para mamar pero que hubiera preferido singarme. Después nos vestimos y salimos, José dijo que acompañaría a su amigo y yo cogí otro rumbo aunque solo esperaba ver que giraban para regresar y esperar a José. Al cabo de unos veinte minutos llegó José, se alegró de verme allí esperándolo. Nos besamos en el portal, subimos a su dormitorio y nos desnudamos. A José le encantaba besar, acariciar y yo salía ganando con todo ello. Fui yo quien tomé la iniciativa de sentarme sobre su pinga después de ensalivar bien. Él quedó encantado mirando lo que hacía,  yo quizá por estar muy excitado o porque estaba acostumbrado, dejé entrar su sexo sentándome sobre él, despacio pero sin interrumpir recibiendo el doble goce que me propinaba yo al que le daba a José. Fue una noche ardiente, hicimos el sexo la primera vez yo cabalgando a mi jinete, besaba con pasión, no soltaba mis nalgas con sus manos grandes. La segunda vez fue en la ducha, porque al venirnos yo le eché mi leche en su pecho, en la ducha seguimos besándonos, acariciándonos y por supuesto que no me negué a entregarme de nuevo a él. Me poseyó allí con las manos mías en la pared y el agua tibia cayendo sobre nosotros. Recuerdo que dormimos abrazados, satisfechos y cansados después de una noche tan marchosa. Por la mañana me despertó con besos y su pinga dura en mis nalgas.
_ ¿Quiero tenerte ahora antes de que nos levantemos?-me murmuró al oído.
Yo me dejé hacer, asentí y me quedé acostado bocabajo dándole la oportunidad de que me poseyera así. Me quedé con los ojos cerrados para sentir como me humedecía mi culo, como su pinga iba abriéndose paso adentro, cuando mis esfínteres se dilataron dejándolo pasar suspiré con fuerza y placer. Me singó así, suavemente mientras aguantaba mis manos y me besaba la nuca, las orejas, la cara, la boca. Yo con sus movimientos y caricias me vine antes, para él fue una sorpresa cuando me volví disculpándome de la mancha de semen en la sábana.
_ ¿Te viniste solo? si ni siquiera te has tocado.
_ ¡Papo, tú me tocaste donde debías!
Recuerdo bien que mientras desayunábamos me decía lo bien que la había pasado, que así le gustaba levantarse así, con la pinga parada y singar suavemente. Me dio su teléfono y que llamara, que siempre que tuviera tiempo fuera por su casa a dormir. Comenzó así aquella interesante relación que al principio ardía por sí sola. No diría que nos amábamos pero sí que nos deseábamos. No sabía en aquel entonces que era un oso o la atracción por las barbas y vellos, él fue mi primer oso como tal porque a parte de una barba tenía mucho vello por el cuerpo, además que era enorme, grande y corpulento. Empecé a frecuentar su casa por las noches a dormir con él, y fui conociendo de él. Me contó que aquel amigo nos había visto una vez y que le dijo que sí, que estábamos con mucha frecuencia y a lo que le respondió, que yo no era buena cama. Para José era mejor, así se mantenía alejado de mí y podríamos seguir con nuestra pasión.
Un día me invitó al cumpleaños de no sé qué amigo suyo, que le gustaría que yo fuera con él. La fiesta era cerca de su casa en Playa, había bastante gente y mucha bebida y comida. Era otra gente, gente que tenía acceso a todo y se veía en la mesa y el bar. A mitad de la noche quedaban pocos y ya algunas parejas se retiraban a los rincones entre besos y caricias, nosotros no nos quedamos atrás, empezamos a besarnos, a acariciarnos y terminamos en una de las habitaciones haciendo el amor. José tenía facilidad o habilidad para penetrarme, es lo que más recuerdo, sabía cómo hacerlo y yo se lo agradecía. Allí de pie, yo con el pantalón y los calzoncillos bajados, inclinado algo mientras José me singaba. Cuando terminamos nos dimos cuenta que no estábamos solos, el amigo de José que cumplía años estaba allí mirándonos. Nos quedamos quietos como sorprendidos, mientras el amigo, que se llamaba Ramiro se nos acercó, agarrando con una de sus manos mi pinga dura y con la otra acarició mi culo lleno de la pinga de José que quiso sacarla, pero él le dijo que no.
_ ¡No, Pepe, no se la saques! Ya veo que sabe cómo disfrutarla.
Estuvo acariciando mi trasero, los huevos de José, el tronco de la pinga de José y el borde de mi culo húmedo. Terminó diciéndonos.
_ ¡José hoy es mi cumpleaños!
Estaba claro lo que quería, José sacó su pinga para dejar que aquel mulato se pusiera detrás de mí. José se situó delante, empezó a besarme, a acariciarme.
_ Nene, es su cumpleaños, no le vamos a negar un regalo así, no te preocupes, yo estoy aquí mirando.
Quizá aquel idilio entre nosotros empezaba a llegar a su fin, José me ofreció como regalo de cumpleaños a su amigo. Al rato llegaron otros, unos miraban, decían algo y se iban, otros se sentaban allí mirando cómo me singaba. Era un regalo, un objeto, José me había regalado. Cuando el mulato terminó vino otro y cuando ese terminó otro quiso, yo protesté que me dolían las piernas pero eso no fue problema, me arrastraron hasta una cama y allí continuó el festín. Fueron cinco los que pasaron por mi dejando su semen, estaba molido, por suerte no me dolía pero no me sentía cómodo. Mi entre pierna y culo chorreaban semen de los machos que me usaron. Ramiro vino a la cama, trayendo un rollo de papel higiénico para limpiarme y así lo hizo, con suavidad. Quise levantarme pero Ramiro me dijo que no, que me quedara así, que retuviera la leche en mi culo, le obedecí y allí me quedé.
José vino a  despedirse, me dijo que mejor me quedara a dormir allí y que descansara. No soy tan tonto, sabía que no se iba solo, me levanté cuando salió para ver con quien se iba. Por eso me quedé y me entregué a Ramiro y a otro más que se había quedado. Dormimos algo en aquella cama tan grande los tres hasta que Julián, un negro delgado y pingón, me despertó para que le bajara la pinga que la tenía parada. De tanto revolcarnos y movernos Ramiro se despertó y se nos unió, ya no me importaba nada. Claro que Ramiro había untado mi culo con lidocaína y no sentía nada, ellos igual. A eso de las siete nos acostamos de nuevo ya medio muertos.
A las doce Ramiro se levantó porque tenía que salir al trabajo dejándonos a Julián y a mí. A eso de las dos nos levantamos y salimos a la calle, Julián me invitó a su casa a almorzar. Vivía en La Víbora, en una casa de madera, humilde pero comimos bien. Julián era fotógrafo, pasamos por el trabajo, por suerte ese día no trabajaba. Seguimos a casa de un amigo, un tal León, un tipo gordo y simpático.
_ Este es el regalo de Ramiro.
Así me presentó, nos reímos mucho porque ya lo habíamos conversado. Buen humor, León nos mandó entrar al patio de su casa, conversamos un rato y después nos fuimos. Julián me acompañó hasta la parada de la guagua. Quedamos en vernos en otra ocasión.

A José, lo vi como a la semana en una parada, iba yo en la guagua y me quedé mirándolo como si mirara algo interesante, él igual miraba con sorpresa y atinó a hacerme un gesto de que lo llamara. Por el momento no lo llamaría. Llegando al pueblo me encontré con William que como siempre deambulaba en el parquecito, me llamó enseguida.
_ ¡Oye, ven acá, chico! ¿Qué coño te pasa? Seguro que tienes a alguien que te está dando pinga a gusto.
Era muy vulgar hablando, pero no me molestaba, lo conocía. Nos sentamos en el parque lo más alejado de la única farola que mal alumbraba, allí se sacó la pinga indicando que me encargara de chupársela. No me costó que se le parara aquel trozo de pingón, estuve un rato mamando y tratando de tragarme todo aquello cosa que no siempre podía, él me había enseñado pero allí en el parque no me salía.
_ Ven, déjame darte un poco por culo.
Nos metimos detrás de uno de los matorrales, me bajé los pantalones y él se arrodilló para empezar a lamerme el culo, a humedecerlo, a lubricar antes de empezar a singarme como solo él sabía. Me provocaba placer, goce, sabía moverse bien y cualquier cosa que hiciera le salía bien. Era un bujarrón perfecto. No se demoró mucho, al parecer estaba ya bien caliente y tenía ganas.
_Vístete que veo a la rubia en la esquina.
Comprendí su apuro, en la esquina había un carro de policía. Salimos y nos sentamos en el banco, al rato se nos acercó un policía que nos pidió el carné de identidad y nos inquirió qué hacíamos allí. William le dijo que nada, que estábamos hablando, que yo había venido en la guagua y ya. La verdad, el policía se rio.
_ ¡Ya, que no soy tonto, bien que los he visto detrás de ese matorral!- hizo una pausa y agregó señalando a William.- Le estabas cogiendo el culo a este y eso está prohibido.
_ ¡Vamos, oficial, qué aquí todos somos hombres!, -le dijo William.
_ ¡No, este es hembra!, que lo vi clavado. -volvió a enfatizar el policía.
_Bueno, macho, pues ¿por qué no te lo singas y ya?,- William tenía esas respuestas locas, yo estaba cagado porque nunca se sabe qué va a pasar con estos policías. Pero todo tomó un color diferente, el otro policía se nos unió.
_ Miren, no los metemos presos pero nos vamos a singar a tu amiguita.- dijo el recién llegado.
William rio como de costumbre y me dijo que fuera con ellos, yo le dije que fuera conmigo que no me dejara, pero ya se alejaba.
_ Bien, cariño, vamos y pórtate bien.
Nos sentamos en el carro de policía y salimos rumbo a lasa fueras. Uno de ellos se volvió para sonreírme y decirme que la iba a pasar bien que todos los días a un maricón como yo no se le daba que dos machos se lo singaran. El otro le río la gracia diciendo que me dejarían el culo chorreando leche. Ya cuando salíamos uno de ellos se sentó detrás y me puso a mamarle la pinga, gordita y se le notaban las venas, no hacía más que decirle al otro lo bien que mamaba yo. Metió la mano por mi pantalón en busca de mi culo y le comentó a su compañero.
_ ¡Cojones, tiene el culazo abierto y lleno de leche del bugarrón  ese!
Se reían, pero al parecer no les molestaba nada. Cuando detuvieron el carro y apagaron las luces, salimos fuera el que estaba detrás del carro conmigo, enseguida me penetró mientras el otro me daba su pinga para que le mamara. También estaba bien dotado el muy cabrón, me singaron por turno, pero uno de ellos lo hizo dos veces. Se veían machotes, decían que era la hembra que necesitaban para esas noches de guardia, que no me arrepentiría de haberlos conocido. De verdad que pasé una buena noche, esos dos policías me dieron pinga bien, además como ya estaba dilatado por la cogida de William, me fue fácil. No diría que aguanté bien porque en realidad disfruté bien.
De vuelta me trajeron hasta el pueblo, me dejaron en la puerta de mi casa, por suerte que siendo tan tarde pues casi nadie vio que venía en el carro de policía y como uno de ellos para despedirse de mí, me hizo que le tocara la pinga a modo de despedida y le prometiera que repetiríamos. El  otro que manejaba, agregó que sí, pero que en algún sitio con algo de luz, para gozar bien. Uno se llamaba Hugo y el otro Yuli según dijeron.
 
Capítulo cuatro
Los hermanos.
A los dos días cuando iba rumbo a La Habana, se detuvo el carro de policía a mi lado, estaba Hugo que me dijo que montara. No me negué y subí, le pregunté por el otro.
_Je je je...se ve que te gusta dos mejor que una.- dijo refiriéndose a las pingas.
Yo le dije que no, que solo preguntaba. Salimos del pueblo rumbo a Güira de Melena pero no llegamos lejos, giramos por una de las carreteras y llegamos a una finca. Resultó que Hugo era guajiro, vivía allí con un hermano que era quien trabajaba la tierra. Una casa más o menos como todas las del campo, de mampostería, techo de fibrocemento, portal, matas, corrales al fondo. Apareció el hermano, un tipo alto y quemado por el sol.
_Lázaro, pa´servirle.- me apretó la mano.
Estuvimos charlando, Hugo trajo unas cervezas y al rato el hermano se fue dejándonos solo. Hugo me explicó que el hermano sabía lo de él y que no se metía, como tampoco él se metía en las cosas de él. Le pregunté si estaba casado o entendía, me dijo que al parecer entendía bien aunque tuvo alguna que otra mujer, pero siempre le había salido mal y por eso estaba solo desde hacía dos años.
Después pasamos a su cuarto, nos desnudamos mientras nos besábamos y me tiró en la cama, me alzó los pies y empezó a penetrarme, ya cuando estaba dentro me dijo bien serio.
_Traigo a poca gente aquí a mi casa, me gustas y quiero que seas mi gente.
_Tú también me gustas y me singas bien, así que estamos de acuerdo.
Aquello le dio fuerzas para besarme, y empezar a moverse, yo sentí como una mirada, desde la ventana descubrí la cara del hermano que me hizo la señal de que me callara la boca. Lo dejé que mirara, que disfrutara del sexo que tenía con su hermano. De pronto Hugo se volvió y vio como se ocultaba su hermano. Se separó, fue a la ventana y la cerró gritando alguna palabrota contra su hermano. Regresó a la cama, me hizo ponerme bocabajo para seguir singando, en esa posición me hacía sentir más, empecé a gemir de goce y él viendo crecido su orgullo de macho, aumentaba sus movimientos para darme el gusto. Yo me vine antes y él después se apuró para venirse. Quedamos abrazados, sudorosos y felices.
_Me gusta que disfrutes mi pinga así como hoy, veo que te gusta. Necesito una gente como tú. ¿Serás mío?
Dije que sí, después dormimos un rato, al despertar pues me comió a besos y mientras me bañaba, él preparó algo de comer, comimos junto con el hermano y nos fuimos. Me llevó a la casa, diciendo que me iría a recoger a la noche, que terminaba a eso de las nueve. Uno de mis amigos me había visto en el carro de policía, allí por casa apareció a que le dijera los por menores. Ya después se encargó de regar la noticia por el pueblo, pero me importaba poco pues de todas maneras con Hugo me sentía bien. Por la noche vino Hugo y me fui con él, ya había oscurecido y vino en pleno apagón por lo que la escapada casi no fue vista por muchos. Llegamos a su casa, allí estaba el hermano en el portal sentado con la radio puesta. Nos sentamos allí al fresco de la noche, al menos es lo mejor del campo.
_  ¡Oye, deja de estar mirando por la ventana cuando singamos.- le dijo Hugo al hermano de pronto.
_ La ventana estaba abierta..., - se disculpó Lázaro.- además, eres mi hermano ¿no?
_ ¿No me digas que quieres también singarte a mi gente?
_ Tú gente seguirá siendo tu gente, mi hermano, no pasa nada...
Aquella conversación en mi presencia parecía más bien un teatro, algo que ya se había repetido muchas veces y que sabía el final. De todas maneras el hermano estaba bien rudo, muy bueno, ambos estaban bien y no me cogió por sorpresa cuando Hugo me dijo que me fuera al cuarto de su hermano, ya lo sabía. El guión se desarrollaba, como supuse en principio, conversaban sobre mí sin contar conmigo. Me fascinó aquella conversación entre ellos dos sobre mi persona, más sobre quien se acostaría con quién y cómo, pero a todas sin contar conmigo. Después Lázaro se levantó, preparó algo de comer, comimos, yo me brindé a fregar, cosa que ambos aplaudieron e incluso Hugo bromeo diciendo que ya estaba yo entrando en mi papel, me imagino que se refería a ser su gente o mujer. Cuando regresé a la sala pues estaba Hugo solo, me indicó que me sentará en sus rodillas a horcajadas, lo hice, nos besamos con pasión. Me cargó y me llevó a su cuarto, nos desnudamos y nos entregamos al sexo, un sexo lento, a goce profundo. Cuando se vino, se quedó un rato sobre mí y me susurró en mi oído.
_Mi amor, ahora quiero que vayas al cuarto de mi hermano, él te esperando.- me besó.- Eres mío, lo sabes, pero ya lo escuchaste, quiere también y no tiene gente, es muy cortado. Ahora te la saco y ve con el culo lleno de mi leche. Quiero que sepa que te va a singar después de mí y que mi leche te llegó primero.
Tenía su vicio aquella idea, Hugo saco su pinga y me levanté para ir al cuarto de Lázaro, iba con mi entre pierna húmedo de semen. El hermano estaba desnudo en la cama, muy moreno del torso hacia arriba y blanquísimo, la pinga la tenía parada y era una buena pinga, al parecer los dos hermanos habían sacado el mismo material. Yo me quedé en el centro del cuarto, el se levantó y cerró la puerta, después me abrazó por la espalda haciendo que sintiera su pinga dura en mis nalgas. Pasó una de sus manos por mis nalgas hasta el culo y la sacó moviendo el semen delante de mí.
_ Ah, la leche de mi hermano, pues vas a tener la mía también.
Se arrodilló y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi ojete recién singado, a chupar la leche. Yo ya estaba a punto de explotar porque Hugo no me había hecho aquello, pero allí tenía al hermano comiéndose mi culo. Al rato incorporándose me dijo que ya no tenía la leche de su hermano, que me preparara para guardar la de él. Allí en el centro de la habitación, de pie, me penetró y empezó a singarme. Singaba a lo bestia, al rato me arrastró a la cama y terminó viniéndose mientras gritaba. Estuvimos un rato abrazados, él me confesó que si me quedaba con su hermano, pues nunca me faltaría nada. Al rato me fui a la cama de mi Hugo que por supuesto no dormía, caía agotado a su lado. Él se puso a revisar mi trasero.
_ ¡Cojones como te hemos dejado ese culo! Parece un chocho y chorreando leche.
Cogió su calzoncillo y me limpió, dormimos abrazados. Felices de aquella noche, yo que tuve el papel más activo por pasar de una cama a otra. Cuando nos levantamos, ya el hermano había preparado el desayuno, nos saludó con buen humor. Una cosa que noté es que la erección le seguía, Hugo bromeó con ello y Lázaro se defendió con que Hugo tenía más oportunidades y singaba más, dijo que no pudo dormir en toda la noche pero que se sentía bien. Cuando Hugo terminó de desayunar y mientras yo fregaba, se vistió y vino a la cocina.
_Hoy es sábado, puedes quedarte..., quédate que mira cómo está Lazarito.
Nos despedimos, me besó diciéndome, que pensara en él y que por la tarde vendría. Yo me fui al baño a ducharme, al rato en la ducha entró Lázaro desnudo y con la pinga como una lanza. Me besó, me abrazó y me hizo arrodillarme para que le comiera la pinga. Cuál de los dos era me parecía mejor, pues los dos. Aquel sexo matinal fue salvaje, empezamos en la ducha, salimos rumbo al cuarto desnudos, mojados y yo clavado por él. Me hacía caminar de esa manera,  clavado por él, primero fuimos a la cocina a buscar una cerveza, de ahí al cuarto. No parecía que se calmaría, tuve que decirle que ya no podía más, entonces se apuró para venirse. Al rato él se levantó, me dijo que tenía cosas que hacer en el campo, yo me levanté y me vestí, el me abrazó y besó.
_ ¡Cojones, cómo me gustas! y más ver que te has puesto el calzoncillo quedándote con mi leche dentro.
Yo me sonreí pues eran las mañas que William me había enseñado, que a cualquier bujarrón eso le levantaba el orgullo. Le dije que sí, que guardaría su leche bien adentro. Me preguntó si la de Hugo también, le dije que sí, que también pero la que tenía ahora era la suya. Comprendió el mensaje, me dijo que trataría siempre de de dejarme la suya después de la de su hermano. Así fue arreglándose la vida nuestra, la de los tres porque empezamos a compartir esos momentos de felicidad y lujuria. Solo que por separado, pasaron dos meses en que el orden establecido se cumplió, nunca coincidí en la cama con los dos hermanos aunque algunas noches me turnaba de cama, primero uno y después el otro.
Como a los dos días Hugo tenía guardia, me pidió que me quedara con su hermano y que no me preocupara, que le gustara que yo tuviera culo para los dos. Iba a estar dos o tres días fuera, Lázaro le agradeció dando la mano. Ese día a eso de las cuatro y pico se apareció Lázaro en el caballo y me dijo que me llevaría a dar una vuelta por el campo. Me quise montar detrás pero me dijo que no, que delante, ya me imaginaba yo que sería para ponerme su paquete en mis nalgas.
_ ¿Alguna vez te han singado montando caballo?
Le dije que no, me prometió hacerlo aunque me explicó que de día era casi imposible porque había siempre gente rondando pero que alguna iba a coger el caballo y saldríamos los dos a singar. Estuvo dando explicaciones de lo que se siente, de lo rico que era y que a él le gustaba porque clavaba bien al otro, que lo había hecho con algunos estudiantes universitarios que iban a  trabajar al campo. Atravesamos campos y llegamos hasta los platanales, ya se habían ido los camiones con los trabajadores, solo en una de las esquinas de unos de los campos, estaba el guardia, también a caballo y con un rifle en la mano. Un negro grande y con un bigote enorme, fumaba un tabaco que al parecer no hacía mucho que lo había encendido.
_ ¡Cojones, cuánto hacía que no te veía!- grito contento mientras se acercaba con su mirada clavada en mí y en Lázaro, se dieron la mano, Lázaro me presentó, también me dio la mano pero se quedó más tiempo con ella.- ¿Qué le vamos a dar caña?,.- después se dirigió a mí.- ¿Te gusta la caña, verdad?
Caminamos por la guardarraya un rato, bordeando el platanal, hasta que nos adentramos en el mismo por un trillo.
_Bueno, aquí no hay caña pero plátano macho sí y mucho.- bromeaba el negro que se llamaba Chucho y Lázaro le seguía la gracia.
Bajamos del caballo, que ató a unos hierros que allí habían, me percaté que tanto Lázaro como Chucho tenían las pingas bien paradas, a punto de romper los pantalones pero sobre todo el paquete del negro, daba espanto. Lázaro empezó a cortar hojas de plátano para improvisar algo así como una cama, Chucho ya a mi lado, me abrazó.
_Nene, sé que tienes ganas de tocar mi pingón, dale, es tuyo.
Hice lo que me pedía, acaricié por encima del pantalón su pinga descomunal, él me abrazó, sentí su olor a sudor y la fuerza de sus brazos. Metí la mano para tocar su tronco. Sentí que Lázaro se abrazaba a nosotros. Nos desnudamos, entre besos y caricias. No podía apartar la vista de la pinga de Chucho, de verdad, que algunos negros estaban bien dotados, era mucho, impresionaba. Se parecía a la de Raúl, aquel negro que me volvió loco por un tiempo y que se fue al norte dejándome, aunque la pinga de Chucho era más nervuda, las venas se le marcaban y la cabeza grande. Me arrodillé para tratar de meterme en la boca aquel pedazo de pinga, costaba trabajo.
_ Nene, mi pinga hay que darle lengua como a un caramelo.
A Lázaro le provocó un ataque de risa, yo seguí en mi intentó de tragarme aquello, al menos hasta la mitad, cosa que alegró a Chucho. Lázaro ensalivando mi culo empezó a singarme mientras me hacía gemir de placer a cada una de sus embestidas, Chucho se coló debajo de nosotros y empezó a comerme la pinga, los huevos y a lamer mi culo lleno de la pinga de Lázaro. Aquello me volvía loco, el muy cabrón hizo que me viniera en un minuto y muy a pesar del dolor que experimento al venir, aguanté un rato los movimientos de Lázaro que me dijo que se iba a venir rápido. No fue tan rápido como dijo, pero logró venirse entre gemidos y nalgadas. No sacó su pinga tan rápido, porque le tocaba el turno a Chucho. Sentí alivio cuando Lázaro sacó tu pinga, pero pronto comencé a sentir como se abría paso el grueso miembro de Chucho, volví a experimentar aquellos sudores fríos, aquel dolor como si mi culo se desgarrara, un dolor como una punzada que se clavaba en mi interior. Hacía tiempo que no sentía el dolor de una pinga entrando en mi culo, por supuesto que no habíamos usado mucho lubricante, solo la saliva de Lázaro y su semen. Chucho comprendió que me hacía sufrir, la sacó y volvió a ensalivar su pinga, recogió el semen de Lázaro que salía de mi culo para untar en su miembro y volvió a meter. Esta vez fue mejor, aunque seguía teniendo la impresión de que reventaría. Al rato cuando ya había logrado meter hasta el tronco, empezó a  singarme despacio, como me dijo "pa´no joderte y que goces".
Lázaro fue a las tuberías de regadío a lavarse la pinga cuando vio que ya todo marchaba bien. Nosotros nos quedamos allí, yo doblado con las manos en mis piernas y Chucho moviéndose detrás, gozando, singando a su gusto. Habla mucho, decía mil cosas desde alabanzas a mi culo hasta que era un maricón de verdad porque no todos se podían meter su pinga, que más singaba vacas porque ni las mujeres se atrevía a abrirles las patas. De vez en cuando me preguntaba cómo me sentía o como me la sentía, me hacía responderle, decirle lo que sentía y lo que me gustaba. Me acariciaba las nalgas, las tetillas, metía sus dedos en mi boca, me hacía casi girar para besarme, pero seguía dando pinga, gozando de mi culo. Pensaba que nunca iba a terminar, hasta que pronto sentí como rugía y se agarraba con fuerza de mis hombros mientras empujaba duro, se estaba viniendo. Casi me mata pero fue una de las pocas veces que había sentido como alguien se venía dentro de mí.
Después me hizo acostarme en la cama que Lázaro había preparado para nosotros, pero todos los movimientos estaban regidos por él que no había sacado su pinga de mi culo.
_ Nene, qué clase de culo tienes. ¡Eso vale un millón!
Me dijo entre otras cosas, mientras me besaba. En eso Lázaro llegó, se nos acercó riendo, me hizo alzar una pierna para ver el tronco que tenía clavado.
_ ¡Cojones, macho, si vieras esto! ¡Qué rico se ve! Este si es un maricón de verdad.
_ Y le gusta, anda, nene, dile...dile lo que te gusta. _Me instaba Chucho a que dijera.
_ Sí, me vuelve loco este negro y quiero estar así siempre, lleno.
Aquello les gustó a ambos, Chucho mientras empezó de nuevo a moverse, a darme pinga, a singarme de nuevo. Lázaro arrodillándose delante de mí me dio a mamar su pinga que se ponía dura de nuevo. El sitio tenía olor a semen, yo era el centro de aquellos dos bujarrones, ellos me gozaban y me daban placer, un placer muy grande. Estuvimos un buen tiempo así, hasta que Chucho dijo que no me iba a torturar más y sacó su pinga, sentí que me liberaba, que se me iba todo, sentí el semen saliendo. Me levanté medio que sin fuerzas, les dije que necesitaba cagar. Las risas de los dos fue grande, Chucho se fue a limpiar su pinga y yo detrás de unos plátanos para liberar todo, pero no eché más que semen, me parecía que todo estaba lleno de leche de aquellos dos sementales. Cuando regresé ambos estaban recostados, desnudos.
_ ¿Qué?_ me preguntó Lázaro.
_ Sólo leche..., sólo he soltado leche...así que ahora ya no me queda semen de ustedes. _dije provocativo.
Sabía bien que era una buena provocación, Lázaro me dijo que me sentara en su pinga, lo hice y aunque no la tenía tan dura, entró fácil e hizo que comentará que tenía el culo como una cueva, como un túnel cosa que mucho le creo. Claro que a Lázaro le gustaba mostrarse todo un macho singón delante de Chucho, pero no tenía la pinga dura, él mismo me dijo, dale siéntate en la de Chucho. Así hice, volviendo a sentir todo el grosor de aquel trozo de morronga que entró suavemente pero abriendo paso como si se tratara de un tren. Estuve un rato sentado sobre Chucho, clavado hasta los cojones, su cara era de goce, de placer, fumaba su puro, lo absorbía con lujuria y me echaba el humo casi en la cara. Sus manos grandes me daban nalgadas suaves que parecían caricias. Al rato me hizo levantarme y acostarme sobre las  hojas de plátanos. Bocabajo y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi culo, chupaba su puro y me echaba el humo, metía su lengua en mi culo dilatado y cada vez que lo hacía, yo gemía de lo que me gustaba. Al rato se tumbó sobre mí penetrándome de nuevo, me abrazo, me besó.
_ Mami, ¡me vuelves loco! Nunca he tenido a nadie que le guste tanto mi morronga como a ti.-Se movía y volvía a detenerse para preguntarme.- ¿te gusta, verdad?
_ ¡Sí, me gusta!
_¡Quiero que seas mi jeba, no sabes lo bien que te vas a sentir conmigo!.
Hablaba y singaba con pasión, con gusto, me preguntaba si me gustaba, a veces esperaba mi respuesta, otras el mismo respondía que sí, que se veía que era buen maricón tragón. Hablaba y murmuraba, besaba o me mordía el cuello y las orejas, metía su lengua en mis oídos. Me singó hasta que se vino, pero a cambio de la primera vez, se vino suavemente, moviéndose muy despacio. Al sacar su pinga de mi culo, me lo besó, lamió su semen.
Hablamos un poco, Lázaro le contó que yo era el amante de su hermano, el policía, pero que vendríamos de nuevo si él nos organizaba alguna fiesta de las que él era un maestro. Chucho dijo que sí, pero que yo era para él. De camino Lázaro me contó que Chucho a veces hacía alguna que otra fiesta con los que estaban en los albergues, que conocía a muchos y a veces la fiesta quedaba muy buena, que la leche corría como un rio. Sentado en el caballo la pasé mal porque no encontraba como ir, finalmente Lázaro me dijo que me sentará de lado como las mujeres y bromeó.
_Bueno, hoy fuiste toda una hembra porque lo que te tragaste,...hum...es mucho.
 Llegamos a la casa ya tarde, para mala suerte Hugo estaba en el portal esperando, me pareció que Lázaro se sentía orgulloso de lo que había hecho, o quizá yo de inocente caí en la trampa. Cuando nos acercamos Hugo se levantó y se metió en su cuarto, yo le seguí. Cuando entré en el cuarto, Hugo me miró con malas purgas.
_ ¡Quítate la ropa! _me dijo con dureza, pero al ver mi confusión me grito. _¡Cojones, maricón de mierda, te dije que te quitaras la ropa!
Le obedecí, él me hizo acostarme en la cama, me abrió las nalgas y miro mi culo que seguro estaría medio hinchado y enrojecido, además del semen que seguro tendría. Hugo se enfureció, me ordenó que me quedara allí y salió como un rayo en busca de Lázaro, desde la habitación escuché la discusión entre ellos. Después entró como un rayo, me propinó un par de bofetadas gritándome todo tipo de improperios, se sacó la pinga.
_ ¿Esto es lo que te gusta? ¿Eh? pues vas a tener hoy toda la pinga que desees, maricón de mierda.
Para mi asombro entre tanta bronca y gritos, su pinga se ponía dura, se me tiró encima para singarme, yo forcejeé algo para zafarme, pidiéndole que no lo hiciera, que estaba muerto, que me dolía el culo, me inmovilizó rápido y me penetró. Opté por no oponerme, lo dejé que me singara cosa que Hugo hizo a sus anchas, pero sin pasión sino con odio, embestía duro, me mordía con fuerza o me daba sopapos en la cara, me escupía. Por fin se vino, quedó sobre mí un rato hasta que sacó su pinga y se acostó a mí lado. Me quedé bocabajo con las piernas abiertas, me sentía adolorido, sentía como el semen me corría, seguí en silencio para no provocarlo más, hasta que escuché que decía.
_ ¡Coño, perdóname, te partí el culo!
Me incorporé vi su pinga manchada de sangre, Hugo cogió una toalla y me secaba, yo me asusté. Me pedía perdón, decía de sí que era un bestia, que cómo podía haber hecho algo así. Se puso a mirarme mi maltratado culo, me dijo que cerrara las piernas con la toalla y salió en busca de Lázaro. Cuando vino esté pues le dio un puñetazo en la cara que lo hizo caer de bruces. Pero se calmaron rápido, Lázaro me miró y salió, dijo que buscaría al médico de la cooperativa. Hugo se quedó besándome, acariciándome y pidiendo perdón. Como a los cuarenta minutos entró Hugo con el médico, me quedé bocabajo de la vergüenza, pero Lázaro me dijo al oído que el médico era de la familia.
El médico me revisó, estuvo poniendo crema y algodón, hizo como un tapón y dijo que era solo un rasguño, pero que tenía que tener cuidado con animales como Hugo, lo dijo haciendo hincapié en lo de animal, dejó a Lázaro un tubo de crema para que me untara. Hugo se acostó a mi lado abrazándome con cariño, pidiendo perdón, yo no le dije nada porque lo que había hecho de perder el control ya era demasiado. Al rato entró Lázaro y le dijo que saliera, que ellos dos dormirían en su cuarto y que me dejara solo. Para asombro Hugo ni protestó, cuando se fue, Lázaro me dijo que se levantaría por la noche para ver cómo me sentía y si necesitaba algo que lo llamara.
La noche paso bien, Lázaro vino a verme unas dos veces, al día siguiente no dejó a Hugo entrar a la habitación diciendo que yo dormía y que no me molestara, aunque yo no dormía. Cuando sentí que se había ido el carro, salí. Me costaba moverme con aquel tapón, Lázaro me hizo regresar para cambiarme el tapón. El médico le dijo lo que tenía que hacer, me dijo que ahora tenía que dejar de singar. Así fue estuve como dos meses sin hacer nada, al principio fue difícil hasta ir al baño, pero nada del otro mundo. Ya en mi casa fui a ver a un amigo médico que después de regañarme y hasta amenazar con ir a darle una entrada de golpe a ese animal, me calmó diciendo que no era nada, solo un rasguño que se cerraría pronto. Me recomendó cuidado, mucho cuidado.
 
Capítulo cinco
La vida en pareja
(Chucho)
Supe de Chucho un buen día que Lázaro vino a verme, salimos y en un parque estaba allí esperando, de verdad que aquel gesto me gustó, fue todo un detalle. Lázaro se despidió y se fue dejándonos a los dos. Chucho estaba muy atractivo, mirándolo allí en el banco sentado a mi lado, no parecía tan animal aunque ya me había empezado a gustar desde aquella tarde loca en el platanal. Al rato de estar conversando me preguntó si quería conocer dónde vivía, le dije que sí pero que tuviera en cuenta que estaba fuera de servicio, con una sonrisa me tranquilizó diciendo que lo sabía bien. Me volvió a sorprender al invitarme a subir a un Chevrolet bastante bien conservado, cogimos rumbo a la carretera de Alquizar, por el camino me contó que vivía en una finca pero que sin tierras, las tierras pertenecían a la cooperativa pero la casa era de él y una hermana que vivía en La Habana. Supe que había estudiado ingeniería agropecuaria, que inspeccionaba los platanales para que el rendimiento fuera el mayor, que por eso andaba a caballo aunque podía igual ir en el carro a trabajar. Llegamos a la finca, una casa rodeada de árboles de mango y aguacates, con su portal, las ventanas y puertas con tela metálica para que no entraran los insectos, había un cobertizo para animales y un garaje y una cerca que rodeaba la casa, al rededor había pastos para el ganado vacuno. Me mostró la casa, al menos la parte que le pertenecía, supe que la hermana a veces venía a pasarse un fin de semana  pero no mucho.
En la puerta de su dormitorio, me alzó en sus brazos y diciendo:
_Usted aquí entra en este cuarto en mis brazos.
Lo dijo con orgullo, me besó y entramos.
_Quiero que este sea nuestro nido y tú seas el rey de esa cama.
Lo que pasó pues era normal, caímos abrazados en la cama, besándonos mutuamente, acariciándonos. Al rato estábamos desnudos los dos tratando de comernos mutuamente. Allí en su cama parecía diferente, aunque su sexo seguía siendo igual de gordo y grande. Yo me dediqué a juguetear con su pinga, Chucho que en realidad se llamaba Gustavo, me dijo haciendo que me acostara bocabajo.
_ Mi nene, a ver, déjame ver ese culo que me vuelve loco..., coño si lo tienes como nuevo...
Enseguida se puso a lamer mi culo, él sabía que aquello me volvería loco muy a pesar de que no podíamos singar, estaba claro pero sabía su intención de hacerme venir mientras me lamía mi culo y me masturbaba con su mano. No tuvo que estar mucho tiempo porque exploté muy rápido, más cuando hacía mucho que no tenía contacto ninguno. Después me dijo que se iba a hacer una paja para echarme la leche en mi culo y así lo hizo.
Todavía recuerdo verlo con una mano sosteniendo una de mis piernas y con la otra haciéndose la paja, me parecía que era un gigante, me miraba, de mordía los labios, me decía cosas y a veces rozaba el glande por mi ojete. Se vino como un búfalo, mugiendo y disparando su semen en mi culo, restregando su pinga después. Pero no terminó en ello, volvió a lamer mi culo, recogiendo el semen para introducirlo en mi ojete que más que nada deseaba una buena singada. Aquel gesto me gustó mucho.
_No te he singado pero te llevas el culo lleno de mi leche.
Me dijo con orgullo de macho duro. Tuvimos que esperar dos semanas para el primer contacto sexual a fondo, mi amigo el médico me aconsejó qué hacer y hasta habló con Gustavo para que no se repitiera lo del rasguño. Fue una noche de pasión como antes no había vivido, muy a pesar del aspecto brusco que tenía Gustavo, esa noche inolvidable se comportó como alguien comprensivo, dulce, amante cuidadoso y sin dejar su rol de hacerme suyo, todo en cuerpo y alma. Entre besos y caricias, abrazado a mi espalda y teniéndome clavado, me juró amor y me pidió ser su compromiso. Sus labios pidiéndome un sí, un asentimiento desde adentro, murmurando que no le importaba cómo nos habíamos conocido que sólo le interesaba el futuro nuestro. Desde aquel momento me sentía bien, con el culo bien lleno, abrazado y protegido. Gustavo me satisfacía en el sexo bien y como me gustaba, yo le correspondía.
Empezamos una relación bastante pasional, en el pueblo ya todos los sabían, William me felicitó aunque lamentó que no me podía coger el culo, pero que no pedía la esperanza de que algún día pudiera. Hugo estuvo tratando de presionar, incluso se apareció en la casa de Gustavo una noche con el carro de policía pero no se salió con la suya. Gustavo le salió como una bestia y lo puso en su lugar. De todas maneras Lázaro si era bienvenido, más porque fue quien nos presentó, compartíamos como el primer día en el platanal. Hacíamos tríos a veces, o simplemente Gustavo miraba como Lázaro me singaba. Podía parecer raro, pero Gustavo sentía idolatría por mí y a la vez le gustaba experimentar, no fue Lázaro el único que me poseyó delante de su mirada vigilante y lujuriosa, a veces invitaba a alguien. Sentía placer eligiendo quien me singaría o quién podía dejarse singar para que yo viera.
            La primera vez, se apareció en la casa con un recluta, al entrar a la casa y besarme, me dijo.
_Mira lo que te traigo, me lo hubiera singado pero es activo, así que dame ese gusto y deja que te singue. Yo quiero ver como lo hace.
Me quedé como algo indeciso, sin saber cómo reaccionar, pero me llevó al cuarto y el recluta ya estaba desnudo y sobre mí quitándome la ropa. El muy cabrón tenía una pinga larga y gruesa en la punta y delgada en el tronco. Gustavo se preocupó de que me untara bien lidocaína y se sentó en un sillón cerca de la cama a mirar. Comprendí el juego desde el inicio, no dejarme besar y mirar a mi macho siempre, quizá era la experiencia la que me guiaba a tener presente a mi hombre y alimentar su orgullo aunque sea otro quien me estuviera dando por culo. El recluta se dio gusto metiendo y sacando su pinga, de vez en cuando miraba a Gustavo, aunque miraba su pingón negro, estaba claro que lo que quería era que se lo singaran. Se vino agarrando mis piernas con fuerza, provocándome casi dolor. Cuando sacó su pinga, Gustavo se acercó y me puso su pigón en el ojete.
_Ahora vas a recibir el de tu macho.
El recluta sé quedó asombrado de cómo aquel trozo entró tan fácil y además provocando placer, cuando estaba ya bien clavado me preguntó:
_Mi amor, ¿cómo te sientes?
_Bien, sabes que sí que solo quiero lo tuyo.
_Pero tienes el culo lleno de leche de otro.
_Pues dame la tuya, papo.
Era una conversación con un solo fin, aumentar el yo de mi hombre y mi dependencia para con él. Al recluta le ordenaba que le mamara los huevos, que me mamara la pinga o que me lamiera mi culo, en un momento el recluta no pudo más y le pidió que se lo singara también, que tenía ganas de sentir aquel trozo de pinga. Gustavo le dijo que se preparara pero que la leche me la daría a mí. Sacando su pinga de mí se la metió al recluta que empezó a gritar, el pobre chico tenía los ojos rojos y jadeaba como un perro. Casi no resistió ni diez minutos las embestidas de Gustavo cuando empezó a pedir que se la sacara, que no podía más. Yo sabía que a Gustavo aquello le deba más fuerzas.
_ ¡Maricón, no me pediste pinga! Pues coge.
            Lo estuvo torturando bastante tiempo hasta que me ordenó prepararme, con una rapidez asombrosa, ya estaba dentro de mí y viniéndose, le gustaba llenarme de leche, saber que era él quien me fecundaba. El pobre recluta estaba dolorido, pero contento. Después me preguntó que cómo yo podía, la respuesta  fue que para eso era la pareja de él, que era cuestión de acostumbrarse.
Un buen día cuando esperaba la guagua, me encontré a William, que zalamero se me acercó como era su costumbre y después del saludo, me preguntó cómo me sentía con mi nuevo amor. Al parecer alguien le había ido con el cuento, o quizá alguno de los que había compartido conmigo y con Gustavo.
_ ¿Qué tal ese culo? Espero que no lo tengas desflecado por la clase de morronga que te metes.
_ ¡Bah, ya sabes que tuve un buen maestro!
_Ese soy yo..., mi pinga y mi leche fueron lo primero que te tragaste.
Se sentía orgulloso de ello, lo de haber sido el primero siempre me lo sacaba en cara como si yo fuera capaz de olvidar aquella primera vez. Enseguida me invitó a apartarnos un poco de la parada, yo al principio me negué pero William no conocía esa palabra ni mucho menos que yo no cediera a sus deseos. Lo seguí porque era la mejor manera de que me dejara en paz y bueno, porque sabía que me daría placer. Nos metimos detrás de unos muros que estaban construyendo y él me dijo que me bajara el pantalón, se agachó y abriendo mis nalgas empezó a besar mi culo. El muy cabrón sabía cómo ponerme a punto, su lengua lubricaba mientras decía cosas, cuando se puso de pie ya estaba yo deseoso de que me poseyera, el lo sabía y por eso me lo preguntó como otras veces había hecho antes de singarme allí.
_Ya ese culo parece un chocho, así ha de ser la cantidad de leña que te han dado.
Quizá tenía razón, porque si antes me costaba algo de trabajo cuando me penetraba, en esa ocasión fue fácil, como si nada. Era el resultado de mi negro Gustavo y la actividad sexual que llevaba, muy activa, porque no iba a decir que todos los días singaba pero con mucha frecuencia y a veces había días de dos veces. Gustavo me lo había dicho que era mejor acostumbrarse a dos veces al día, que a él le gustaba así. Ni se dio cuenta William que mientras me singaba, yo cavilaba sobre Gustavo. Aunque William había sido el primero, Gustavo me tenía todo. William se vino, se quedó abrazado un rato mientras me susurraba que de todas maneras tenía buen culo. Cuando llegamos a la parada ya la guagua se había ido, por estar en la singueta me había quedado allí. William me invitó a que me fuera a casa de un socio de él que vivía cerca hasta que viniera la otra guagua, subrayó que no me arrepentiría.
La casa del socio estaba cerca y el tal socio no era más que El Mulo, así le decían a Ernestico, un tipo flaco que cierta vez trató de conquistarme, pero yo era muy miedoso y todavía no había dado el primer paso. Cuando me vio con William se quedó con la baba afuera, primero se recordó aquella vez que en la guagua se me pegó pero que yo me escabullí dejándolo con la gana. Eso después lo contó mientras ya estábamos más cómodos, se había imaginado al vernos que nosotros éramos pareja, pero William le dijo que no, que yo estaba con Gustavo. El Mulo bromeó que entonces estaba claro, se me ocurrió preguntarle el por qué, resultó que estaba claro que me gustaban grandes, que era bien tragón.
_Pues, macho, prueba tu mismo, a este yo lo enseñé a singar, y a dar bien el culo...ven, mete la mano.-le dijo haciendo que me volviera para que Ernesto metiera la mano hasta mi ojete, que claramente estaba bien mojado por la leche de William.
_ ¡Cojones!, ¿te lo has acabado de singar?
_ ¡Sí, me lo singué detrás de la parada y mira, aquí está, ¿sabes por qué?
_Porque quiere más pinga.
_ ¡Díselo tú mismo!- me incitó William a responder y viendo que me callaba.- Se hace el tímido, pero lo está pidiendo a gritos.
_ Bueno, tú y yo tenemos una cuenta pendiente, ¿no?- me atreví de decir sabiendo el resultado de aquellas palabras.
Lo que pasó después estaba claro, William al rato dijo que tenía que irse y que me dejaba en buenas manos. Fue una noche algo especial porque Ernesto, que tenía el mote de El Mulo, era porque en realidad tenía buen hierro. Lo sabía por comentarios de un amigo que había estado con él. Quedándonos solos, se me echó encima comiéndome a besos, sabía besar y acariciar bien, me hizo arrodillarme allí mismo junto a la puerta que acaba de cerrar para que le comiera la pingota que tenía. Era cierto, tenía bien puesto el nombre de El Mulo, aunque mi Gustavo se manda bien, sería porque como la del negro no había otra. Le dije que me dejara ir al baño, pero me quitó la ropa diciéndome que quería darme el primer pingaso allí mismo, que aguantara un poco, que aprovecharía que William me había dejado dilatado y húmedo.
Me dejé singar allí en la sala, un blanco con una pinga así era raro y él lo era, estaba muy cachondo, me decía que poca gente se atrevía a darle el culo, que ni las más locas se atrevían, que yo era un verdadero hombre que aguantaba su pinga y mil cosas por el estilo. Al rato nos fuimos a la cama donde me ponía de mil posiciones siempre dándome caña y haciendo mil comentarios. Se vino gimiendo como un bebé, estaba feliz cuando dejó caer a mi lado. Después se empeño en que me viniera y cogiendo un frasco de crema empezó a meterme los dedos, mientras me decía que gozara. Yo trataba de hacer lo que me decía, mientras sentía como sus dedos entraban, como iba metiendo más y más, yo volaba, gemía, hasta que alargándose me besó diciéndome que quería meterme el puño. Muy a pesar de lo caliente que está con él, entregado a sus caricias y toqueteo, le dije que no.
_Me da miedo.
_ ¡Oye, yo soy médico y sé cómo se dilata un buen culo, ya lo tienes a medio camino!..., anda, chico, déjame...te va a encantar. Sé que lo vas a gozar porque se te ve en la cara.
Muy a pesar de su insistencia, me negué, no sé, era la primera vez que escuchaba algo semejante. Había visto fotos en revistas, pero a experimentarlo yo, no estaba preparado para ello. Ernesto no se enfadó, me hizo acostarme abriendo mis nalgas y empezó a darme lengua, la metía y la sacaba. Pronto logró que me olvidara de aquella propuesta, estuvo así hasta que exploté llenándome el pecho de leche que Ernesto recogió y me la dio en un beso.
_ ¡Qué rico te he dejado el culo! Lo tienes como una rosa abierta.-me dijo mientras me besaba, me acariciaba._ y eso que no me dejaste que te metiera el puño..., pero te metí cuatro dedos....estás a medio andar.
Yo temía por aquello que me había dicho, él me calmó que al rato ya volvería todo a su estado normal, que solo había sido una dilatación y que no me preocupara porque siendo médico, él sabía lo que se podía hacer. Que mejor era empezar por la dilatación y después singar, que no me preocupara que en otra ocasión la pasaría mejor. Al parecer estaba seguro que habría más veces, me dijo que conocía a Chucho y que le gustaba mucho practicar lo de la mano. Eso me chocó algo porque resultaba que no conocía del todo a Gustavo.
 
Capítulo seis
Ese mundo habanero
(Ramiro)
En una de mis paseos por la capital pasando por el Parque Central, alguien me llamó, era Ramiro, aquel mulato grande del cumpleaños y donde yo fui el regalo que José le llevó.
_ ¡Cuánto sin verte! Levantaste la pata y nadie te ha visto más.
Me dijo sonriente. Claro que era cierto, después de aquella noche me perdí como acostumbraba cuando alguien me trataba así como lo había hecho José, pero Ramiro no tenía la culpa de nada. Me preguntó que si estaba apurado, le dije que no y nos fuimos caminando hacia Prado. Me contó que José había preguntado por mí y yo, pues le contesté que él sabía cómo localizarme, que eso de preguntar era un cuento. Por supuesto que no ponía en duda lo que Ramiro me decía, sólo le quería aclarar cuál era la verdadera posición de cada uno. Ramiro comprendió y no volvió a mentarlo más, aunque sí ironizó.
_ ¡Bueno, yo estoy contento de haber encontrado mi regalo!¡Es que lo había perdido!
Nos fuimos a una casa donde había una fiesta, cuando entramos después de saludar y de presentarme a algunos, me aclaró que había muchos extranjeros allí, que todo con preservativo porque con esos no se sabía nada seguro. Bebimos y charlamos un rato, el dueño de la casa vino a nosotros.
_ ¿Qué bolá? Está esto bueno hoy.
_Veo que tienes el garito lleno.- dijo Ramiro.- ¡Mira, te traigo algo bueno!
Me miró el dueño de la casa que ni me acuerdo cómo se llamaba.
_Lo importante es que sea buena maricón, ya ves, los bugarrones los tenemos, por ahora hay dos pasivos con este.
Se disculpó porque alguien lo llamaba, yo le pedí explicaciones a Ramiro.
_ ¡Oye!¿qué coño pasa?
_ Mira, aquí se reúnen los turistas, pagan fulas y singan...yo estoy en la lista de los activos, me quiero ganar algunos fulas. Tú puedes ganar algo también, después nos vamos juntos.
_Pero..., pero....
_A ver, esto no es obligado, vienes y aceptas, si aceptas pues aquí tendrás un sitio pa que te den pinga y ganes algo. Eso sí, me lo dices porque no quiero quedar mal con Papito, el dueño de esto. A veces tienes suerte y singas y el turista se queda toda  la noche contigo, hay días que me singo a tres o dos, depende porque esto tiene sus mañas. Te he visto cómo aguantas en la singueta y como lo gozas, eres una mina de oro, así que mejor dime que sí.
Me proponía que me prostituyera, estaba claro, había habitaciones para los que quisieran irse a singar. Me quedé porque de todas maneras ya había llegado hasta allí. Papito pasó por la sala hablando con los cubanos que había poniendo lacitos rosa a los pasivos y azul a los activos. A mí me llevó hasta el fondo para mostrarme un dormitorio, donde había una cama, una mesita de noche con preservativos, lidocaína y otras cremas, una lata con agua para si tenía que hacer algo a modo de baño, después me mostró la ducha, había varias pero era para todos.
_Mira, sé que eres nuevo en esto, ahora todos en la sala y sí alguien se decide por ti, pues ya sabes adonde tienes que ir. Yo estaré en la puerta y después hacemos cuentas. ¿Está claro?
Yo estaba como adormecido con aquello, en fin, que volví a la sala. Ramiro manoseaba a un turista más viejo que él, alguien me tocó por el hombro.
_Mi llamo Roger.
Vaya un yanqui, pero al menos estaba bien, mayor eso sí, tendría sus cincuenta y tanto, con su pelo blanco y el bigote igual. Hablamos algo y me dijo al oído que quería singar con ese acento americano que daba risa. Nos fuimos, al pasar Papito me deseo suerte y acentuó que era el primero en ligar.
Roger se abalanzó sobre mí besándome mientras nos desnudábamos, cuando caí de rodillas para mamar la pinga vi el tronco que tenía y la circuncisión hecha. Nunca había tenido a nadie así. A Roger le preocupó por qué me había quedado así mirando.

_ ¿Te gustar?
Mi respuesta fue acercar mis labios y besar el glande descubierto, para después tragarme la pinga del yanqui. Roger gritaba cosas en inglés, muchas y decía "oh, yes, oh yes". Al rato me tiró sobre la cama y se puso un condón, yo me puse lidocaína para evitar dolor y abrí mis piernas. Qué manera de singar el muy cabrón, era como una máquina, la metía y sacaba a una velocidad increíble, parecía que lo gozaba aunque era distinto al singar de los cubanos que parecían disfrutar mejor. Después cambiamos de posición y me senté encima, no duró mucho porque se vino enseguida entre gritos y revolcones. Cayó a mi lado sudando, me besó.
_Mi ha gustado mucho.
Al rato nos vestimos, él salió primero y yo arreglé el cuarto. Al salir Papito me dijo.
_Eres un bestia, que a ese yanqui cuesta hacerlo venir.
Ramiro no estaba, por lo que me senté con Roger a beber algo. Al rato se me acercó un turista bajo y calvo que se dirigió a Roger en inglés y después a mí en español para invitarme. Como una puta me levanté y me fui con él, era español y me costó trabajo porque lo único que quería era que se la chupara. Nada de sexo, solo chupar la pinga que bueno, nada del otro mundo. Duró aquel martirio más de lo que esperaba pero por suerte se vino el muy cabrón, se levantó y se largó. No tuve que salir del cuarto porque ya Papito traía a otro.
_Mira, esté quiere fiesta contigo...-antes de largarse me dijo al oído, Roger está esperando.
A mí pregunta de dónde era recibí un Germany tajante, y con gestos para que me tirara en la cama con las nalgas abiertas. Rompió el primer condón que quiso ponerse, por lo que el segundo se lo puse y volvía la posición que él quería. Me singo duro, no como Roger rápido pero con dureza, me daba nalgadas y bufaba sobre mi espalda. Por suerte tenía buen rabo y lo usaba bien. Cuando se vino me hizo que le quitara el condón y que le mamará la pinga, me sorprendió que siguiera tan dura como si nada después de haber soltado tanta leche. Al rato me puso delante de las narices el condón, comprendí, se lo puse y volví a acostarme. Él sobre mí me estuvo singando no sé qué tiempo, habla en su lengua, me besuqueaba la nuca hasta que se vino. Respiré con alivio cuando vi que ya no tenía la pinga parada, eso significaba que se iría.
Roger entró casi cuando se abrió la puerta. Yo seguía en la cama tendido, desnudo, los condones por el suelo. Roger se desnudó y se acostó a  mi lado, al rato me hizo volverme, abrir las piernas y empezó a hacer algo que no esperaba: a mamar mi culo recién singado, claro que al comprobar que tenía crema, se levantó y humedeciendo la toalla me lavó y regresó para dar lengua en mi culo. A Roger le gustaba, lo tenía claro porque los anteriores habían singado y ya, a lo macho, sin mucho miramiento.
_Roger...
_Sí, dime.
_Fuck me, please.- le dije
El me complació, esta vez no fue como la anterior, sino más pasional, más despacio. Parecía que quería demostrarme que la primera vez había sido un impulso, una rabia contenida. Al rato me hizo sentarme sobre él, nos abrazamos y me besó metiendo su lengua en mi boca. Singaba rico el yanqui. Se vino pero seguimos jugando los dos, no se vino por tercera  vez pero seguimos singando. Cuando se fue me dio la dirección de su hotel para que fuera a verle, me regaló cien fulas diciendo que no le dijera a nadie, me besó y se fue. Cuando salí pues le dije a Papito que ya no podía más, que me iba, quiso convencerme pero le dije que no podía más, me dijo:
_Mira ya tienes cincuenta fulas, si te singas a uno más, te doy otros cincuenta y quedamos en paz.
Le dije que no, me dio el dinero de mala gana, cincuenta, pero que hideputa, seguro que se había metido tremenda cantidad y a mí me daba aquello. Le pregunté por Ramiro y me dijo que estaba adentro. Salí a la calle, el fresco de la madrugada me reanimó, me fui al malecón, pensaba que no estaba mal la cosa. Había singado, había salido con 150 fulas y había conocido a Roger, pero la idea de regresar a aquel sitio no me apetecía mucho.
En la calle me dirigí al malecón pues todavía era de madrugada, no habría ningún transporte hasta el amanecer. Como de costumbre en el malecón había gente, es el sitio de la capital más concurrido sobre todo por la noche, como si la ciudad no durmiera nunca. Al rato se pareció Ramiro, venía sonriente.
_ ¡Oye, niño, qué dejaste aquello encendido!
_ ¿Pero qué se pensaba ese que iba a estar allí toda la noche poniendo el culo? ¡Oye, que no es de goma!
Ramiro rió como él sabe hacer, me tiró el brazo por el hombro y me dijo, al oído.
_ Lo sé, papito, lo sé...para mí es duro porque si me vengo pues ya, tengo que esperar para que se me pare de nuevo, por suerte mi tranca siempre está dura, LPV...bueno, y lo tuyo, pues nada, tú te abres y ya, puedes meterte todo lo que venga... pero sé que eso cansa.
_ ¡Coño un alemán me singó como una bestia!
_Pero con el americano te pusiste las botas ¿no?
Ya Ramiro estaba al tanto del americano y de que repitió conmigo. Le conté y me dijo, que se lo habían dicho, que pocas veces el americano repite con alguien, que va y singa pero con diferentes, pero conmigo pues pidió que fueras de él, por eso se encabronó el dueño de la casa cuando yo me había ido. Era de risa aquello, pero Ramiro me dijo, de todas maneras si quieres singar y ganarte algo, puedes ir a su casa, que siempre serás bien recibido. Eso fue el recado que le mandó el dueño. Al rato de estar allí sentados, Ramiro me dijo que ya iba siendo hora de ir a dormir, que si quería me fuera con él a su casa. Nos fuimos, él cogió un carro que le cobró veinte pesos y en casi nada estábamos en su casa. Nos desnudamos y nos metimos en la cama. Ramiro tenía su pingón amorcillado, gordote, se lo acaricié y me dijo que cuando nos levantáramos singaríamos. Yo le dije que claro que yo tampoco podía más porque tenía el culo ardiendo, se levanto y trajo una crema y me untó con cariño.
_Nene, tienes que aprender a tener cremas para cuidarte....- me besó el culo.- cojones lo tienes como un chocho de abierto.
Nos despertamos como a las once de la mañana y por el ruido de un radio que tenía una música a todo volumen. Ramiro me dio un beso y me dijo:
_Quiero que te sientes en mi pinga, despacio, y la goces como tú sabes hacer...
El muy cabrón la tenía bien dura ya, yo lo obedecí, dejando deslizar su pinga en mi interior con facilidad pues antes de acostarnos me había untado mucha crema. Cuando estaba ya sentado y con su pinga bien adentro, me incliné para besarlo. Me gustaba aquel mulato claro y sobre todo aquel bigote que tenía.
_ Papi, sé que te sientes bien así...
Fue lo que me dijo antes de empezar a moverse dándome placer y recibiendo él. Nos hundimos en un forcejeo tremendo, cambiando de posiciones pero siempre sin sacar su pinga de mi culo caliente como él no se cansaba de repetir. Me hizo levantarme y me llevó ante el espejo para que nos viéramos, después a una silla, de nuevo a la cama. Me sentí feliz cuando me dijo que nos viéramos juntos y así lo hicimos para fundirnos en un abrazo fuerte al final, agotados pero contentos.
_Me gustaría que fueras mi gente....- me propuso de pronto.
Yo guardé silencio, lo besé.
_ Tú sabes que yo tengo mi compromiso en donde yo vivo..., no sé...
_Pues nada, vienes a vivir conmigo y ya....
Estuvimos hablando, quería de todas maneras que fuera su gente, sin mirar lo que había pasado hasta ese momento. Le dije que tenía que hablarlo porque mi gente no se merecía que lo dejará así como así, que él me gustaba, que me sentía bien con él, pero que así de pronto no podía decirle nada. En eso tocaron a la puerta, él se levantó y preguntó quién era, abrió la puerta y dejó entrar a Julián, el negro que había conocido cuando me había quedado con ellos a dormir en el cumpleaños de Ramiro.
_ ¡Vaya, vaya, pero que bien acompañado estás!
Julián se sentó en una silla mientras nosotros seguimos en la cama, Ramiro abrazado a mí. Julián había venido porque tenía que vender carne y le preguntaba si él, Ramiro, quería y si no, pues tendría que venderla en otro sitio. Hablaron de negocio un rato, Ramiro le compró parte de la carne así que la otra se la propuso a no sé quien por teléfono.

_ ¡Oye, negro que se te ha parado la pinga! ¿En qué piensas? - le dijo Ramiro en tono de broma al ver el paquete que se le marcaba a Julián.
_ ¡Asere, que no soy de piedra y además ya sabes que recuerdo bien cuando nos singamos a ese blanquito!
_ Pues no sé, habrá que preguntarle a él.- dijo Ramiro refiriéndose a mí.
_¡Yo hago lo que tú quieras!- le dije.
Ramiro le hizo una seña a Julián para que se acercara y desnudara, a mí me puso bocabajo y le dijo.
_Negro, trátalo bien que está recién singado.
Julián se acomodó entre mis piernas, mientras Ramiro me miraba a los ojos, decía que quería verme la cara mientras me singaba en negro. Julián metió su pinga sin trabajo aunque me hizo sentirla, Ramiro me besaba y me decía "aguanta, papi, aguanta". Julián estuvo encima de mí dando pinga, hasta que se vino y cayó sudado sobre mi espalda. Ramiro me llevó mi mano a su pinga que estaba bien dura, me imaginé que pasaría, Julián dio paso a Ramiro que me volvió a singar, esta vez muy despacio, incluso Julián se vistió y se fue mientras nosotros seguíamos allí amándonos como dos locos. Ramiro no se vino, al rato caímos ambos agotados y nos volvimos a dormir.
Ya por la tarde nos despertamos, comimos algo y salimos a la calle había que pagarle a Julián lo de la carne que traería por la noche. Yo le conté lo de Roger y que me había dado la dirección.
_Pues no hay que perder tiempo, vas a ver al yanqui ese y si él quiere, yo me les uno.
Me dijo que fuera, que eso no se pensaba y que no le daba celos. Eso sí que lo llamara si no iba a venir por la noche. De la casa llamamos a Roger al hotel, quedé con él en la esquina del hotel Sevilla donde estaba. Cuando llegué allí estaba, limpio y oliente a perfume bueno, me abrazo y besó. Nos fuimos a comer algo a un restaurante, mientras me contaba mil cosas y sobre todo lo que le había gustado estar conmigo. Estaba deseoso de volver a tenerme, de poder hacer el amor conmigo pero en un sitio bueno. Resultó que ya había hablado con el guardia del hotel, éste me llevó a  la habitación de Roger y me dijo que por la mañana me vendría a buscar. Roger le pagó y quedamos solos en la habitación del hotel, llamé a Ramiro para decirle que me quedaba y éste me recordó que le propusiera un trío, pero le dije que ya se lo había dicho, que para mañana.
Roger sirvió unos tragos y me abrazó con dulzura.
_ I like you...yo querer a ti.- me dijo con ese acento inconfundible de americano.
Yo lo besé y le acaricié la pinga que se quería salir del pantalón.
_You like my cock? Dear...
No tuve que decirle que sí, que me gustaba él aunque me gustaba Ramiro y Gustavo y William..., era algo que no era un problema. Roger me besó por todas partes, por todo el cuerpo, nos metimos en la ducha, nos duchamos, yo empecé a comerle su pinga allí mismo, él decía cosas en inglés y salimos para la cama. Abrió la gaveta de la mesita de noche y sacó los preservativos y el lubricante.
_ Sorry, my dear, but I want to fuck you...quero singar ahora.
Era comprensible y yo lo deseaba, mientras le ponía yo el condón, él me untaba lubricante con sus dedos. Era la primera vez que singaba usando lubricante y de verdad que resultó bien, porque cuando me penetró no sentí ningún dolor sino placer y goce. No era el Roger que había conocido en aquella casa, era muy suave, muy amante, aunque su pinga seguía siendo tan viril y dura como la primera vez.
_Gustar my cock?
_ Yes, yes....sí, Roger, sí...
Y sellaba mi boca con sus besos. Me hizo acostarme bocarriba, me penetró y me llevó las piernas al ras de la cama, como su pinga era gorda y grande pues seguía dentro y estábamos frente a frente, él sobre mí y yo debajo. Nunca había probado esa pose ni nadie me la había hecho, era mejor, porque nos mirábamos, nos besábamos y me singaba pasando por entre las piernas. Yo me vine pronto con el roce del torso velludo de Roger, él se apuró en terminar aunque si hubiera seguido, me habría dado lo mismo. Se levantó, tiró el condón y fue al escaparate y vino con una maleta, sacó un consolador de plástico de color negro, de forma rara, no muy grande y abultada en el centro y delgada al final. Me lo puso, me hizo sofocar cuando pasó la parte gruesa pero después quedó cómodo. Después supe que era un plug o tapón, que se usaba para mantener abierto el culo en los juegos. Me mostró la maleta que tenía llena de consoladores y cosas. Nos levantamos, me puse un short que él me dio y salimos al balcón.
Me sentía algo raro con aquel tapón en el culo, pero era cuestión de acostumbrarse. Roger me contó de sí, que estaba casado en San Francisco pero que venía a Cuba porque le gustaba como singaban los cubanos, que le gustaría tener a alguien así allá, que eso sería lo mejor.
_ A ti gusta mucho el sexo, la pinga y dar culo....- Me dijo sonriente.- y a mí me gusta mucho tu culo y singar a ti.
Al rato volvimos, me dijo que le mamara la pinga de nuevo para que se le parara. Él encendió un puro y se puso a fumar mientras yo jugueteaba con su pinga que no se dio a rogar mucho, en poco tiempo estaba tan dura como al principio. Fui a la mesita de noche y cogí un condón negro y se lo puse, le unté lubricante y Roger me sacó el tapón para meterme su pinga de nuevo. Singamos de pie, frente a la cómoda, yo apoyado a la cómoda viendo como Roger me singaba y fumaba. Terminamos en la cama y se vino. Después nos pusimos a hablar, yo le acariciaba su sexo que era bonito.
_Yo te singar más...pero ya no poder...
Me dijo, pero se levantó y sacó un consolador grande, era más gordo y grande, me dijo que me relajara y empezó a meter ya  sacar aquel trozo de goma, me hizo gemir, casi gritar y a él le gustaba verme así. Me vine al rato y entonces Roger trajo un espejo para que viera cómo estaba yo con aquel trozo dentro. De vedad que impresionaba y me gustaba. Al final nos acostamos a hablar, le dije lo de Ramiro y me dijo que lo llamara, que viniera.
Ramiro estaba allí en la puerta a la hora, Roger se acordó de él y fue entonces mejor la bienvenida. Le conté que ya habíamos singado pero que Roger quería seguir en la fiesta, le conté lo de los juguetes. Roger le enseñó los consoladores y Ramiro en un gesto de macho cubano se sacó su pinga poniéndola en las manos de Roger que se arrodilló y empezó a mamar como un ternero.
_¡Tú empieza a trabajarle el culo!- me ordenó Ramiro.
Yo empecé a pasar mi lengua por el culo del americano que empezó a gemir y gritar que quería pinga. Le puse el condón a Ramiro con trabajo y lo dejé para que se singara a Roger que disfrutaba como el que más cuando sintió el trozo de pinga del mulato. Al rato Roger estaba con la pinga tiesa de nuevo, me dijo que le pusiera el condón y me metiera debajo de él para singarme, así lo hice y empezamos a singar los tres. Roger se llevaba lo mejor porque estando en el centro sentía por todos los lados. Cuando Roger se vino dijo que no podía más, Ramiro se quitó el preservativo y me metió la pinga. Roger quedó asombrado de que singáramos sin condón, pero pronto se nos unió lamiendo mi culo y la pinga de Ramiro. Cuando Ramiro se vino y la sacó, Roger se quedó mirando cómo salía la leche de mi culo, decía que era bello, que era lo mejor. Ramiro empezó a mamarme el culo y después me dio su leche en un beso. Roger estaba en el cielo con aquello y no hacía más que decir que desde hacía mucho tiempo no veía algo así.
La noche pasó entre juegos y sexo, por la mañana vino el guardia a buscarnos para sacarnos. Cuando bajábamos en el elevador le dijo a Ramiro.
_ ¡Oye, porque no le dices que me dé una mamadita rápida! Es que estoy con tremendo queso...
Ramiro lo miró, le dijo que eso costaba, qué cuanto le daba, le dijo que cinco fulas y allí en el elevador me tuve que arrodillar y mamar la pinga al guardia, mientras Ramiro me miraba y acariciaba la cabeza. Por suerte el tipo no aguantó mucho y se vino en mi boca llenando mi boca de semen. Salimos a la calle, Ramiro me dio los cinco verdes diciendo que eran míos, durante todo el camino yo iba con el sabor a leche en la boca. Llegamos a su casa para acostarnos, Roger nos había dado doscientos verdes, mucho, cien para cada uno.

 
Capítulo siete
Las fantasías de William.
Regresando al pueblo bajando de la guagua, me encontré con William que como de costumbre andaba de cacería en el parque.
_ ¿Qué bolá ese culazo? - Fue su saludo, William siempre andaba con las ganas de singar.
Nos sentamos un rato a hablar, le conté un poco de las travesuras en la capital con Ramiro y con Roger. Sonrió dándome unas palmadas por el hombro como aprobando aquella tormenta, lo que más le gustó fue que Ramiro me había hecho mamarle la pinga al guarda del hotel.
_ ¡Cojones, estoy orgulloso de lo que haces! Eres el mejor mariconazo que he tenido._ Me dijo eso mientras se manoseaba el pingón, era otra de las cosas de él, el constante manoseo de su pinga. _ ¡Mira, tengo un cuadro apalabrado! ¡Vamos tú y yo!
 Le dije que me diera un tiempo para llegar a la casa y que regresaría dentro de una hora. Por raro que pareciera me dijo que sí, que dentro de una hora no veíamos allí y que me preparara bien porque la singueta iba a ser buena como a mí me gustaba. Él sabía amenizar todo y por el mismo camino. A la hora y media estaba yo en el parque, William al parecer había ido a su casa porque se había cambiado de ropa. Cogimos rumbo a la salida del pueblo y antes de llegar a los palomares, así le decían a las casas prefabricadas porque eran feas y de verdad que parecían palomares. Tocó en la puerta de una casa, de esas antiguas con puerta enorme, y al rato la abrió Roly o Rolando, un bujarrón conocido en el pueblo que ya pasaba de los cincuenta y pico pero que se conservaba bien, excepto el pelo que se lo pintaba de negro y eso sí le quedaba fatal. Nunca había tenido nada con él, aunque sí habíamos intercambiado alguna que otra vez miradas lascivas pero nunca habíamos llegado a nada y al parecer había llegado el momento, eso fue lo que dijo cuando entramos y William nos presentó.
_¡Pues llegó el momento de que yo te dé la entrada de pinga que te debo!- me dijo Rolando.
_¡Coño, mariconazo, que todo el mundo quiere darte pinga!.- sonrió William mientras me daba una nalgada.
La casa de Rolando era grande y vivía solo, ya habían llegado dos que estaban en la cocina sentados con sus tragos de ron y fumando, El Nene y Héctor, a los dos ya los conocía de cuando estudiaba pero no sabía que estuvieran en el bando nuestro. Pasamos al último cuarto que era donde iba a ser la fiesta o mejor dicho la singueta. El centro lo ocupaba un potro de madera con la cubierta como acolchonada, había sillas, y mil cosas más. Empezamos a quitarnos la ropa, Rolando y William ya estaban con las pingas bien duras, la mía crecía igual. El Nene se nos unió desnudándose también. Rolando y William me llevaron hasta le potro haciendo que me acostara sobre él, las piernas quedaban en el suelo, empezaron a inmovilizarme atándome los brazos y las piernas. Me sentía algo raro desnudo, con las piernas abiertas y el  culo al aire, me imaginaba que iba a pasar. William trajo a Héctor frente a mi cara para que yo le chupara la pinga, larga y cabezona no tenía otra opción que abrir la boca y dejar que me singara. Lo hacía sin compasión muy a pesar de las arqueadas que hacía yo la saliva que me corría por el mentón. En eso sentí que alguien lamía mi culo, lo masajeaba con los dedos, con la lengua, al rato escuché a Rolando que decía que mi culo parecía un chocho. Me lubricó con saliva y empezó a meter su pinga, el muy hijo de puta tenía buena tranca y se abría paso en mi culo sin compasión hasta los cojones. Protesté porque me dolía, me sentía que iba a reventar, por suerte sacó su pinga y untó algo, mientras me decía "maricón, ahora si va a resbalar bien y vas a tener lo tuyo". Así mismo fue, sentí alivio cuando entró suave, como si se deslizara. Me singaba como si fuera una máquina y yo gozando, con la boca llena hasta la garganta de la pinga de Héctor, supuse que William y el Nene estarían enroscados en algún sitio, pero yo no los veía.
_ ¡A ver, déjame, que quiero echarle el lechazo!
Era la voz de William que le pedía a Rolando que lo dejara penetrarme, el cambio fue rápido, y William me singó hasta que se vino. Al sacar su rabo para darle paso a Rolando, me dio una nalgada mientras me decía que  ya tenía su leche dentro. Rolando no acababa, daba caña a todo, a fondo. Héctor, el muy cabrón, se vino en mi garganta agarrando con fuerza mi cabeza para que no me liberara, tuve que tragarme toda su leche, cuando sacó su pinga de mi boca y quise escupir el semen, pero me fue imposible.
Al fin escuché los ronquidos de Rolando que se venía, tras sus convulsiones y la manera con que se agarraba de mi cintura. Después estuvieron singándome El Nene y Héctor, lo supe porque hablaban y me decían cosas. Rolando se plantó delante de mí diciéndome que mirara cómo le había dejado la pinga. La tenía morcillona, oscura, y brillante del lubricante. A mí me corría el semen por las piernas, por suerte se vivieron los dos y me liberaron de esa posición. Casi que me costó trabajo erguirme, William me besó diciendo que me había portado bien, como lo que era. Estuvimos un rato bebiendo y charlando, cuando Rolando dijo que le tocaba a él, fue y se encorvó en el potro para que lo amarraran y pidió que le dieran caña por turno, pero que yo tenía que estar enfrente de él, al parecer William sabía qué hacer, trajo una silla y me indicó como ponerme. En fin, Rolando quería que  se lo singaran mientras me mamaba el culo. Aquello me dio ánimos de nuevo, se me paró viendo cómo se singaban a aquel macho que me comía mi culo y decía groserías.
Cuando terminaron los tres me dejaron ver el culo rojo y abotonado de Rolando, William me dijo que me lo singara, aunque Rolando empezó a gritar que no, que no se dejaría singar por mí, pero no le hicimos caso y me lo singué, despacio y rápido, dándole nalgadas, escupiéndole, finalmente entro en el goce y pedía más. Me vine, me fui a limpiar al baño y allí se apareció Rolando que dándome una galletada por la cara, me hizo volverme y me metió la pinga. No hubo forcejeo porque todo estaba bien y ambos queríamos. De ahí, al rato salimos a la cama sin que se saliera de mí, nos tumbamos, esta vez fue más cariñoso. Al rato William dijo que se iba, también se fueron los otros dos y nos quedamos allí abrazados, unidos, él dentro de mí.
_Me gustas, maricón, de verdad que me gustas.
Me repetía Rolando al oído, como murmurando mientras con suavidad se movía metiendo su pinga. Me abrazaba con fuerza, parecía a veces temblar, otras se quedaba quieto sin siquiera respirar.
_ ¡Cojones, bien me lo decía William, eres un tremendo mariconazo...! Se ve que te enseñó bien.
Bueno, quizá William me enseñó algo, quizá me ayudo a aceptarme tal y como era, pero mucho dependía de qué era lo que me gustaba y eso, antes de caer en manos de William ya lo sabía. Comenzaba así una relación con Rolando en la que él seguía teniendo esa buena parte aunque a veces me pedía que me lo singara. A la semana me dijo que haría una fiesta y que yo sería el culo para todos. Por mucho que le pregunté a quienes pensaba invitar, me dijo que no sabía que eso dependía a última hora de cada cual. Cuando llegó el sábado fui a la hora acordada con Rolando, antes, porque los demás vendrían a las nueve. Estuve ayudando con las bebidas y cosas de picar. Ya cerca de las ocho menos veinte Rolando me dijo que me preparara, fui al baño, me puse un lavado, me limpié y salí desnudo directo al potro. Allí Rolando me coloco en el potro y me untó lidocaína para que tuviera bien engrasado el culo. Cuando estaba dándome masaje con el dedo, tocaron a la puerta. Mientras Rolando iba a abrir, me quedé solo allí, en aquella posición sintiendo el frescor de mi ano lleno de crema que se enfriaba y a la par que me hacía sentir el ligero ardor de la anestesia. Escuche pasos que se acercaban y voces, pero como estaba atado y con la cabeza contra la pared, no podía ver nada. Sentí que alguien toco con la mano mi culo, pero nada más hizo. Las voces se confundían, la música estaba alta. Escuchaba risas, la habitación llena de gente, Rolando me había puesto de una manera que me era imposible alzar la cabeza o volverla para ver, delante de mí la pared.
Sentí que alguien ponía su pinga en mi agujero y empezaba a abrirse paso, sentía como mis pliegues se dilataban, como mi culo se iba llenando de algo bien duro y grande porque me penetraba bien lento. Cuando sentí su pelvis y huevos en mis nalgas, sentí alivio porque había entrado. No sabía quién era, pero el tronco era a tener en cuenta. Así empezó aquella fiesta de sexo, ese supuesto desconocido me singó por mucho tiempo o quizá no fue mucho, pero me parecía que fue bastante tiempo. Alguien me puso delante su pinga y acto seguido abriendo mi boca con una de sus manos me hizo tragarla toda, otro se le unió, obligándome a tragar y chupar ambas por turno, ellos se besaban porque ese sonido si me llegaba. Otro ya había ocupado el lugar de quien me singó primero, lo hacía con fuerza, yo sentía placer pero como la anestesia hacía de lo suyo, podía aguantar, lo malo era que también anestesiaba la pinga y se demoraban más en venirse. Había perdido ya la cuenta porque cada vez que alguien sacaba su pinga otra ocupaba el lugar dejado, sentía que el semen me corría por los muslos. De los que pasaron por mi boca uno se vino en mi cara, alguno de los que me había singando me dio de mamar porque sentí el sabor de la crema anestésica y de semen. Otro más se vino en mi garganta, el muy listo me empujó la cabeza para impedir que expulsara su pinga.
Rolando me liberó diciendo que me había portado bien, me sentí aliviado aunque raro al incorporarme, con las piernas húmedas de semen. Olía a leche. Allí estaban William y Lázaro, el guajiro, después vi que estaba Gustavo, aquel trozo de negro que tuve como pareja un tiempo, vino y me besó, me dijo que ya echaba de menos mi culo. También vi en la otra habitación al Mandarria y a el Mulo, del baño salió Hugo, el policía y hermano de Lázaro. Me miró con cara seria, vino y me dio un beso.
_Tú sabes que me gustas mucho..., pero ya veo que eres muy puta para estar de pareja conmigo.
Lázaro se lo llevó para calmarlo. Rolando me sonreía, después me dijo que había sido idea de William reunir a todos mis maridos y singantes. Después nos fuimos a la sala, yo al baño a limpiarme. Ya cuando estaba en la ducha, entró Gustavo.
_ ¿Quieres que te enjabone?
_ Sí.
Le dije, entró y cerró, me dijo que ya Rolando había ocupado mi sitio en el potro y que pedía pinga como el mejor. Me comenzó a enjabonar, a acariciarme mientras me decía que seguía queriéndome, que todos cometíamos errores, que volviera con él. Sentía su sexo enrome en mis nalgas mientras me lavaba la espalda.
_ ¿Quieres...? .- Me dijo poniendo la cabeza de su pinga entre mis nalgas. Le dije que sí y con todo el cuidado me la metió con suavidad.- ¡Si te duele me lo dices!
No me dolió, me sentía también que era imposible que cupiera el dolor en aquel momento. Alguien quiso entrar, era Lázaro que quería mear, Gustavo le abrió la puerta, meo y salió dejándonos singar. Fue todo un sexo pasional el que tuvimos en la ducha. Cuando salimos, todavía Rolando estaba allí en el potro recibiendo caña, Hugo se había ido, ese era otro que no podía soportar que yo no estuviera con él. La fiesta duro bastante, Lázaro después ocupó el potro, no sabía que le gustara, pero lo vi disfrutar la pinga del Mulo como el mejor. Gustavo y yo nos acostamos en un catre que había en uno de los cuartos, abrazados, él comiéndome a besos y caricias, repitiendo mil veces por qué lo había dejado. A media noche Rolando se nos paró delante invitándonos a la cama. Nos fuimos con él a la cama, en principio nos acostamos para dormir abrazados, tranquilos aunque en realidad eso era casi imposible primero por Gustavo a quien nunca se le caía la pinga. Rolando empezó a juguetear con el morrongón del negro, la tentación era mucha.
_ ¡Coño, macho", ¿cómo te puedes meter este trozo de pinga?- me preguntaba Rolando que intentaba tragarse aquel pingón.
Rolando terminó pidiendo a Gustavo que se lo singara, estaba como medio borracho, pero se puso bocabajo en la cama abriendo las nalgas. Pero agregó que quería que le ataran las manos, a Gustavo le gustó la idea, encontró una soga, le amarró las manos a la espalda y cogiendo el calzoncillo lo hizo una bola y se lo metió en la boca a modo de tapón.
_Esto es para que no grite al principio.- explicó Gustavo.
Yo me puse delante para verle la cara, me gustaba el muy cabrón porque tenía cara de macho  y un bigote que lo hacía más lindo. Cuando Gustavo le clavó la pinga vi que se le desorbitaban los ojos, empezó a tratar de moverse, de zafarse, de gritar pero nada podía hacer. Se escuchaba un sonido sordo de su voz que era ahogada por el calzoncillo. Las venas del cuello se le querían salir y los ojos casi aguados, casi no creía que fuera tan serio, pero al parecer le costaba trabajo meterse aquel pingón. Claro que Gustavo le puso crema pero el muy cabrón le metió todo de un golpe, claro que el efecto era ese, a cualquiera hubiera hecho jadear o gritar. Al rato fue cuando Gustavo empezó a singar de verdad, metiendo y sacando, fue cuando me dijo que le podía quitar el calzoncillo de la boca.
Nos fuimos con él a la cama, en principio nos acostamos para dormir abrazados, tranquilos aunque en realidad eso era casi imposible primero por Gustavo a quien nunca se le caía la pinga. Rolando empezó a juguetear con el morrongón del negro, la tentación era mucha.
_ ¡Coño, macho", ¿cómo te puedes meter este trozo de pinga?- me preguntaba Rolando que intentaba tragarse aquel pingón.
Rolando terminó pidiendo a Gustavo que se lo singara, estaba como medio borracho, pero se puso bocabajo en la cama abriendo las nalgas. Pero agregó que quería que le ataran las manos, a Gustavo le gustó la idea, encontró una soga, le amarró las manos a la espalda y cogiendo el calzoncillo lo hizo una bola y se lo metió en la boca a modo de tapón.
_Esto es para que no grite al principio.- explicó Gustavo.
Yo me puse delante para verle la cara, me gustaba el muy cabrón porque tenía cara de macho  y un bigote que lo hacía más lindo. Cuando Gustavo le clavó la pinga vi que se le desorbitaban los ojos, empezó a tratar de moverse, de zafarse, de gritar pero nada podía hacer. Se escuchaba un sonido sordo de su voz que era ahogada por el calzoncillo. Las venas del cuello se le querían salir y los ojos casi aguados, casi no creía que fuera tan serio, pero al parecer le costaba trabajo meterse aquel pingón. Claro que Gustavo le puso crema pero el muy cabrón le metió todo de un golpe, claro que el efecto era ese, a cualquiera hubiera hecho jadear o gritar. Al rato fue cuando Gustavo empezó a singar de verdad, metiendo y sacando, fue cuando me dijo que le podía quitar el calzoncillo de la boca.
_¡Cojones, por poco me matas!....pero que rico…Sigue
Le estaba gustando, sabía que le gustaba que le dieran por culo, y estaba allí gozando. Después me pidió que le pusiera mis piernas abiertas para comerme el culo, así estuvimos un rato, Gustavo singando a Rolando y éste comiéndose mi ojete.
_ ¡Ven ponte debajo pa meterte la pinga que quiero venirme!
Hice lo que Rolando quería, Gustavo lo alzó dando la oportunidad de que pudiera meterme su pinga y allí estuvimos un rato en el tren pero el que más gozaba era Rolando. Cuando se vino le dijo a Gustavo que se viniera ya.
_¡Bien, pero la leche se la quiero dar a él! - dijo Gustavo refiriéndose a mí.
Así fue, me puse al lado, preparado, Gustavo empezó a darle pinga con mucha fuerza a Rolando y en el momento de venirse, sacó su pinga y me la metió. Sentí que se venía, sentí los latidos de su pinga mientras me llenaba de leche. Caímos muertos los tres.
_¡Eres el mejor, ese culo vale oro!.- me dijo Rolando mientras me besaba y me acariciaba el ojete húmedo de semen.
Quise levantarme para ir al baño, pero me detuvo Gustavo.
_ No, papi, no quédate con la leche de tus machos adentro, quédate bien preñado que pa eso te hemos dado leche.
Allí me quedé, a veces se me salía algo de semen y uno de ellos pues con sus dedos me lo volvía a meter o me lo restregaba por el cuerpo. Dormimos abrazados, felices y satisfechos los tres.
 
Capítulo ocho
El rapto
Pasados unos días de aquella orgía organizada entre William y Rolando, me vi envuelto en algo que ni idea tenía que pudiera ocurrirme. Estaba yo regresando a casa cuando hubo un apagón, nada raro, cosas a las que uno está acostumbrado desde que nace en la isla, me detuve un rato para adaptar mi vista a la oscuridad de la noche. Al doblar la esquina, me encandiló los faros de un carro que venía enfrente, que se detuvo de pronto y dos tipos salieron sujetándome con fuerza.
_ ¡Tranquilito, tranquilito porque si no te hacemos callar!
Uno de ellos me dijo al oído, me metieron en el carro, nada pude ver porque enseguida alguien me vendó los ojos con no sé qué trapo. ¿Cuántos eran? Quizá tres o cuatro, uno manejaba y a mí lado se sentaron dos que sin perder tiempo me ataron las manos detrás de la espalda, iban en silencio, alguien fumaba porque sentía el olor del humo.
_ ¡Oye! ¿Qué cojones pasa?
Grité pero la respuesta fue que me hicieron abrir la boca y me metieron algo, que me pareció una media, al parecer uno de ellos se la había quitado y haciendo una pelota me la metieron en la boca, ya me era imposible decir algo al no ser de mugidos. Fuimos bastante tiempo, a mí me apreció que fue una eternidad, aunque con los ojos vendados y en esa situación todo podía ser relativo. No me gustaba aquello, cuando sentí que uno de los que estaban sentados a mi lado, me hacía inclinarme hacia delante y metía su mano en mi pantalón buscando mi culo. Lo encontró rápido como si tuviera una gran experiencia, escuché su suspiro cuando metió su dedo áspero en mi ojete. Desde ese momento para mí estuvo claro qué querían y a lo que íbamos. Al menos me sentí más calmado. Cuando se detuvo el carro me hicieron bajar y entre dos me llevaron a una casa, había una radio puesta, olía a humo de tabaco y a cerveza o ron, escuché voces a mi alrededor.
_ ¡Coño, ya era hora que trajeran el culo!
_ ¡Al fin tenemos maricón pa rato!
_ ¡Caballeros, a singar se ha dicho!
Decían cosas así, alguien me bajó los pantalones dejándome desnudo allí. Alguien se acercó, me metió el dedo en el culo y le dijo a otro.
_ ¡Lleva y le metes la manguera en el culo hasta que no le quede mierda!
El que se acercó me hizo quitar el pantalón y me llevó a un sitio, quizá un baño. Me resistí algo cuando quiso meterme algo parecido a una manguera después de enjabonar mi culo.
_ ¡Oye, tú tranquilo, que te han traído para singar y a nadie le gusta la peste a mierda! ... Me han dicho que te gusta y estás acostumbrado a que te den pinga, aquí vas a gozar como loco.
Me dejé hacer, me hizo tres lavados hasta que el agua no saliera limpia, me secó y me untó una crema, metía sus dedos bien adentro tratando de poner bastante crema, por el olor supe que era lidocaína, ese anestésico que calmaba bastante. Cuando me erguí y quedé en medio del lugar, sentí como se acercó a mi espalda y en mis manos puso su ponga. Yo tenía las manos atadas atrás, cogí aquel paquete y lo acaricié para imaginarme cómo era. Tenía la pinga gorda, se le marcaban las venas y la cabeza pequeña. La tenía medio dura pero no parada. Me llevó de nuevo a la habitación, me hicieron tirar en una cama atando mis pies y mis manos a la cabecera, eso sí se preocuparon que no me apretara mucho. Quedé por un rato en esa posición acostado boca bajo y con las piernas y los brazos abiertos y atados a la cabecera y la  pielera de la cama. Sentí que alguien se colocaba sobre mí, con su mano ponía la pinga en mi culo para clavarla, se escuchaban risas, pasos, vasos, al parecer todos estaban agrupándose alrededor de la cama. Traté de relajarme sabiendo que cualquier oposición de mi parte sería fatal. De pronto sentí como me clavaba sin misericordia su pinga, sin detenerse ni un momento, pero lento. Me parecía que era mucho, que me rajaría el culo, jadeé, traté de gritar pero la media seguía ahogando llenando mi boca, me retorcí porque de verdad que aquel primer pingazo me había dolido, como si hubiera sido la primera vez que daba el culo.
_¡Maricón ya la tienes clavada hasta los cojones, ahora a gozar!.- me dijo al oído cuando su cuerpo cayó sobre mis espaldas.
Me singó hasta que se vino, su lugar lo ocupó otro que siguió singando pero con mucha rapidez, como si fuera una máquina, se demoró en venirse y cuando lo hizo se quedó un rato mordisqueando mi nuca diciendo que le había gustado mi culo. Fueron cuatro los que me singaron uno detrás de otro, mi culo estaría dilatado y chorreando semen, lo sentía pero eso parecía que enloquecía a mis raptores.
_Lo mejor de la vida es ver un culo echando leche.
Comentó alguien, otro mientras me sacaba la media de la boca dijo que lo mejor era una boca tragando pinga y llena de leche. Me soltaron las manos para que pudiera erguirme a medias, alguien me llevó a la boca una botella de cerveza, bebí con ansias porque tenía sed. Me puso su pinga en la boca y me dijo que se la chupara bien hasta que le sacara la leche. Eso hice, al menos descansaba algo y no iba a negar que me gustaba mamar una buena tranca como aquella.  Cada vez que me tragaba la pinga garganta adentro, sentía que le gustaba por lo que venciendo las arqueadas empecé por darle una mamada de garganta profunda hasta que se vino. Cuando sacó su pinga el semen se me corrió por la barbilla. Eso gustó, otro vino a que le mamara la pinga  los huevos, mientras lo hacía sentí que alguien empezaba a meterme la pinga y a singarme. Primero se vino el que me singaba, el otro lo hizo más tarde en mi cara.
Me volvieron a atar las manos, pero me cambiaron de posición, ahora estaba bocarriba, aunque no me quitaron la venda de los ojos. Alguien se puso a darme de mamar sus huevos hasta que me puso su culo en la cara para que se lo lamiera. Al rato se sentó en mi pinga y no paró de moverse hasta que se vino. Al levantarse escuché que alguien dijo que me había cagado, me desataron y me llevaron al baño, me encerraron allí. Yo pude quitarme la venda, me sentía dolorido, me metí en la ducha para lavarme, me senté en la taza para evacuar todo el semen que me quedaba. Estuve bastante tiempo allí, vi la crema que me había untado al llegar y me unté yo mismo.
Al rato alguien entró, tenía la cara cubierta por una media de color negro, estaba desnudo, era mulato, me volvió a vendar los ojos y me llevó a alguna de las habitaciones y me encerró allí. Había una cama, una mesita de noche y una ventana pequeña con una reja, de todas maneras huir era imposible, estaba desnudo. El tiempo pasaba, la música fue amainando y me quedé dormido. Me desperté cuando alguien entró y se me tiró encima, yo ni me opuse, él metió su pinga en mi culo y me singó en silencio, yo sin moverme casi. Cuando eyaculó, me dijo:
_¡Ya se fueron todos, mami, pero te quedas aquí hoy, mañana te vamos a singar de nuevo!
_¡Quiero irme!
_¡Tú eres maricón y te gusta que te den pinga, por eso estás aquí! Piensa cuántos maricones sueñan con estar en tu lugar.
Me dejó allí, me quedé dormido hasta que amaneció, me sentía bastante mal, porque quería irme, salir pero me era imposible. Cuando escuché voces al otro lado de la puerta pedí que me dejaran ir al baño, la puerta se abrió, frente a mí estaba un tipo que no conocía, alto y delgado, con un bigote canoso bien cortado y casi calvo. Era la primera vez que me mostraba la cara porque hasta ese momento no le había visto la cara a nadie. Me dio unos golpecitos por la cara y cogiéndome por la nuca me llevó al baño, cerró el baño y se quedó delante de mí. Yo me senté en la taza, él sacó un cigarro y se puso a fumar.
_ ¿Te ha gustado la fiesta de anoche?
_ Sí, pero yo tengo cosas qué hacer...
_Sí...-sonrió-, claro que tienes que hacer muchas cosas, pero la principal es estar en forma para la fiestecita de hoy...ya a eso de la una nos empezamos a reunir. Ahora vamos a desayunar y a descansar.
Yo no respondí, negarme hubiera sido una provocación.
_ ¿Sabes? Hemos tenido aquí a muchos, pero tan maricón como tú no. Eres como me han dicho, un buen culo para singar hasta el cansancio. Vas a salir de aquí enviciado y vas a volver, vas a volver para ser el plato de nuestras fiestecitas.
Después salió dejándome allí, al rato salí, en el comedor me esperaba el desayuno, café, pan con guayaba. Desayuné en silencio, enfrente estaba él, sentado y mirando. Al rato entró el otro, era el amigo o pareja, un tipazo fuerte, mulato, me saludó como si nos conociéramos y seguro que era así, sólo que no podía afirmarlo porque no vi quienes me cogían el culo por turno. Me volví a mi habitación-celda en espera de que pasara algo, al parecer tenía que esperar a los demás que se reunirían de nuevo para la orgía. Ni recuerdo qué tiempo pasó, me dormí hasta que al entrar el mulato me desperté.
_ ¡Vamos, nene, que ya han llegado!.- me dijo dando unas nalgadas.- Ahora no seremos tantos, somos cinco pingas y tu culo.
Era de esperar, salí y estaban allí los otros cuatro, el que ya conocía y tres más, un negro gordo que ya estaba desnudo con la pinga gorda y tiesa, y los otros dos blancos uno bien fornido que tenía solo el calzoncillo y otro delgado, ya desnudo, y con tremenda tranca, bebían cerveza, algunos fumaban. Me recibieron entre risas y miradas lascivas. La diferencia era que yo no tenía la venda en los ojos, los veía aunque no sabía ni supe cómo se llamaban, excepto al dueño de la casa que cuando me fui me dijo que se llamaba Gonzalo y me dio el teléfono. Me dieron a probar cerveza, pero el mulato empezó a mojar su pinga en cerveza para que yo se la mamara, mientras Gonzalo se encargó de abrirse paso en mi ojete, estuvo singando un rato pero sin venirse, le dio paso al negro de la pinga gorda. Me arrancó un quejido cuando me penetró.
_ ¡Coño ahora si la sintió!
Con lo gorda que la tenía, pues la sentí al principio. El muy cabrón se dio gusto singando y se demoró, comprendí que quería venirse en mi culo, cosa que hizo. Después pasé de un rabo a otro, hasta que el delgado de buena tranca me llevó al baño, a la ducha y cuando me metió la pinga me dijo;
_ Te voy a hacer algo que nadie seguro te ha hecho...
Yo sin entender, algunos entraron en el baño para ver lo que hacíamos. Tenía buena tranca y sabía cómo moverse para darme placer. Al rato me dijo:
_ Ahora tengo ganas de mear y me voy a mear dentro de culo mientras te singo, maricón.
Pensé que era una jodedera hasta que sentí que el líquido caliente me llenaba y se me escapaba por entre las piernas porque me singaba a la vez, al principio fue algo raro, que antes no había hecho, pero al rato empecé a disfrutar aquella nueva sensación de tener el recto lleno de orina a la vez que me singaban. Cuando se vino y sacó su pinga, sentí que soltaba un chorro caliente de mi culo, me dio más placer aquello.
_Aguanta ahora y suelta poco a poco para hacerte la paja.
Yo con las manos en la pared, las piernas abiertas, él meneando mi pinga y la orina con su semen saliendo. Me vine en nada, exploté y dejé salir todo aquel torrente.
_ ¡Qué tipo, es el único que mea con la pinga parada!.- dijo alguien de ellos.
Todos se fueron, él se quedó, se lavó y me dijo que me lavara, antes de irse, me besó.
_ Tienes buen culo.
Me duché, limpié y salí, Gonzalo me indicó que me subiera a la cama, me acosté boca abajo con mis nalgas al aire y las piernas abiertas en espera del primero. Sentí que alguien subía a la cama y sentí que me lamía el culo, eso me ha gustado siempre, lo hacía con gusto, me comía mi culo peludo, después tirándose a mi lado me dijo que me sentara en su pinga. Así lo hice y fui yo quien empecé a moverme.
_ ¡Cojones, sácame la leche, maricón, qué culo!
Gritaba y lo repetía una y mil veces mientras se agarraba de mis nalgas. Me gustaba esa posición, me sentía más cómodo y más porque veía su cara de placer, cómo gozaba, cómo se removía a cada una de mis cuclillas cuando me encajaba hasta el tronco su pinga. Se vino gritando, y ya antes de sacar la pinga el negro estaba acostado al lado pidiendo su turno. Lo hice, esta vez me sentí mejor, más suave a pesar del grosor. Le gustaba y lo decía, mugía como un buey. Después tuve que seguir con Gonzalo, pero ya no pude más, las piernas se me acalambraban, pero en fin, me pusieron boca abajo y siguieron dando caña a mi culo. La habitación olía a semen, yo olía a semen, el mulato me dio de mamar su pinga oscura, mientras el último empezaba a singarme, el de la ducha, yo cuando sentí que ya la había metido empecé a moverme. Eso lo volvió loco porque lo dijo, los otros miraban, Gonzalo comentó lo de buen maricón y buen culo. Estuvo mucho tiempo singando, tanto él como el mulato no se venían, me hacía casi sufrir, uno por el culo y otro por la boca. Finalmente se vino el que me singaba el culo, y casi sin poder hablar le dije al mulato que me singara pero de lado porque ya no podía de esa forma.
Nos tumbamos de costado y me singó con fuerza, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera singado antes. Se vino y me quedé allí en la cama, lleno de leche, medio muerto de tanto singar pero contento. Escuché que se iban algunos, pero al rato vino a mi lado el de la ducha y me abrazó.
_ ¡Mami, qué rica estás! Me vuelve loco ver a un maricón así, complaciente, tragón y buen culo.- me besó, me acarició el ojete húmedo.- vale oro, todo tú vales oro. ¿Sabes una cosa?
_ ¿Qué?
_ Te tendría para mí, para gozarte día y noche...para que te singuen mis amigos y si quieres, mami, te busco a todos los bugarrones de aquí para que estés contento porque se ve que te gusta y lo disfrutas bien.
_ Pero, no sé...
_Me he quedado por ti, te quiero para mí, que seas mi gente...quiero enseñarte mil cosas y que gocemos los dos, tú recibiendo y yo dando pinga o viendo cómo te dan caña. Mami, dime que sí, que serás mío.
No aceptaba otra respuesta, al parecer tenía que aceptar, me gustaba además. Me puso la cabeza de su pinga en el culo y empezó a meter mientras me decía.
_¡Mami, rica, dime que sí, mira lo que te espera, ¿lo sientes? Este pingón será tuyo, para ti.- ya cuando la había metido toda me dijo.- Me llamo  Carlos,... si me dices que sí, yo no me toco más la pinga, será tuya toda, tú serás quien me la limpies, me la saques para mear y me la sacudas...si se la voy a meter a alguien, será tu mano la que la meta...dime, dime, mami.
_ ¿Qué quieres que te diga? Ya sabes que me gustas, eres un loco y tienes tremenda tranca...
_ Por eso te lo digo, quiero que te enamores de mi tranca, que te enfermes de mi tranca y solo quieras mi leche...
_ ¿Qué pasará si te digo que sí?
_ ¡Mami, te llenaré de besos, de caricias, serás mío y tendrás mucha pinga, porque habrán pasteles con otros, pero la primera y la última pinga que te metas en cada fiesta, será la mía.
Me hizo volverme para besarnos en la boca. No podía ser amor pero atracción mutua había, nos quedamos así un rato, abrazados, él dentro de mí pero sin moverse, cuando se quedó dormido sentí como su pinga se salía de mi ojete. Sentí alivio.
Cuando nos levantamos al cabo de unas horas, sólo estaba Gonzalo, me duché, atendí a mi nuevo hombre como me había dicho, porque mear y todo fui yo quien hizo las manipulaciones, salimos convertidos casi en pareja, aunque Gonzalo me dijo su teléfono.
_ Bueno, ahora que eres de Carlos pues espero que te veamos por aquí, siempre esta será tu casa.
Capítulo nueve
Los baños en el río
Volviendo un día a casa, sentí la voz de William que me llamaba desde el parque. Me acerqué, estaba con otro que conocía de lejos y que trabajaba en las brigadas que fumigaban contra los mosquitos, al que había visto muchas veces pero nunca habíamos hablado por mil razones e incluso cierta vez estuvo en mi casa pero con toda la familia delante solo intercambiamos algunas miradas.
_ ¡Qué bola, culo!
_ Bien...
_¡Mira, este es Lalo, buen singón y que todavía no te ha dado caña!
_¡Y las ganas que tengo de darle una buena parti´a de culo!.- dijo Lalo dándome la mano.
_Es que no hemos tenido oportunidad.- dije yo sosteniendo su mano.
Estaba ya claro que la oportunidad había llegado y de la mano de William como siempre, ese tipo que me tuvo primero y me usó como le dio la gana, pero a quien le debo la manera de gozar y de dar goce. Claro en el pueblo William tenía mala fama, fama de bujarrón y rompe culos, a quien vieran con él pues estaba bien claro y le colgaban el cartelito de maricón, pero como ocurría siempre, al principio había cierto ruido y después la gente perdía interés en el nuevo juguete de William. Yo ya no era el nuevo juguete ni la nueva conquista, por lo que podía hacer lo que me viniera en gana.
Estuvimos un rato allí sentados, William y Lalo querían irse al río coger un bote e irnos a pasear al río. La idea sonaba bien, porque conociendo a William algo inventaría que terminaría en orgía.
_ Mira, esperamos a dos más y nos vamos.- Después le dijo a Lalo.- ¡Oye!, ¿por qué no le das el primer pingazo tú?
Lalo sonrió sin saber cómo reaccionar, William me miró indicando con un gesto de la cabeza que fuera para el baño. Le obedecí levantándome, detrás de mí entró Lalo, nos fuimos a la cabina última y yo en cuclillas me encargué de desabrochar la portañuela que ya quería reventar por la presión de la pinga dura. Cuando la tuve delante de mi cara, dura, gruesa y húmeda, puse mis labios en la cabeza para dejar deslizar su tranca hasta sentirla toda dentro de mi garganta. Lalo gimió de goce, empezó a moverse, a singarme la boca agarrando mi cabeza. Al rato me levanté, bajé mi pantalón y ensalivé mi ojete, mientras Lalo se echó dos escupitajos y me puso aquel trozo de pinga en el culo, empujó para meterla sin detenerse. Ya cuando me tenía bien clavado, comenzó a embestir mientras me singaba. De verdad que me gozó allí, en aquel baño que no era la primera singada. Quizá por la calentura ni sentí dolor o incomodidad, al contrario me sentía bien. Estábamos los dos en lo nuestro, ajenos sin saber dónde nos encontrábamos, felices, pasionales en nuestro acto. Se vino mientras se agarraba de mí soltando un resoplido que terminó en quejido. Nos quedamos en esa posición un rato, yo encorvado hacia delante, clavado por Lalo, sintiendo como su polla ya no era tan dura aunque en sí lo era.
_Nene, ¿te gustó?
_ ¡Ufff!, me has singado rico...de verdad que habíamos perdido el tiempo antes...
_Ya ves, nene, ya la tienes adentro y siempre que la quieras, la tendrás...me gusta tu culo.
Seguimos allí intercambiando nuestras sensaciones, después el sacó su sexo y yo me vestí tratando de no permitir que se me saliera el lechazo. Lalo se dio cuenta, me atrajo hacia sí, me besó diciendo que así demostraba que me había gustado al quedarme con su leche dentro, preñado. Salimos y fuimos al banco donde estaba William.
_¡Coño, macho, tiene un culo!
Le dijo Lalo a William, que confirmó que él no mentía nunca. Cuando me senté, William dejó deslizar su mano por detrás de mi espalda metiendo su mano para llegar a mi culo húmedo, lleno de leche.
_ ¡Mami, así me gusta verte! Recién singado y con el ojete dilatado y lleno de leche...
Lalo, empezó a decirle a William que le había gustado, que por qué no los había presentado antes, que tenía buen ojete y mil cosas. William orgulloso de saberse centro y dueño de lo anhelado por otros. Al rato llegaron los otros dos, el negro Paco y otro que por primera vez veía, resultó ser un tipo de otro pueblo, se llamaba Nelsón.
_ ¡Bueno, ya estamos todos, andando! Este es el culo que llevamos.
_ ¿Y aguantará?- se preocupó Nelsón.
_ Tiene buen lomo y aguanta, y lo mejor que le gusta.- agregó Paco que ya me conocía.
Nelsón dijo que se iba a mear, William le dijo:
_Llévate a este, sabe bien cómo manipular un buen rabo.
Todos rieron, Nelsón tirándome la mano por los hombros me llevó hacia el baño. Cuando llegamos me dijo.
_ ¡Coño, ya la tengo parada! Voy a tener que darte un pingazo para que se me baje y poder mear.
Yo sin decir nada, me metí en la cabina y me bajé los pantalones abriendo mis nalgas con las manos, al parecer eso le gustó a Nelsón que se acercó pasando su mano por la raja de mis nalgas. Dijo algo con respecto a que estaba húmedo el culo, que era leche y sin esperar más me metió su tranca, diciéndome que se iba a venir rápido. Se estuvo meneando sin compasión, metiendo y sacando, hasta que lo sentí resoplar y venirse. Cuando sacó su pinga oscura, porque de eso me di cuenta, tenía un color oscuro a pesar de ser blanco.
_A ver, sujétala para mear.
Agarré con un mano su sexo para que apuntara y meara, él abrazándome murmuró a mi oído.
_ Podría hacerte mi hembra, me gustas un cojón.
Sosteniendo su tranca oscura mientras meaba, vi que la tenía gorda en el centro, de cabeza pequeña y tronco menos grueso, él que vio que miraba, me dijo:
_ ¡Mami, puede ser tuya todos los días!
_ Me gusta tu pinga, tiene buen grosor...
_ Y dura siempre pa un culo como el tuyo.

Cuando salimos todos siguieron con los mismos comentarios de cómo la íbamos a pasar, salimos los cinco rumbo al río en busca del bote de Paco. Llegamos al río, nos sentamos todos y Paco se puso a remar, yo iba junto a William que enseguida metió su mano por mi pantalón para masajear mi trasero. Lalo desde la otra punta nos miraba.
_¡Oye, cómo se lo dejaste! - William comentó.
_ ¿Cómo?- Se interesó Nelsón, Lalo se rio sabiendo la respuesta.
_ Se lo dejó como debe....abierto y chorreando leche.- Todos rieron.
_Lleno de leche se lo vamos a dejar dentro de un rato....
Las bromas rondaban alrededor de la orgía que tendríamos y donde sería yo el centro. Al rato William le preguntó a Paco que remaba que si alguien le había mamado la pinga mientras remaba. De pronto ya me vi arrodillado en el bote mientras desabrochaba el pantalón de Paco y le sacaba la pinga para mamársela como había ideado William. La pinga de Paco tenía un sabor salado, al parecer había meado antes, pero pronto dejé de sentir ese sabor mientras engullía su tranca. Al rato Paco dijo que no podía más que quería darme leche pero en el culo, William pasó a remar y yo me incliné para que Paco me embistiera, el camino ya estaba abierto por Lalo y Nelsón por lo que fue fácil y placentero. Nunca había singado así al aire libre en el centro de un río, Paco que había dicho que se venía ya, resultó que no era así por lo que me estuvo trabajando el ojete bastante rato hasta que se vino. Después nos quedamos un rato tranquilos, recostados de un costado y Paco dentro de mí, después saco su pinga y cuando me disponía vestirme, William me dijo que era mejor así, que me quedará desnudo. Lo obedecí, hasta que llegamos a un sitio apartado y tranquilo, Paco fue el primero que saltó al agua, yo le seguí, el agua fresca me alivió el calor. La noche estaba fresca y no tan oscura porque había una algo de luna que alumbraba de plateado todo, en particular la superficie del agua. Estuve nadando un rato hasta que William me atrajo hacia sí, ya estaba caliente porque sentí su rabo en mis nalgas.
_ ¡Ven acá mariconzón que te voy a singar dentro del agua! ¡Vas a ver lo que es singar bajo el agua!
Era cierto porque nunca hasta ese momento no había probado singar dentro del agua. Nadamos algo hacia la orilla a un sitio donde dábamos pie y William me volvió hacia él para que yo quedara sobre su cintura con mis pies rodeando su espalda. Mi siguiente paso fue el que tanto él esperaba, cogí su pinga y la llevé a mi ojete para darle paso, él hizo algo de fuerza hundiéndome mientras me penetraba lentamente. Mi esfínter ya dilatado por las faenas anteriores cedió sin trabajo, William lo notó empujando para al menos hacerme sentir que me metía su tranca. De verdad que era algo raro, daba la impresión que el agua entra aunque lo que entra es el miembro. Todo ayudado por la ligereza del cuerpo en el agua, donde cada movimiento es como si uno se encontrara en el aire. Nos besábamos mucho, William me acariciaba las nalgas, mientras mis pies se agarraban de su  espalda.
_ ¿Te gusta?.. Me preguntó con un susurro.
_ Sí, mucho...lo sabes bien._ le dije entre jadeos.
William sabía cómo dar placer y recibirlo multiplicado. Me tenía, como supongo que tenía a otros, para sus placeres donde nunca cabía el celo o el hecho de ser de alguien. Él podía tenerme para sí sólo, pero no le interesaba, prefería tener relaciones sin compromiso ni nada que lo atase. Era su manera de ser y así se divertía. Era el uno en coger un culo, en dar pinga, en mamar un culo y en singarse a cualquiera que se detuviera a conversar con él. William seguías siendo mi maestro, me había iniciado y seguía siendo mi maestro. Singar en el agua fue pasional, lo estábamos disfrutando los dos cuando se nos unió Lalo, palpó con su mano mis nalgas y culo lleno diciendo que quería probar. William me cedió con la facilidad que le caracterizaba. En nada me vi abrazado de Lalo y bien clavado, entró como nada, holgadamente.
_ Me vuelves loco de ver como gozas una pinga dentro de ti.
_ Es a lo que me enseñó William, aunque ya me gustaba desde chico.
_ A dar el culo te habrá enseñado él, pero a gozar con un macho, eso lo llevabas adentro ya.
Lalo me gozó lo que pudo, hasta que Nelsón pidió su turno pero fuera del agua, en la misma orilla me dijo que le sacara la leche. Empecé a moverme lo que podía mientras él profería gemidos, no duró mucho y comenzó él a moverse con frenesí para venirse pronto. Cuando sacó su pinga, Paco se nos acercó.
_ ¡Acuéstate en la orilla que quiero darte lengua en ese chocho recién singado!
Me eché sobre la tierra húmeda abriendo mis piernas, Paco se situó abriendo mis nalgas y empezó a lamer mi culo recién singado y lleno de semen de Nelsón. Al rato me singó aunque no por mucho rato, Lalo vino a darme lengua en mi ojete y a singarme algo, así pasé de uno a otro hasta que William me hizo venirme mientras me lamía el culo, metía su lengua, me mordía, succionaba y volvía a lamer. Me volvía loco lo que hacía, por eso me vine entre quejidos y jadeos. William sabía cómo hacerme venir sin que me masturbara, sólo con que me singara o mamara el culo. Caí medio muerto en la orilla, Nelsón de la mochila había tendido unas mantas para que nos acostáramos en la hierba, allí nos acostamos para descansar algo, Paco sacó una botella de ron que empezó a pasar de boca en boca y así nos fuimos animando. La noche muy despejada, fresca y silenciosa sólo interrumpía el silencio nuestras voces y el ruido de un motor a lo lejos. La botella se terminó rápido, Willia, Lalo y Paco se fueron en el bote para comprar otra dejándome a mí con Nelsón que al rato me abrazó haciendo que sintiera su sexo en mis nalgas.
_ ¡Mami, me vuelves loco! Necesito tener una gente como tú...
_ ¿Te gusto? - Le pregunte con cierta coquetería.
_ Sabes que sí..., primero porque eres un blanquito rico, y tienes tremendo culo caliente y tragón... ¿sabes lo que más me gusta?
_ ¿Qué?
_ Que te das sin rechistar...
_ Me gusta, papo, me gusta...
No había yo terminado de decir que me gustaba por segunda vez cuando ya me había penetrado suavemente.
_ ¿Así te gusta?
Le dije que sí, que me gustaba estar así, lleno por un buen trancón, tener un buen macho que le gustara singar y singar. Él me prometió que era lo que buscaba.
_ ¿Quieres ser mi hembra?
La pregunta me la murmuró en mi oído sin dejar de moverse a mis espaldas.
_ No te va a faltar esto que tienes ahora adentro y mi cariño, te tendré como mereces...
_Bueno, ya veremos...
_ ¡No, no, dime sí o no!
Quise cambiar de posición y empecé a moverme para llegar a situarme sobre él, sentado a horcajadas sobre él con su pinga metida hasta los cojones, les puse las manos en el pecho y me acerqué para besarlo.
_ ¿Acaso crees que me voy a negar?
Por respuesta recibí un abrazo fuerte y un largo beso. Parecía contento como un chiquillo, alegre y sobre todo se percibía en su pinga dura y los movimientos que hacía dando mucho placer. Me preguntó que si me dolía, se lo dijera, después comentó que tenía yo aguante por haber singado tanto y seguir singando, que lo que le gustaba más era el culito estrecho que tenía muy a pesar de lo que me había metido. Los otros llegaron, sentimos el ruido de los remos y las voces.
_ Sólo hoy te dejo a que te singuen otros, en lo adelante serás mío, yo sólo decidiré... ¿sí?
Le dije que sí, que lo deseaba. Los otros llegaron con su alegría y cuatro botellas de cerveza que era lo que habían encontrado. Sus bromas aumentaron al encontrarnos singando, yo sobre él y él clavando su pinga hasta el tope. Paco se puso delante de mí para que le mamara la pinga que se le ponía dura ya. Nelsón al rato sacó su pinga diciendo a Paco que le tocaba dar pinga, Paco no perdió tiempo y ocupo el sitio de mi pasional amante que se dio un baño y vino hacia mí. Yo estaba en cuatro con Paco singándome a lo perro, me cogió la cara, me besó y me dijo al oído.
_ Te voy a dar la leche en la boca.
Así quedé entre dos fuegos en aquella posición, al principio hice algunas arqueadas pero me acostumbre a tener el sexo de Nelsón en mi garganta, Paco terminó y dio paso a Lalo y a la lengua de William.  Al rato sólo estaba yo mamando la pinga de Nelsón porque los demás habían terminado, Nelsón me acariciaba la cabeza y me preguntaba si me sentía bien, que si quería parar. Pero seguimos así, yo trataba de darle placer y que se viniera en mi boca, Nelsón terminó haciéndome sentarme sobre él y ponerle el culo en su cara para empezar a mamarme, a chuparme, a morderme mientras yo intensificaba la mamada, tratando de tragar su pinga completa. Se vino mientras metía su lengua en mi ojete, sentí el sabor salobre de su esperma, me sentí feliz de haber conseguido que eyaculara así.
Después nos abrazamos, nos besamos sin tiendo el olor y el sador de la leche. Después fue a hablar con los otros, lo escuché decir cosas, las risas de los otros y el grito de William de que me regalaba. Lalo protestaba que me quería de compromiso, por lo que Paco intervino que eligiera yo a quien deseaba por macho. Me levanté y me acerqué a ellos, abracé a Nelsón que pasó su mano por mis nalgas.
_ Ya está elegido.- dije.
Todos se calmaron, y empezamos a compartir las cervezas y por supuesto, que tuve que calmar a Lalo con el permiso de Nelsón.
 
Capítulo diez
Nelsón me convierte en el traga leche
Así mismo era, con Nelsón me transformé en un traga leche y como era de esperar no sólo de él sino de cuanta gente él deseaba. Vivía en Bejucal, un pueblito cercano y allí me fui a vivir con él. Me convertí en su gente, en el compromiso oficial de aquel mulato grande. Él trabaja en la Casa de Cultura por lo que actividades culturales no me faltaron entre las agotadoras tandas de sexo. El primer día que estuvimos en su casa cuando nos acostamos me dijo:
_ ¡Papo, hay una cosa que quiero que tengas claro! ¡A mí me gusta dar pinga, coger un buen culo pero lo que me encanta es venirme en la boca de un macho! En el río te la di y vi que te gustó, que te la tragaste sin dejar que una gota cayera. ¡Mami, rica, eso es lo que quiero de ti, es darte pinga por culo toda la que quieras, pidas y aguantes pero venirme, siempre quiero en tu garganta!
            Desde aquella conversación todo sucedió como él me había dicho, teníamos unos preludios largos, él se desvivía por darme placer, por hacerme gritar o venirme, se prendía a mis nalgas a darme caña con aquel trancón que tenía pero a la hora de venirse, me la sacaba y me la blandía en las narices para que la engullera toda hasta sacarle la leche. La primera vez recuerdo que fue mucho, gocé como nunca, me hizo venir sin que me tocara la pinga porque entre otras cosas se jactaba de que él sabía dar pinga en la próstata para hacer venir a su maricón. Sólo que cuando quiso terminar haciéndome tragar su sexo duro, sentí el olor y sabor a mierda que me provocó un vomito tremendo. Me quedé como muerto, sin saber qué hacer porque había jodido todo, primero por el vomito en el dormitorio que inundó con su olor toda la casa y la descomposición en que caí. Sentí vergüenza pero Nelsón reaccionó de una manera normal, se levantó, limpió todo y regresó para acostarse a mi lado.
_ ¡Mi amor, eso puede pasar, es normal! Sé lo que sentiste, pero tienes que aprender a mantener ese culo bien limpio para cuando vayamos a singar. Te pones una lavativa y metes agua hasta que salga bien limpia, eso te garantizará que la pinga salga bien limpia. Eso sí, recuerda que te singo el culo y en el culo siempre hay mierda…
            Aquellas palabras me dejaron algo desconcertado, sin saber qué hacer o decir. La sola idea de volver a sentir aquel sabor u olor, me espantaba. Aquella noche me dijo que le chupara la pinga hasta venirse porque ya se la había lavado. No sé cuánto tiempo estuve tratando de sacarle la leche, me sentía con las quijadas desencajadas de tanto tragar, la cabeza me daba vueltas ya se subir y bajar. Al final se vino apretando mi cabeza contra sí para que la pinga alcanzara mi garganta. Dormimos bien aquella noche, a la mañana cuando nos despertamos entre besos y caricias me dijo:
_ ¡Arriba, ve al baño y ponte una lavativa que quiero darte tu ración! Yo pongo el café.
            En el baño encontré todo lo necesario y que imaginé fue usado por todos los anteriores amantes que había tenido. Intenté hacer bien la limpieza y que no quedara nada que fuera a molestarnos. Cuando regresé al cuarto, él estaba en la cama boca arriba con el asta en la mano y sonriéndome. Tuvimos un sexo feroz, atroz como él sabía hacer y por qué no, como yo sabía hacerlo también. Al rato cuando quiso venirse hicimos el cambio y de sólo meter su pinga en mi boca se vino llenándome toda la boca de su leche. Un hilo blanco y espeso se me escapó y él con su pinga lo recogió de mi mentón y me lo devolvió para que me lo tragara.
_ Ya ves, mami, cómo aprendiste de rápido.
_ Tú me dijiste lo que tenía qué hacer, ¿no?
_ Sí, mami, ya sabes que la pinga pa´tu culo y mi leche, pa´tu boca. Quiero que te hagas adicto a mi semen y que sepas reconocerlo de probarlo u olerlo.
            Nelsón era el colmo de lo macho, del macho singador, cogedor de culo y gozador. Ya de escuchar aquellas palabras, me entraba deseos de que me pidiera de nuevo entregármele, pero tenía que irse al trabajo por lo que desayunamos nuestro primer desayuno de amantes, ambos desnudos y muy acaramelados. Aquellos fueron mis primeros pasos para convertirme en el traga leche de Nelsón y bueno, más tarde de sus amigos. Ya había empezado otra etapa de mi vida en la que tenía que cambiar el goce de sentir el culo chorreando leche por el de tener la boca o la garganta llena de semen.
            Como a los dos días fuimos a una tanda de cine, nos sentamos en la última fila y aunque al principio no me imaginaba lo que iba a pasar, pronto caí en cuenta de que estábamos allí para que yo le chupara la pinga. Por suerte la película era soviética y siempre tenía poco público, siendo un clavo, estaba claro que casi nadie iría al cine. Nosotros estábamos apartados de los cuatro gatos que había en la sala. Me susurró al oído que se la sacara, yo ni sé por qué o qué mosca me había picado que lo obedecí. Metí la mano en su pantalón y saqué su pinga que empezaba ya a ponerse dura, y empecé a mamársela mientras él a gozar. Me apreció que alguien pasó pero él miraba y cómo no dijo nada, seguí chupando hasta que sentí el sabor salobre en mi boca seguido por un chorro caliente. Me incorporé relamiendo mis bigotes mientras él se guardaba en el pantalón su tolete.
_ ¡Así me gusta, mami, mamas que es una locura!- me dijo al oído.
_ ¿Y hoy no voy a tener mi tanda de caña…?- le dije aludiendo a si singaríamos.
_ Cuando lleguemos a casa, recibirás tu tanda, nene.
            Así fue cuando llegamos a casa me dijo que me preparara que me iba a dar la caña que yo quería, empezó escupiendo su pinga y mi culo, casi a lo seco y cuando protesté, me recordó que yo quería caña y la iba a tener. Costó algo de trabajo y su dolor al principio, pero me cogió el culo allí, en la sala, de pie sin miramientos llamándome puta, limpia pinga y traga leche. No lo había visto así de grosero. Empujaba con fuerza bruta, un animal como queriendo rajarme el culo, cuando iba a venirse me obligó a arrodillarme para cumplir con el ritual de tragar su semen. Terminó empujando hacia adentro toda su pinga gorda y larga, provocándome una arqueada que pude controlar. Nos quedamos un rato así, el mugiendo y yo con la boca llena hasta la garganta, casi aguantado la respiración y las lagrimas en los ojos. Los dos felices. Aquella noche dormimos abrazados y llenos de amor.
            Uno se adapta a todo lo que le viene encima y yo me estaba adaptando a las necesidades de Nelsón, a sus extravagancias que cada vez eran más cotidianas. Un día vino con la noticia de que íbamos a casa de un amigo de él y me sorprendió que me pidiera  limpiarme bien agregando que tal vez habría singueta en la fiesta. Llegamos a la fiesta de un tipo que trabajaba en el la casa de Cultura, toda una señorona amanerada y delicada muy a pesar de su tamaño. La fiesta era en el patio y como era costumbre, ya había escuchado rumores de esas fiestas bejucaleñas, hubo canciones, travestis que imitaron con mejor o peor suerte a las divas cubanas o extranjeras, un mago actuó también y hasta un mini concierto a guitarra. Todo pues animado por gran cantidad de bebidas y comidas, cosa que en la isla siempre había escaseado. Claro que no me imaginaba dónde habría singueta después porque la fiesta era de lo más tradicional. Pero ya casi al terminarse la fiesta con todas aquellas actuaciones, algo chillonas, nos fuimos con otros dos que había allí, que no conocía,  y que Nelsón me los presentó como Lucas y Sergio. Dos machotes buenos y bigotudos, Lucas rubio y con cierta pancita, en cambio Sergio era un cachas típico y le gustaba mostrar sus músculos. Fuimos andando por las calles desiertas y poco alumbradas hasta llegar a las afueras del pueblo donde estaba la casa de ellos o de uno de ellos porque al salir del sitio no tenía bien claro la relación que ambos tenían entre sí. 
Una casa de las nuevas, adornada con el dinero y el gusto de los de Miamí. Lucas sacó cervezas y unos bocadillos para picar mientras nos instaba a ponernos cómodos. Era la señal para desnudarse, en poco estábamos todos en cueros sentados en la sala, bebiendo y mirándonos unos a los otros. Yo estaba sentado al lado de mi mulato que me dijo al oído.
_ ¡Papi, mira cuánta leña pa´ti! ¡To´esto es pa´ti!
            Supe que los dos aquellos también me meterían caña  y que todo estaba bien planeado desde antemano. Nelsón me ordenó que empezara a mamar su pinga. Sabía que de sólo comenzar alguno de ellos se ocuparía de mis nalgas y culo. Los otros dijeron algunas palabrotas dirigidas tanto a mí como a mi culo peludo. Lucas fue el primero en ponerse a abrir mis nalgas y darme golecitos con su tranca, Sergio trajo una crema y mientras le comía la pinga a mi amante, Lucas me iba penetrando. Lo hacía con suavidad, como queriendo sentir como entraba. Eso ya lo había aprendido, a unos les gustaba meterla hasta atrás de un solo golpe para sentirse bien machos, otros les gustaba alargar aquel proceso, viendo como el que recibía se iba moviendo ante la mínima incomodidad. Ambos tipos de bugarrones eran iguales porque se auto confirmaban penetrando a otro hombre.
_ ¡Cojones, qué culazo!
            Grito Lucas a los otros dos mientras agarrándose de mis caderas empezaba a moverse metiendo y sacando, mientras yo seguía atorado con el tronco de Nelsón que me hacía tragarlo hasta atrás, mis ojos se llenaban de lagrimas siempre, eso lo recuerdo bien, porque costaba algo muy a pesar de la costumbre. Al rato sacó su pinga de mi garganta y alzando mi cabeza me dijo a mí pero a la vez a los demás.
_ ¡Así se hace! Todo lo que yo quiera y hoy vas a ser la puta mía y de mis dos socios…¿Saben en lo que lo he convertido? ¿Eh?
_ ¡En un chocho maricón!
_Nada de eso….es el traga leche…lo he enseñado que después de dar el culo, la leche se la doy en la boca, nada de lechazos en el culo…
Entre risas se sintieron más animados, Nelsón se fue a la cocina, mientras que Lucas sacando su tranca me dejó libre para que me entregara a Sergio que en el sofá sentado me invitaba a sentarme en su pingota. Fui y me hizo sentarme dándole la espalda y aunque ya estaba bien dilatado me la sentí entrar. Lucas se plantó delante para que le chupara su pinga.
_ ¡Qué lástima que no tengas un tercer hueco!
            Dijo Nelsón al regresar con la cerveza, haciendo alusión que podía recibir más de lo que recibía en aquel momento. Le dio un trago de la botella a Lucas que después empezó a dejar correr un hilo de cerveza por su pinga para que yo la bebiera. Al rato Sergio dijo que se venía, que no podía más por lo que todo se agitó y me vi en el suelo con la boca abierta mientras él se masturbaba para echármela en la boca. Explotó con ganas, el primer chorro no me cayó en la boca pero el resto sí y además que hundió su pinga hasta atrás. Después cuando nos incorporamos, Nelsón me hizo arrodillarme para con su pinga recoger el semen que tenía en la mejilla y dármelo usando su pinga como una cuchara. Me acosté en el diván boca abajo para que Lucas siguiera singando a su antojo, aunque en realidad se turnó con Nelsón mientras Sergio se recuperaba y miraba la escena repitiendo que era mejor que una película porno.
            Lucas decía que no podía venirse así sacándola rápido y metiéndola en la boca, que o me la daba en el culo o en la boca. Nelsón le dijo que yo se la mamaría bien hasta que se viniera mientras él me singaría. Aquello ya iba pareciéndose a una tortura porque no se avanzaba para nada, al rato mi amante sacó su pinga y supe que ya iba a venirse. Me desprendí de la tranca de Lucas para recibir el lechazo de mi marido, de beberlo caliente y recién sacado de sus huevos. Cuando terminamos, yo relamiendo mis labios le sonreí.
_ ¡Todavía te queda sacársela a Lucas! ¡Anda, mami, hazlo!
            Volví a tratar de coger el ritmo, Sergio empezó a jugar con mi culo y mis huevos, empezó a mamarme mi pinga haciéndome sentir en el quinto cielo. Claro que me vine antes que Lucas. Sergio quiso tragarse mi leche pero Nelsón le ordenó que me la diera en un beso y de pronto me vi besado por aquel enorme tipo que me daba mi propia leche. Lucas dijo que no podía venirse así delante de todos, que me singaría a solas, me llevó al baño y me hizo agarrarme al lavabo para cogerme allí de pie. Yo hubiera preferido una cama pero al parecer Lucas estaba acostumbrado a coger un culo así, apurado en algún baño. Yo trataba de moverme, de decirle cosas, de provocarlo y bueno, al fin la tortura llegó a su fin cuando se vino pero adentro sin sacarla. El muy cabrón entonces llamó a Nelsón para decírselo, supuse que le iba el asunto ese de que yo era el traga leche. Nelsón llegó, se arrodilló detrás abriendo mis nalgas y empezó a lamer y chupar mi culo para sacarme la leche, cuando creyó que la había recogido toda me la dio en un beso largo y pasional. Lucas nos dejó allí besándonos con pasión.
_ ¡Quiero que me singues ahora tú! ¡Lentamente, con pasión, papo!
            Le dije cuando me di cuenta que tenía la pinga bien dura. Nos metimos en la ducha, abrió la llave y el agua fresca nos empezó a caer encima. Se sentó en el suelo y yo sobre él, cabalgándolo, besándolo, mirándolo. Fue un sexo rico, muy pasional como el que verdaderamente había entre los dos muy a parte de cualquier orgía o capricho. Allí estuvimos, cuando los otros quisieron entrar no pudieron porque la puerta estaba cerrada por dentro. Hicimos el sexo como verdaderos amantes. Cuando salimos, ya Lucas se había ido, quedaba Sergio que era el dueño de la casa.
_ ¡Coño, qué aguante tiene este nene que te has echado!
            Comentó con cierta sonrisa, después nos sentamos a beber algo y como ya era tarde, Sergio nos invitó a quedarnos. Claro que agregó que le gustaría echar un palo más antes de dormirse si se lo permitían. Nelsón me pasó la bola diciendo que eso dependía de cómo me sentía yo, que a la vez se la devolví diciéndole que eso dependía de él que era mi marido.
_ ¡Pues que no se hable más, sólo que te lo singas en la cama y delante de mí!
            Fue la condición que puso Nelsón, nos fuimos al dormitorio, grande y con una cama grande y un espejo igual de grande en la puerta del escaparate al lado de la cama donde todo se veía a la perfección. Nos acostamos, Nelsón se apoyó en la cabecera con las piernas abiertas para que yo me pusiera allí. Me acarició la cabeza diciéndome que aguantara un poco. Sergio abrió mis piernas y empezó a dar lengua, yo perdido me sentí y más con lo sensible que tenía esa zona ya, Nelsón me decía que lo gozara bien. Pensé que sería eso lo único porque pasaba el tiempo y nada, él seguía dando lengua en mi culo. A Nelsón ya se le había puesto algo dura, yo había empezado a darle besos, caricias cuando sentí que me untaba algo frío y me penetraba. Suspiré aguantando el aliento hasta que no sentí el pubis peludo de Sergio en mis nalgas. Fue una singada lenta, rica que disfruté bien. Sergio no siguió lo impuesto por Nelsón, se vino adentro y se quedó un rato sobre mí.
_ ¡Te voy a perdonar esta! ¡Te dejo que te quedes con la leche de él dentro!
            Fue el dictamen que dio mi marido, después dormimos tranquilos los tres.
            La relación con Nelsón fue durante un tiempo bastante bien, aunque cada vez él buscaba más aventuras y terceros o cuartos por lo que comencé a sentir que algo empezaba a separarnos poco a poco. Además ya me estaba sintiendo cansado de ser el “traga leche”, no sólo la de él sino la de sus amigotes. Ya me aburría y casi me era insoportable sentir el sabor del semen en mi boca. Se lo comenté una noche después de tragarme su leche, le dije que no podía más así. Su respuesta fue algo brusca en ese momento, me dijo que para eso yo era maricón, que aguantara. No me gustó aquella salida de él, porque en realidad esperaba más comprensión de su parte. En una de las ocasiones que fui a mi casa, pues no regresé, traté de alejarme lo más posible. Él llamó a la casa de los vecinos, conversamos algo aunque le dejé bien claro que no quería regresar y fue cuando me dijo que entonces vendría a buscarme. Fue cuando le dije que iría y esa misma noche fui a su casa. No estaba sólo, allí estaba Sergio, que se alegró de verme. Ya ellos estaban más o menos casi desnudos, me invitaron a desnudarme. Traté de oponerme diciendo que tenía que irme. Fue cuando recibí la primera cachetada por la cara, Nelsón de manera brusca me llevó al dormitorio y me tiró en la cama.
_ ¡Óyeme bien, maricón de mierda, de aquí no te vas hasta que te singuemos!
_ ¡Suéltame!_ le grité.
_ ¡Tú has venido a por leche y la vas a tener!_ volvió a amagar como si me fuera a pegar.
            Sergio intervino diciendo que no era necesario, que todo iba a salir bien. Me abrazó diciendo que Nelsón estaba encabronado porque yo lo había dejado sin darle una explicación, que estaba muy preocupado por lo que pudiera pasar. Sergio me hablaba y acariciaba, caricias que fueron convirtiéndose en un desnudarme poco a poco. Cuando Nelsón entró en el dormitorio de nuevo, ya ambos estábamos desnudos y Sergio lamiendo mis nalgas. A Nelsón le gustó aquello, se nos unió sin rencor alguno. Me entregué a ambos, Sergio después de ensalivar bien mi ojete se encargó de llenármelo con su pinga, mientras yo tragaba la de mi mulato.
            Una cosa muy rara fue que mi marido se vino antes que Sergio, cosa bastante rara porque él tenía aguante. Yo estaba sorprendido cuando sentí que se venía y me llenaba la boca de semen mientras agarraba con fuerzas mi cabeza.
_ ¡Mamí, no sabes las ganas que tenía de sentir mi pinga en tu boca! ¡Me has sacado la leche en nada!
            Dijo cogiendo mi cara mientras me miraba a los ojos, después medio un beso pasional para que no me cupiera la duda de que me amaba. Pero acto seguido pasando a cosas más reales, le dijo a Sergio que lo dejara singar un rato y cambiaron de sitio. Yo volvía a ser el mismo de antes, el objeto del deseo de ellos, de los machos como me había dictaminado William.  Nelsón y Sergio se fueron turnando mientras me daban pinga sin consideración, caña dura y limpia. Algo había casi cambiado los dos se vinieron en mi ojete, me di cuenta porque ya me había pasado por la mente lo de siempre.
            Sergio se fue y cuando nos quedamos solos, Nelsón abrazándome me dijo que le perdonara, que estaba muy enfado con mi partida. Aceptó que en lo adelante nuestra relación cambiaría hacia lo mejor, que si a mí no me gustaba tanto tragar leche pues haríamos como hacía un rato. Fue una noche de explicaciones mutuas, porque a él le gustaba una cosa, yo la soportaba a medias y no como una costumbre. Me propuso un punto medio entre lo que antes hubo y lo que habría en un futuro.
            La relación con Nelsón duró algo más, volvimos a tener un momento de Luna de Miel, y más cuando decidió hacer un viaje a casa de sus padres que vivían en Las Villas y me llevó consigo. No se me había pasado por la mente que ese viaje en lugar de fortalecer nuestra unión, la destruiría. Aquel viaje lo comenzamos yendo a casa de un amigo que era camionero y que nos llevaría, por lo que el viaje de ida nos saldría gratis, bueno ya al ver al amigo y las miradas que me echó, pues sabía que quien pagaría era yo.
            Así fue, salimos de noche porque viajar se hace más llevadero por el fresco. Cuando cogimos la carretera nacional Tito, así se llamaba el camionero, un tipo delgado y alto, con un bigotico fino; se sacó la pinga. Yo iba, claro, en el medio entre ellos dos. Tito cogió mi mano y la puso en su pinga que era a tener en cuenta por lo larga que era. Sentí la piel tersa, suave y cómo se le ponía dura al tacto.
_ ¡No sabes lo que me gusta que me la chupen mientras manejo!
            Fue la invitación franca que me hizo, miré a Nelsón que me insinuó con un movimiento de la cabeza que actuara. Traté de acomodarme y empezar a chupar aquel pingón largo. Por un lado no siendo tan gorda era fácil aunque el lado malo era que siendo larga pues entraba sin problemas hasta la garganta. Por suerte ya tenía mi experiencia y sabía cómo hacer para que la pinga no me diera arqueadas y así gozar los dos. Al rato dijo.
_ ¡Vamos a parar porque quiero singarme a tu gente! ¡Uf, me tiene loco, oye…sabe mamar bien porque mira que me la han mamado pero así de tragársela toda, pues tiene el uno!
            Paró en uno de esos paraderos, bajamos, a Tito se le notaba por encima del pantalón. Aquello estaba muy oscuro por lo que nos adentramos en los matorrales mientras Nelsón se quedaba en el camión cuidando. Cuando caminamos un poco me dijo:
_ ¡Ya aquí está bien!
            Empezó a  sacarse el pingón, yo me bajé los pantalones y escupiendo mi culo empecé a lubricarlo.
_ ¡Coño, qué buen maricón eres que tú mismo te ensalivas el ojete! A ver, déjame tocar un poco antes de darte pinga…
            Estuvo un rato tocando mi ojete, ensalivándolo, hasta que me dijo que me abriera las nalgas que me la metería. Así lo hizo, aunque todo iba bien daba la impresión que no llegaba a meterla toda. Singamos rico, de verdad que me sentí bien, cómodo porque además de todo sabía singar y dar gusto. La verdad que no sé cuánto tiempo pero me pareció bastante, se vino y sin salirse de mí me hizo la paja mientras me besaba y murmuraba cosas al oído. Regresamos al camión donde nos esperaba Nelsón, Tito le dijo que si quería él se quedaba y esperaba mientras sigábamos, pero mi amante prefirió que se la chupara mientras íbamos por la carretera. Así fue, tuve que chupársela hasta que se vino en mi boca.
_ ¡Cojones, qué mamada más rica! Ya se me pone dura de nuevo.
_ Pues mi gente es un buen culo pero le gusta tragarse la leche…, es un ternero.
            Vaya con lo que decía, ahora había resultado que era yo el aficionado a tragar semen cuando era Nelsón quien había impuesto aquel modo. En fin, ya me veía yo de nuevo con Tito para satisfacer su deseo de nuevo. Por suerte Tito propuso que antes de llegar a Santa Clara pararía de nuevo. Yo dormí algo hasta que me desperté cuando se detuvo y sentí que Tito me daba unas palmaditas por el hombro para que me despertara, Nelsón siguió medio dormido allí en la cabina. Caminamos un rato en busca de un sitio apartándonos de la carretera.
_ ¡Oye, me has dejado medio loco! Se ve que te gusta lo que haces. Lástima que estés en manos de este tipo, ese no te va a dar nada bueno, te va a usar…yo con mi gente no haría eso ni se la daba a nadie ni nada, para mí mi amante es mío y ya. Si fueras mío, te llevaría aquí…
            Me dijo mientras me enseñaba la palma de la mano que yo tomé y se la besé. Esta vez tuvimos un sexo pasional, primero que se acuclilló para mamarme el culo mientras murmuraba que le había vuelto loco que me había quedado con su leche dentro, me poseyó con pasión, besando, acariciando y sobre todo teniendo en cuenta lo que sentía yo. Igual que la vez anterior me masturbó.
_ Así me gusta, ¿te vas a quedar con mi leche?
_ ¡Sí, papo, sí!
_ ¿Veo te gusta que te deje preñado cada vez?
_ ¡Sí, mucho!
_ ¡Óyeme bien! Me gustaría que fueras mi pareja, que dejaras a ese tipo que no te va a dar nada. ¡No me digas nada ahora! Cuando regreses a La Habana, búscame en mi casa, ya sabes donde vivo, de todas  maneras coge mi teléfono.- me dio un papelito- ¡Mi vida, si decides que sea tu marido, no te vas a arrepentir!
            Llegamos al camión, Nelsón estaba fuera esperando.
_ ¡Vaya, que le has cogido el gusto a mi maricón traga leche!
            Aquella frase sonó vulgar y fuera de tiempo, intercambiamos una mirada. Nelsón me arrastró hasta los matorrales para singarme mientras me prometía reventarme el culo a pinga limpia. Allí a la vista de Tito me hizo bajarme los pantalones y me singó, yo miraba a la cabina del camión donde estaba Tito, sabía que nos miraba porque había encendido un tabaco y cada vez que daba una chupada, su rostro se iluminaba y yo veía sus ojos. Nelsón igual sabía que él nos miraba y sobre todo cuando iba a venirse sacó su rabo y me lo metió en la boca para echarme la leche dentro de la boca. Ya de regreso me comentó.
_ No creas que soy tonto, te ha gustado ese bujarrón camionero, pero él ha visto lo que eres, una puta limpia pinga.
            En el camino Nelsón se jactó de las travesuras que había hecho conmigo, empezó desde el día en que me conoció y aquella vez en que me singó, por segunda vez, en un baño público. Estaba claro que lo que quería era ponerme mal delante de Tito que a veces comentaba algo, decía que singar no era un delito. Ya casi cuando llegábamos Tito le dijo:
_ Pues mira, chico, yo a mi gente no se la daría a nadie para singar ni mucho menos la pondría en ridículo delante de nadie y si mi gente es muy puta, pa´eso me basto yo y pa´darle to´a la pinga que quiera. Ese chico es un tesoro y no lo estás cuidando…
            Nos dejó en la plaza y claro, Nelsón estaba que ardía, porque lo que había dicho Tito era verdad. Para mí ya estaba claro que lo nuestro se hundía y Nelsón trató de ayudar en lo posible. Llegamos a casa de un primo suyo, donde me quedaría yo porque él se iría a casa de los padres. El primo que también entendía pues ya cerrando la puerta me invitó a que se la mamara y le diera el culo.
_ Mejor más tarde, ya me han singado dos veces hoy, estoy muerto.- le dije a modo de escusa.
_ ¡Oye, mariconcito, si te han singado ya dos veces, pues eso es que eres maricón, una tercera no te va a hacer nada! ¡Qué pa´eso eres maricón, pa´que te singuen!
            Aquel guajiro de mierda se vino dos veces sin sacarla, yo ya estaba harto, no iba a decir que adolorido porque no, pero harto de aquel baboso grosero que hablaba igual que Nelsón. Por fin me dejó tranquilo a que me duchara y me acostara a dormir algo. Dormí poco, de día me cuesta dormir y con los ruidos menos.  A eso del medio día, alguien abrió la puerta y entró un tipo, bueno, un negro, que me dijo que la llave se la había dado El Papo, así le decían al primo de Nelsón, y que venía a singar, que estaba loco por singarse un blanquito como yo.
            ¿Qué iba a hacer? Pues nada, ya estaba allí y además no lo voy a negar, el negro mientras hablaba se manoseaba el paquete. Al menos este sí lo disfruté, porque negro al fin estaba bien dotado, gruesa, grande y con ganas de dar leña. Yo me encargué rápido de su pinga y él de mi culo, lo lamía, lo mordía, metía su lengua. Después me hizo sentarme sobre él, después la sacó y volvió a mamarme el culo, y así muchas veces. Me singaba por un rato y la sacaba para darme lengua. Este se vino igual dos veces, la primera dentro y la segunda me pidió echármela en la boca. Caímos muertos los dos en la cama, nos quedamos dormidos los dos allí abrazados hasta que nos desertó la voz de Nelsón.
_ ¡Coño que no se te puede dejar sólo! Ya estás quemando petróleo.
            Entró a la habitación y saludó con un abrazo al negro y dándome una nalgada le dijo:
_ ¡Ya has visto lo que les he traído! ¡Tú sabes que yo no traigo cosas malas!
_ ¡Uf…qué blanquito más rico! ¡Si aquí los hubiera así, macho, que da cintura como el mejor y mama!- dijo el negro sonriente.
_ ¡Pues, mira, aquí lo tienen, yo estaré en casa de los viejos! Está aquí para que lo vacilen bien.
            No me gustó aquel tono porque no se dirigió a mí sino al socio, después me dijo algunas cosas y se fue de nuevo.
_ Me llamo Polo…, oye, me gustas un cojón.- me dijo el negro cuando estuvimos solos.
            Polo resultó ser mejor que El Papo, el primo, por la noche vino de nuevo y me invitó a salir a dar un paseo y enseñarme la ciudad. Resultó que trabajaba en la Casa de Cultura, era pintor, fuimos hasta su casa, me enseñó sus cuadros y los cuadros de desnudos y sexo que tenía.
_ ¡Quiero pedirte una cosa!
_ Dime
_ ¿Déjame singarte delante de un espejo para poder pintarte? Yo retengo en mi mente y hago un dibujo rápido…
            Yo asentí, buscó dos enormes espejos, uno lo puso delante de mí y otro de costado diciendo que quizá saldrían dos cuadros. Nos desnudamos y comenzamos nuestro ritual, yo miraba a veces al espejo, y cuando me poseyó miraba al espejo que tenía delante pero él me dijo que no mirara mucho, que gozara, que le interesaba ver mi cara de goce, satisfecha. Cuando se vino, todavía con la pinga parada se fue a pintar los esbozos de los dos cuadros. Aquella noche me quedé allí con él, se lo pedí sabiendo que no me lo iba a negar. Le dije que El Papo no me gustaba, que era un poco bestia y él aceptó a que me quedara. Eso sí, fue a la casa del otro a decirle que me quedaría en su casa. Regresó un poco enfadado porque había discutido con El papo.
_ ¡Mira, a mí casi no me conoces y a El Papo sí! Mejor me llevas a su casa y quedamos bien. ¿Qué se le va  a hacer? Tendré que soportarlo…pero no quiero que por mi culpa te pelees con él.
            Mi sinceridad le conmocionó, y no me dejó ir alegando que si yo había decidido quedarme allí, pues eso era ley. Que ellos a veces compartían amantes y si alguno decidía irse con el otro, pues estaba claro. De todas maneras por la mañana tocaron a la puerta, Polo me dijo que me quedara quieto, que se imaginaba quién era. En efectivo era Nelsón y el primo, los escuché discutir por mí, Polo les repetía que me había acompañado a la estación y había cogido un carro para La Habana. No faltó poco para que se fueran a las manos, incluso yo estaba dispuesto a salir y darle la cara a Nelsón pero la discusión se terminó de pronto, escuché el portazo y enseguida entró Polo. Se acostó abrazado a mí.
_ ¡Coño, cómo es posible que una gente como tú se haya enrolado con ese par de mierdas!
            Tenía mucha razón, de verdad que empezando por Nelsón con sus cosas y el otro, pero ya había comenzado el final de esa historia y me alegraba muy a pesar de que había terminado bastante mal. Polo y yo hicimos el amor despacio, llenándonos de caricias mutuas, de placer, gozando uno del otro. Un sexo de esos  que se recuerdan siempre aunque no haya pasado nada a contar. Fue un momento que siempre recordaré, aquellos ojos, aquellos labios oscuros bajo aquel bigote, su sexo oscuro, nervudo, grande, sus huevos colgando, su sonrisa.
_ Lástima que regreses a La Habana y te pierda…
_ ¿Por qué dices eso?
_ Me gustaría que fueras mi gente…, te voy a confesar algo…, mira que he singado pero como lo he hecho contigo, todavía no.
            Fue linda aquella conversación pero la realidad se nos echaba encima, yo me tenía que ir, primero por Nelsón y el hermano, después porque allí en provincia no haría nada ni podría continuar mis estudios. Ese día estuvimos hasta el medio día despidiéndonos, después me acompañó hasta la estación y por suerte cogí una guagua interprovincial. Le prometí que regresaría, que nos llamaríamos o escribiríamos. Tuve bastante tiempo para pensar en el camino sobre mí, sobre Nelsón y las mierdas que me iba haciendo, claro que culpa tenía yo porque no me opuse sino que hacía lo que le venía en ganas. Pero el paso que había dado, estaba justificado y más que ya no me sentía cómodo con aquel estatus de “el traga leche”.
 
Capítulo once
Sobre ruedas
            Estaba claro que no quería tener nada más por el momento ni mucho menos meterme en alguna relación o compromiso, la última me había dejado algo vacío o decepcionado de todo. Por supuesto que Nelsón trató de comunicarse conmigo, llamando por teléfono o mandando recados con los amigos o conocidos. Yo simplemente no respondía a ninguno de sus recados y si me ponía al teléfono al escuchar su voz, decía con voz monótona que se había equivocado de número. Mi reencuentro con Tito, el camionero, fue casual porque muy a pesar de tener su dirección, era de la opinión que no debía tener ningún tipo de relación con nadie de aquel ambiente de mi ex pareja. Estaba yo en La Lisa esperando la guagua como siempre que no pasaba, cuando alguien se me acercó, era Tito que me había visto cuando pasaba con su camión y que lo aparcó en una calle cerca y había venido a saludarme.
_ ¡Coño, qué casualidad! Menos mal que te vi.
            Nos dimos las manos como si de dos amigos se tratara. Me explicó que me vio de casualidad y me invitó a ir con él hasta el camión porque allí no podía dejarlo por mucho tiempo. Me dijo que llevaba una carga a Pinar del Río que si quería ir con él para acompañarlo, para que los “amarillos” no le metieran a  nadie en la cabina y para hablar de nosotros. Al principio no supe que decirle, él me calmó que ya sabía lo de mi ex y yo, reafirmó que era lo mejor que podía haber pasado.
_ ¿Sabes? No eres el primero ni el último a quien Nelsón le jode la vida y engaña…, no eres el primero que me singo cuando llevo a Nelsón a su tierra. Aunque sé que no deba decirlo, él me paga el viaje dejándome a su gente, pero tú eres diferente…., se te ve por encima que no eres la mierda que le rodea.
_ ¡Mira, Tito! Dejemos de hablar de ese, ya bastante me hizo…
_ ¡Okey, mi nene, no se habla más de él!
            Subimos al camión porque de todas maneras Tito no me había hecho nada malo y me caía bien, amén de que con él el sexo era diferente. Como el camión iba cargado y en la cabina sólo había espacio para dos, los “amarillos” no pudieron meter a nadie en la cabina aunque cuando fuimos a Las Villas íbamos dos, pero la cabina era para dos. La tarde caía cuando tomamos la autopista rumbo a Pinar del Río, por suerte en la radio ponían buena música y nosotros conversábamos de mil cosas a la vez sin hacer caso al deseo que a ambos nos minaba por dentro. Yo le conté lo que había pasado en Las Villas con Nelsón, el primo y que el amigo me había ayudado a huir porque realmente fue una huída. Tito dio dos piñazos en el timón.
_ ¡Cojones, maricón de mierda! Yo tenía que haberte llevado conmigo…
            Yo le dije que no se pusiera así, que todo había quedado atrás y que le agradecía la manera en que se había portado conmigo, los consejos y sobre todo que debía haberlos seguido para evitar aquel mal momento.
_ ¡Mira, yo mantengo lo que te dije en cuanto a que seas mi gente! Ahora tú mismo decides lo que quieres hacer…, sé que no te esperas una propuesta así pero te lo digo de corazón. Te pido que seas mío, primero porque veo que eres un tipo leal y buena gente, segundo porque nosotros dos disfrutamos rico aquel día.
            No me esperaba una declaración así, en plena carretera con aquel tipo machote, aunque delgado, en él todo era virilidad. Lo miré y sonreí, me gustaba su bigote, sus ojos oscuros, su nariz, su manera abierta y clara de decir lo que pensaba, me gustaba su sexo. Alargué la mano hacía su entre pierna para agarrar su pinga.
_ Si tú lo deseas, lo será…
             Suspiró con fuerza, apretó mi mano con la suya.
_ Sabes que me gustas, que me volví loco desde aquel día en que singamos…No soy de enamorarme así como así, pero de verdad de los que he singado, tú me has llegado hondo. Te lo juro, después de ti no he singado con gusto….y lo mejor, sabía que nos encontraríamos porque supe que te habías dejado de Nelsón. Él vino a mi casa a saber si tú estabas conmigo o no. Se lo dejé bien claro que si te encontraba, iba a hacer todo lo posible para que seas mi gente.
            Quería darle un beso, pero le tomé la mano y se la besé. Vi en su sonrisa que le había gustado mi gesto. Después sabría más de ese gesto que para mí era normal y que él lo había interpretado como sumisión total hacia él. En la primera oportunidad que tuvo aparcó el camión girando por un camino, ocultándolo de la carretera, ya casi oscurecía. Me atrajo hacia sí para darme un beso en la boca, un beso pasional, dulce y sabroso. Después yo mismo me encargué de desabrochar la portañuela y sacar su pinga larga que empezaba a ponerse dura.
_ ¡Trágatela toda para que cuando se me pare la tengas toda adentro!
            Así hice, metí en mi boca su pinga tratando de que al pararse fuera adaptándose dentro de mi garganta.
_ ¡No sabes las pajas que me he hecho pensando en este momento y lo ricos que mamas!
            Yo empecé a mover mi lengua masajeando su pinga, la sacaba y saboreaba su glande y volvía a tragar todo de nuevo. Le acariciaba los huevos, cuando sentía que mis labios tocaban el tronco de la pinga, apretaba un poco los dientes para darle una suave mordida. Estuve chupando su pinga hasta que se vino, empezó a gemir, a decir que se venía y yo intensifiqué mis caricias y mamadas. Se vino en mi garganta, y cuando saque su pinga que seguía dura y chorreando semen, la lamí como si se tratara de un helado. Nos besamos.
_ ¡Nene, sé que no te gustaba tragarte la leche! Pero quiero que sepas que a cualquier macho eso le encanta. A mí me vuelve loco…, lo que has hecho es lo mejor.
_ ¡Papo, lo sé, lo sé y me gusta hacerlo cuando a mi macho le gusta!
            Mi respuesta le gustó, nos besamos y me pidió que me desnudara y me acostara boca bajo en la cabina. Lo obedecí y quedé así esperando a que me poseyera. Antes me lamió mi ojete, mientras murmuraba “¡cojones, cómo me gusta!”, “le voy a dar mantenimiento todos los días” y muchas cosas más. Yo no pude más y le pedí que me penetrara.
_ ¡Cojones, eso me vuelve loco, que me pidan pinga!
            No me hizo esperar y despacio después de lubricarme con saliva, me penetro. Se abrazó a mi besándome y acariciándome, tuvimos un sexo largo porque ya se había venido por lo que venirse una segunda vez, le llevó su tiempo. Todo el tiempo en la misma posición, él encima de mí entre mis piernas bombeando con su pinga larga y haciéndome jadear de placer. Cuando se vino, estuvo un rato dentro de mí y me pidió que no me masturbara, qué él se encargaría de que me viniera. Hizo algo que pocos hacen, empezó a mamarme mi pinga mientras que con sus dedos jugueteaba en mi culo recién singado. Me corrí rápido en su boca, él se incorporó sin decirme nada para besarme, pensé que me devolvería mi semen pero no fue así porque se lo había tragado.
            Al rato continuamos nuestro camino ya de noche, hablábamos de nuestros planes, él quería que me fuera a vivir a su casa porque le hacía falta alguien que se ocupara de los quehaceres y de él. Que podría ponerme como ayudante e iría a todos los viajes con él haciéndole compañía en todo. Hablaba y hablaba, hacia planes en los que yo entraba. Eso me gustaba porque contaba conmigo.
_ ¿Qué es lo que te gusta de mí?- me pregunto de sopetón, yo pensé un poco.
_ Me gustas completo…, me gusta que eres viril, macho, bien macho. Tú bigote me encanta y tus labios, tus ojos. Me gusta cómo eres, como hablas y como singas. No te lo voy a negar, me gusta tu pinga, tus cojones, el sabor de tu leche y tu saliva…-él sonreía.- Me gustó mucho cuando te vi fumar un puro, ¿te acuerdas?...
_ ¡Sí, me acuerdo bien que mientras ese te cogía el culo, tú me mirabas! En ese momento decidí que fueras mío.- me besó.- ¿Te gustó verme fumar?
_ Mucho.
_ Entonces te daré ese gusto…, te dejaré mamar mientras yo fumo, ¿te gustará?
            Le dije que nunca había hecho eso pero que me atraía, aunque recuerdo a aquel negro de Güira que fumaba puros, pero bueno, era mejor decirle que no.
_ Pues, tú me gustas porque no tienes pluma, no eres afeminado sino más bien machote…eso me pone a mil, ver que me singo a un macho y no a una loca. Me gusta como mamas, eres un loco dando lengua y chupando, y tu culito, uf… ¿sabes? Lo que tienes por culo es mucho, estrecho, tragón, caliente, rico… y lo mejor es que te gusta que te den pinga, la gozas, la disfrutas a tope…
Después de aquella confesión me dejó a que durmiera un rato, me desperté cuando se detuvo el camión en una cafetería. Bajamos a tomar café, a mear y a estirar un poco las piernas. Fue entonces cuando encendió un puro, mientras daba los chupetones para encender el fuego, me miraba, con esos ojos picantes. Comprendí su intención, le sonreí y él se sintió contento de que hubiera esa química entre los dos. Nos fuimos al camión que estaba apartado, además que no había casi nadie en el parqueo. Él se acomodó en su asiento con su piernas bien abiertas y yo me encargué de sacar su pinga que antes de empezar a mamar, acaricié mientras lo miraba.
_ ¡Vamos, nene, haz lo que sabes hacer!- me animó.
            Costaba trabajo en la cabina hacer una buena mamada. Él lo comprendió bien y me invitó a salir afuera, en la oscuridad, del otro lado de donde estaba la cafetería, se recostó al camión ofreciéndome su miembro largo y duro. Yo me arrodillé y empecé a tragarme todo aquel trozo de pinga. Él tomando mi cara me dijo:
_ ¡Nene, quiero que me mires mientras me mamas!
            Fue algo emocionante, ver como a cada chupada que él daba al puro, se iluminaba su cara, me acariciaba la cabeza, me decía cosas agradables. Yo me sentía bien, sobre todo aquella situación me gustaba, me daba ánimos.
_ ¡A ver, mi nene, súbete en la cabina y bájate los pantalones! Quiero comerte ese ojete rico y fumar…
            Así hice, me bajé los pantalones y me doblé sobre el asiento quedando fuera mis nalgas y piernas. Sentí como me acariciaba, sentí el humo que me echaba y su lengua que lamía mi culo.
_ ¡Qué rico lo tienes, bien mojadito de mi leche!
            Volvía a comer mi culo, a besar mis nalgas, a echar bocanadas de humos en mi ojete. Era una locura aquello, yo me sentía en el quinto cielo y supongo que él también. Al rato me dijo que me iba a singar, que no podía más seguir así. Nos acomodamos en la cabina e hicimos el amor con mucha pasión, me hizo acostarme de un lado para que pudiera verlo con el puro en la boca mientras me daba caña. Parecía que nunca íbamos a terminar, para mí ya había pasado mucho tiempo, pero se vino y después me hizo venir a mí. Se quedó un rato abrazado a mí, me besó, dejándome ese olor a tabaco en los labios.
_ ¿Te ha gustado? Nene.
_ ¡Mucho, mucho!
_ Lo hemos tenido que hacer apurado, pero te prometo que cuando tengamos tiempo, la vas a pasar bien…me gusta singar hasta que se terminé el puro.
_ Eso puede ser mucho tiempo ¿no?
_ ¡Sí, mi amor, sí…pero no te preocupes, que te va a gustar!
            No sé si alguien nos habrá visto o no, después nos fuimos del lugar. Habíamos hecho aquello casi a la vista de cualquiera que pudiera haber pasado por allí. Yo dormí como una piedra y eso que debía haberle hecho compañía, pero a Tito no le molestó. Me dijo que se sentía feliz de que su gente se durmiera cansada de un buen sexo. Era cierto, estaba medio muerto de aquellas dos ocasiones. Muy a pesar del poco tiempo que medio entre los dos sexos y lo agotador, me sentí bien, muy bien.
            Habíamos empezado muy bien nuestra relación, porque Tito era muy pasional y cariñoso. El sexo entre los dos funcionaba de lo mejor. Aquel viaje pues fue así, de locura total, de regreso igual tuvimos nuestras locuras apurándonos para llegar a su casa y como me decía él, poder casarnos de verdad, es decir tener un sexo en la cama, de ley y no apurados en el camión o un matorral. Por el camino además de dos botellas de ron, pues compró papas, gallinas, plátanos, para la casa. Llegando me dejó y fue a dejar el camión en el garaje porque como estaban los robos era probable que amaneciera sin ruedas o gasolina. Yo me quedé en la casa, una casa chula, pequeña pero cómoda. Me metí en la ducha mientras llegaba Tito que al rato ya estaba en la puerta del baño desnudándose para meterse bajo el agua.
_ ¡Nene, déjame bañarte bien!
            Me dijo besando mi nuca mientras se agachaba y abría mis nalgas, me besó antes de comenzar a lamer mi culo. Era un experto en ellos, sabía cómo dar placer con sólo rozar su bigote por la piel. Estuvo bastante rato lamiendo, comiéndose mi ojete antes de incorporarse preguntándome si deseaba que me la metiera. Mi respuesta fue buscar a tientas su pinga dura y ponerla en mi culo dándole a entender que lo deseaba.
_ ¡Así, me gusta, me gusta que seas un loco a la pinga!
            Hicimos el sexo con pasión bajo el agua de la ducha, después nos secamos y continuamos en la cama como si fuera la última vez que lo haríamos. Mucha pasión, mucho morbo. La cama crujía bajo nuestro peso y movimientos. Aquella pasión adquiría la dimensión de algo incontrolable, Tito dueño de la situación metía y sacaba su pinga, con la misma me abría las nalgas y lamía, besaba, mordía mi culo que volvía a penetrar despacio unas veces, otras brusca. Yo gemía de goce, me gustaba cómo lo hacía, cómo gozaba él de mí. Su cara me seguía gustando, aquel bigote pequeño, se mordía los labios inferiores de su boca en acto de placer, su mirada fija en la mía. Se vino mirándome fijamente, me besó después mientras me masturbaba para que yo me viniera. Cuando lo hice recogió mi semen con su mano y sacando su pinga de mi culo, empezó a meter mi leche.
_ ¡Quiero que te quedes preñado de mí! Nuestras leches juntas en tu culo…
            Volvió a meter su pinga ya no tan dura y nos acomodamos abrazados en la cama. Así nos quedamos dormidos, yo ni me di cuenta cuando su pinga salió de mi culo. Eso significaba que había dormido satisfecho.
            Empezamos a vivir la vida de compromiso, yo en su casa cuando podía, después de mis clases iba a su casa a esperarlo, tenía la llave. Vivíamos una vida de sexo pleno, era incansable como yo, ambos nos deseábamos mutuamente. Generalmente lo acompañaba en sus viajes a las provincias si podía, viajes marcado por esas travesuras sexuales que hacíamos. Porque, aparte de todo, hacíamos muchas locuras en la carretera o en las paradas que hacía. En uno de esos viajes cuando íbamos a Las Villas me propuso que visitáramos a Polo, yo le había contado aquella historia. Polo no estaba en la casa, fuimos a la Casa de Cultura y allí lo encontramos, se quedó sorprendido. Me abrazó preguntándome cómo estaba, después le presenté a mí gente que miraba la escena con interés. Nos dijo que lo esperáramos para después ir a su casa.
_ ¡Yo no sé qué hacer! Él quizá se cree que he venido por él…- comenté yo a Tito.
_ ¡Mi amor, tú y yo somos pareja! Eso está claro, no es un problema, además él se comportó bien contigo y eso hay que tenerlo en cuenta.- yo me quedé algo confuso y él agregó.- Sé lo que estás pensando, mira, si se da un trío, pues no pasa nada y no va a cambiar nada en nuestra relación.
            Había quedado todo claro después de nuestra conversación, Tito como siempre se comportaba bien. Polo se nos unió y fuimos a su casa. Sacó cervezas y nos llevó al estudio para mostrarnos los cuadros que había hecho cuando yo posé, aunque posamos los dos en realidad. No eran dos cuadros, había un sinfín de dibujos en papel, bosquejos, y cuadros pues había cinco. Tito le pidió a Polo que nos pintara y éste aceptó, se sabía de antemano que diría que sí. Nos desnudamos y Tito se sentó desnudo después de encender un puro y me dijo que empezara a mamar. Polo acepto fumarse un puro igual y al rato me vi con los dos fumando mientras yo les chupaba la pinga a ambos por turno.
_  ¡Ya basta de mamar, pon ese culito rico que te vamos a dar pinga y leche!- me dijo Tito.
            Me vi allí singado por turno por los dos, uno daba al otro el sitio y así hasta que Tito empezó a decir que se venía, cuando lo hizo le dio paso a Polo que apretó en sus embestidas para venirse también. Cuando terminó y sacó su pinga, la leche empezó a salírseme y Polo con su pinga la recogía para meterla en mi culo dilatado.
_ ¡Coño, quédate con toda esa leche dentro! – me dijo Tito.
            Yo lo obedecí, me levanté y me puse el calzoncillo, les sonreí sabiendo del orgullo de los dos. Todo macho sentía orgullo de que su gente se quedara con la leche dentro, lo sabía y al menos les di ese gusto, aunque al ser dos los que habían dejado su semen en mí, este empezaba a bajar y querer salir. Aquella noche dormí bien entre los dos, aunque parezca molesto dormir así, cuando uno te abraza, el otro te roza o cruza un pie por encima, dormimos bien más por el cansancio que otra cosa. Al amanecer, Tito se levantó temprano y me dijo:
_ Mira, vamos a hacer una cosa, yo tengo que ir a echar gasolina y llevar la carga a Trinidad, salgo ahora mismo y tú te quedas con Polo…- viendo la sorpresa que provocaba entre nosotros dos, Polo al igual que yo había quedado sorprendido, sonrió. – Mira, este negro es de ley, es buena persona y le gustas, no soy ciego, mejor te quedas con él y yo te recojo a la vuelta.
_ Pero…
_ Nada de peros que valgan, te quedas con él y ya… ¿verdad?
_ ¡Mira, chico, si tu marido dice que te quedes, pues hazle caso!- intercedió Polo con jocosidad.
            No se discutió mucho, al parecer la partida ya había sido decidida con antelación. Prometió regresar al segundo día dándonos ese tiempo para nuestro idilio o pasión. Todavía no había arrancado el motor del camión cuando ya tenía encima a Polo embistiendo sobre  mis nalgas mientras mordía mi nuca. Escuché que arrancó y se iba mientras Polo se ocupaba de mi ojete, singamos como siempre, con deseos o ganas locas porque no iba a negar que no me gustaba aquel tronco de negro. Me gustaba mucho y él lo sabía bien. Por la tarde nos fuimos a dar una vuelta, nos encontramos con el primo de Nelsón que se nos acercó con su descaro acostumbrado.
_ ¡Vaya, vaya, pero mira quién está por aquí! – dijo mientras le daba la mano a Polo. _ ¿Qué me cuentas?
_ ¡Na´todo bien! ¡Ya ves!
_ Ya veo, ya veo…. ¿así que te has quedado con la putica de La Habana?
_  ¡Vamos!, deja eso ya…
_ ¡No por mí, nada…te lo puedes comer to!- le dijo mientras me miraba con cierto odio.- Pero recuerda que esta perla le gusta que lo singuen bien… ¿o se te olvidó cómo lo conociste?
_ No, no se me ha olvidado y yo me lo singo bien, como a nosotros nos gusta.-le dijo mientras me abrazaba.
            Se fue y seguro que rabiando, porque ni una palabra le dije a todas su provocaciones. Polo me comentó que había hecho bien, que ese tipo era tan mierda como el primo, los dos eran un asco de gente. De todas maneras aquel encuentro nos aguó el paseo, al rato a Polo se le ocurrió que iríamos a visitar a un amigo de él, claro si yo quería. Acepté porque al menos era tratar de olvidar algo a aquel estúpido. El amigo vivía en las afueras, en una finca pequeña, y según Polo era muy buena gente.
_ ¡Lucas, para servirte!
            Fue lo que me dijo cuando me dio la mano, a Polo le dio un beso. Lucas resultó ser un tipo interesante, mayor, tendría más de cincuenta, porque se le veían las arrugas y desde el inicio supe que había sido la pareja de Polo durante mucho tiempo y que ahora les unía una buena relación. Hablamos de mil cosas, Lucas era alfarero, nos mostró mil cosillas de cerámica que había hecho y que estaba haciendo. Al rato comimos una merienda, bebimos cerveza y nos fuimos. Ya en la casa le dije a Polo que me había gustado mucho su ex pareja, que parecía una gente preciosa. Polo lo confirmó, y me contó que vivieron juntos durante mucho tiempo pero que Lucas nunca pudo decidirse vivir con él porque temía lo que dijera la familia, antes vivía con la madre, ahora con una hermana, por lo que siempre habían ocultado su relación y eso fue lo que acabó convirtiéndolos en amigos ya que no podían ser amantes.
            Regresamos a la casa para dedicarnos a hacer el amor, esta vez un sexo largo, despacio, Polo se preocupó mucho en que me sintiera bien cómodo. Estuvimos casi toda la noche entre caricias, besos y sexo, sobre todo sexo porque Polo no salía de mí, se mantenía pegado a mí sin salirse siquiera. Yo me sentía contento, feliz, teniendo un amante tan pasional. Claro que al día siguiente no apareció Tito, ni tampoco al cuarto. A mí me preocupaba aquella demora, Polo trataba de calmarme, diciéndome que seguro le dieron alguna carga para Oriente pero no creo que el mismo creyera aquella historia. Muy a pesar de que aquellos días no me falto su amor, sus caricias, su deseo y por qué no decirlo, su pinga dura y grande; al final decidí irme por mi cuenta. Polo algo entristecido me reprochó que era la segunda vez que le dejaba así.
_ Vaya que suerte la mía, nos conocimos porque me dijeron, ve y singátelo, después entre nosotros hubo mucho más que buena química, pero te tuviste que ir…, mira, cosas de la vida, volviste ya con otra gente, volviste a mí y de nuevo tu gente te ha dejado plantado conmigo.
_ ¡Bueno, es que…no sé!
_ ¡Eso lo sabrás a su debido tiempo! Pero piensa, mi amor, yo te quiero y no te voy a dejar plantado por nadie. Hazte mi gente…
            Guardé silencio, comprendía lo que me decía aunque no iba a decidir algo así a la ligera porque los cinco días que había pasado con él allí habían sido como una luna de miel, un sueño.
_ ¡Mira, papo, no te voy a mentir! Ya veo que el destino nos pone uno delante del otro…
_ Por eso tenemos que probarlo…-me interrumpió.
_ Mira, primero tengo que aclarar esto, saber qué ha pasado y además, me he ido de mi casa y no saben nada de mí…, tengo que ir a  mi casa. Compréndeme.
_ A ver, te comprendo si me prometes que vendrás dentro de unos días.
            Me besó, me gustaba aquel negro tierno, rico, suave y viril. No tuve que recoger nada porque nada había llevado. Me acompañó por segunda vez a la estación de autobuses y me acompañó hasta que me fui, nos despedimos con un abrazo mientras me susurraba en el oído que regresara, que me iba a esperar.
            De nuevo me vi huyendo de esa ciudad, no sé cuál sería el secreto pero por segunda vez me veía envuelto en ese tipo de situación, me sentía deprimido, porque por se repetía la historia y Polo de por medio se quedaba con las ganas de que me quedara junto a él. ¿Quizá sería él la persona ideal? No sé, dudaba tanto, mil ideas se me agolpaban en la cabeza. Dormí un rato, me desperté cuando el autobús hacía una parada en una cafetería para que la gente estirara las piernas o fumaran o fueran al baño. Bajé no con mucho ánimo, pero era mejor ir a mear que después fajarme con el chófer para que parara en algún sitio. Caminando al baño me pareció ver el camión de Tito, simplemente fue como una corazonada de que era ese su camión, como había tanta gente en la cola del baño, me llegué para comprobar que sí, aquel era el camión de Tito, estábamos ya en San José. Miré a mi alrededor para ver si lo veía por alguna parte, pero no lo vi, no estaba por allí. En la cafetería no estaba por lo que me adentré en el monte que había detrás del baño, caminé alejándome porque mucha gente meaba allí para no tener que hacer aquella cola. Al rato vi a Tito, allí estaba con otro dándole de mamar, me vio y se quedó mirándome sorprendido. Quiso decir algo, separar al mamón pero yo puse pie en polvorosa y me fui. Ya no me importaba mear y por suerte llegué a tiempo porque el autobús ya empezaba a moverse, entré y el chófer me dijo ·por poco te quedas”, ya sentado vi que del bosque aparecía corriendo Tito, nos miramos, él haciendo gestos con la mano y yo como si mirara algo pero sin verlo del todo.
            Aquel fue el punto final de aquella relación, porque estaba claro que de La Villas donde me había dejado, había regresado a La Habana y allí andaba con alguien. Tal vez aquella dura verdad me calmó algo, tengo al menos esa táctica de poder cambiar y mirar lo pasado desde otro punto de vista. Quizá demasiado práctico pero que me servía mucho siempre. Cuando llegué a la capital mientras esperaba la guagua para mi casa, aproveché y llamé a Polo a casa de sus vecinos. Le conté lo que había pasado. Polo se encabronó mucho, me prometió que si se aparecía le iba a romper la cara, me pidió que regresara. Yo le dije que lo llamaría desde mi casa. Nada me impedía irme a Las Villas, de todas maneras no tenía nada en contra de Polo, por el contrario, me gustaba cada día más.
            Ya en el pueblo al bajarme de la guagua me encontré con William que de costumbre estaba allí, como de guardia. Me saludó con alegría, pocas veces tenía mal carácter y siempre todo lo mezclaba con ese deseo impetuoso de hace el sexo que él padecía.
_ ¡Coño, mamí, estaba pensando en ti! ¿Dónde cojones te metes, maricón?
            Siempre tenía un lenguaje así, entre enfermizo y vulgar, pero repleto de deseo sexual. Le conté por encima lo que había pasado, me escuchó sin interrumpirme.
_ ¿Cuándo vas a aprender que tienes que estar preparado para todo? Ya sé que te gusta mucho la pinga y te enamoras de la primera pinga que te metan por la boca y por culo, pero en esto….mira, no hay parejas. No, aquí la gente está para singar. Métetelo en la cabeza.
            Tenía razón William, él era un jodedor de primera y no se estaba con enamoramientos con nadie. Me llevó a un derrumbe que había cerca, nos colamos y nos abrazamos besándonos como unos locos. Yo me arrodillé mientras él se desabrochaba el pantalón y se sacaba ya su pingón morcillón. Empecé a mamársela con ganas, siempre me gustaba, me había gustado siempre y los dos lo disfrutábamos a la perfección. William me decía esas cosas que se le ocurrían sólo a él, y al rato me preguntó que donde quería que me echara el lechazo. Yo no le respondí, me levanté, me bajé los pantalones y me encorvé apoyándome en mis rodillas. Wiliiam sonrió bajito mientras que murmuraba que sabía lo que yo quería, me ensalivó bien el ojete preparándolo para la singada que me esperaba. Cuando me tuvo bien clavado, me hizo volver la cabeza para besarlo, después me dijo en voz baja.
_ ¡Te voy a singar con toda la tranquilidad del mundo! Y tú calladito, sin decir nada, tranquilito y disfrutando…
_ Lo que tú quieras…
_ ¡Psh…, cállate, te dije que no abrieras el pico! No mires, hay uno que nos está mirando, vamos a ver qué hace.
            William estuvo singando sin pronunciar ni una palabra, yo igual, se escuchaba el chasquear de sus embestidas y quizá de nuestras respiraciones algo alteradas. Al rato el tipo que nos estaba mirando salió de la oscuridad manoseándose la pinga por encima del pantalón. No lo conocía, era un tipo flaco y bigotudo.
_ ¡Dile que te de mamar!- me ordenó William sin detener sus movimientos.
            Le hice señas de que se nos acercara, dudo algo al principio pero terminó acercándose a nosotros plantándose delante de mí ya blandiendo su pinga que olía y sabía a salobre. Yo no podía ver nada, primero que el sitio estaba a oscuras, segundo que delante tenía al tipo pero no me hacía mucha falta ver porque sentía todo bien. Me estaban dando pinga por delante y por detrás, como se dice: “pinga por todos los huecos”.
_ ¿Te gusta?- le preguntó William al tipo._ No sabes lo rico que tiene el culo…
_ ¡Oye, yo no estoy en esto! Yo no soy bujarrón…- me dio risa aquella respuesta tan típica, porque si no era bujarrón qué hacía dándome de mamar.
_ Yo tampoco, pero éste es maricón y le gusta la pinga de los machos.- agregó Williams con ese tono tan conocido.
_ Ya lo veo..., maricón tragón de pinga.- dijo mientras me daba unas cachetadas suaves en la cara.
_ ¿Si quieres te dejo que lo singues un rato?_ le propuso William.
_ Yo nunca me he singado a un maricón.
_ Pero el has dado de mamar bien…como si antes lo hubieras hecho.
_ Nunca, es la primera vez…
_ ¿Y te gusta como mama esta maricona?- William seguía hablando y signándome como si nada.
_ ¡Cojones, mama rico! ¡Mama mejor que mi mujer!- dijo mientras me empujaba por la nuca para que me tragara su pinga- Se la traga toda sin chistar, con las jebas que he estado, sólo la cabeza y este, hasta el tronco y lo goza.
_ Ya te lo dije, es maricón y el mejor…
_ Se ve, vi que ni chistó cuando se la clavaste…
_ Es maricón de culo…y de boca…
_ Bueno, cuando termines, me dejas darle por culo…-aceptó el tipo.
_ ¡Mira, chico, ven pa´cá!- le dijo William- ¡Ven y mira cómo lo tengo clavado y cómo hay que darle pinga! ¡Ven y nos turnamos!
            William había logrado lo que quería y que tan bien se le daba, embaucar a la gente en sus líos. El tipo sacó su pinga y se acercó por detrás, sentí que tocaba con su mano mi culo y la pinga de William.
_ ¡Cojones, de verdad que tiene aguante este maricón porque tu pingón es de los grandes!- dijo asombrado.
            William sacó si pinga y le dio paso al tipo que metió rápido su pinga sin siquiera saber que podía gozar más si lo hacía lento. Comprobé que era cierto, no sabía singar, porque tenía esa idea de que a los maricones hay que singarlos duro, que mientras más duro, mejor, más macho era él. Se vino en un minuto y sacó su pinga rápido en lugar de seguir, William ocupó su lugar enseguida y yo volví a sentirme cómodo sabiendo que William me daría placer. El tipo se apartó algo, se pasaba la mano por la pinga y la olía.
_ ¡De pinga, yo pensaba que me dejaría la pinga cagada y me la ha dejado limpia!- dijo sorprendido.
_ ¡Oye, te lo he dicho…aquí hay un culo limpio pa´singar y mejor que un chocho!
            William empezó a singarme para venirse, con más ritmo que antes.
_ ¡Mira, métele la pinga en la boca que le voy a dar duro para venirme pa´que no grite el muy maricón!
            Era quizá la contraseña de que debería empezar a quejarme o gemir, no pude dar ni dos gemidos porque ya tenía la pinga a medio parar en la boca. Gemía como podía, trataba de que me salieran los gemidos para seguirle la corriente a William que quería inmiscuir más al tipo. Cuando William se vino y sacó su pinga, me dijo.
_ ¡Quédate así, mamí! Tú ven para que veas cómo le hemos dejado el culo- cuando el tipo estuvo allí, William encendió la fosforera para alumbrar, yo intenté de dosificar la salida del semen haciendo contracciones. William apagó la fosforera y empezó a mamarme el culo.- ¡Ves lo rico que es, si es un chocho…y te lo puedes singar cuántas veces quieras!
            William sabe cómo hacer las cosas y cómo poner a todos a jugar lo que él desea, no pasó un rato cuando el tipo le dijo que quería singarme de nuevo. William había logrado lo que deseaba, le dio paso, se subió el pantalón y nos dejó solos con el pretexto de que regresaría pero sabía que no iba a regresar. El tipo, porque a esas alturas ni sabía cómo rayos se llamaba, estuvo un rato singando a lo bestia, hasta que le dije que aguantara un poco, que más despacio que aquello era para gozar los dos. Para sorpresa se dejó guiar, yo le decía cómo hacer, qué hacer y los dos gozamos mucho, cuando se vino, le dije que se quedara dentro, que no la sacara. Empecé a mastúrbame hasta que me vine, él comprendió que tenía que moverse para darme placer. Había comprendido todo muy bien. Me vestí y lo miré a la cara.
_ ¡Pues para no ser bujarrón, coges culo muy bien!
            No respondió, quizá sintió pena o vergüenza, estaba muy ocupado en vestirse y limpiarse. Yo me le acerqué y cogí su pinga, se la acaricié.
_ Te la he dejado limpia, ¿pero si quieres te la limpio más?
            Sin esperar la respuesta, me arrodillé delante de él y empecé a darle lametones. Para dejarle la pinga brillante. Vi que le gustó aquel gesto mío. Cuando me iba me dijo que quería hablar conmigo.
_ ¡Oye!...
_ ¿Dime…?
_ ¿Cuándo nos vemos?
_ Cuando quieras…..me gusta que me singuen y a ti singar…
_ Es la primera vez que lo hago…, aunque me atraía, pero es la primera vez…-se me tiró encima y me abrazó.
_ Pues, hombre, espero que te haya gustado…
_ ¡Sí, sí, papi, sí…, pero no sé qué hacer ahora…
_ Pues nada, todo sigue igual.
_ Estoy casado, tengo dos niñas…, no estoy en esto pero creo que si lo he probado, no voy a poder detenerme…me gustas…- aquello era una confesión, además de aquel hombre rudo había pasado a un tipo tembloroso y pasional- quiero tenerte, quiero tenerte.
_ ¡Bueno, podemos encontrarnos mañana o pasado!
_ ¡Sí!- su respuesta parecía la de un niño que va a recibir un juguete ansiado, me dio un beso, un beso apurado e ingenuo.
            Yo me disponía a irme, cuando me retuvo.
_ ¡Ven acá, no me has dicho dónde nos vemos!
_ Pues aquí o en el parque…
_ A las nueve, en el parque…te voy a esperar…pero ven aquí, acércate.
            Me acerqué, me abrazó y besó la nuca.
_ Déjame, déjame… -me decía mientras con una mano me abrazaba y la otra me acariciaba las nalgas. Yo le toqué por encima del pantalón y noté que tenía la pinga más dura que al principio.
_ ¡Oye que acabamos de singar!
_ ¡Mira cómo estoy…, mira! – me dijo sacando de nuevo su sexo- ¡Déjame aunque sea ponértela entre las nalgas!
            Me le acerqué, ensalivé su pinga, y me volví bajando mis pantalones y agarrando su pinga la puse en mi ojete que ya estaba dilatado por tanta pinga anterior.
_ ¡Bueno, la última por hoy y nos vamos!- le dije.
            Él dejó deslizar suavemente su miembro dentro de mi culo, sentí placer, goce, lo sentía a él gozar, sufrir de goce. Estuvimos allí en silencio singando, con pasión, él me besaba mi nuca, mis orejas, me abrazaba.
_ ¡Quiero singarte todos los días!
_ ¿Todos, y tu mujer?
_ ¡Bah, a ella con una vez al mes se conforma! ¡En cambio tú necesitas todos los días, lo veo y yo también lo necesito. – se detuvo en su movimientos- quiero preguntarte algo…
_ ¿Dime?
_ ¿Quieres ser mi jeba?
_ ¿Cómo?
_ ¿Qué si quieres se mi jeba, mi mujer,…vaya mi gente?- volvió a intensificar sus movimientos- ¡Mira, mira cómo vamos a gozar!
            Estuvimos singando un rato hasta que se vino. Quise besarlo, pero no se dejó y le dije que si quería que fuera su jeba, tenía que dejar que lo besara. Se dejó, lo besé y luego nos abrazamos. Pasó sus manos por mis nalgas y por la entre pierna.
_ ¿Qué es esto? ¿Te he partido el culo?
_ No, papo, no, eso es leche…ha sido demasiada leche hoy. – le dije con tono de broma. Nos besamos más.
            Se llamaba Alfredo y habíamos quedado para el día siguiente. Cuando salí William esperaba para que le contara las cosas que habían pasado. Claro que como de costumbre bromeó.
_ ¿Cuántas veces te dio por culo?...-yo le conté lo que habíamos hecho, lo que habíamos hablado y que habíamos quedado para el día siguiente_ ¡Coño, ya estamos igual! – se rió- A mí me gusta iniciar a maricones, y lo hago bien, y ahora tú inicias a bugarrones.
            Me fui a mi casa a descansar, al otro día estaba yo allí, esperando a Alfredo. William pasó por allí pero siguió de largo, andaba detrás de un jovenzuelo al que le había echado el ojo. A la hora de estar allí apareció Alfredo, disculpándose por haber tardado tanto pero no podía irse así como así. Estaba en la bicicleta, al rato se levantó y se metió en el derrumbe donde nos habíamos conocido, yo dejé pasar un rato y entré buscándolo en la oscuridad. Allí estaba, nos abrazamos, me besó, me comió a besos mientras me abrazaba y buscaba mis nalgas por encima de la ropa.
_ ¡Me vas a volver loco, mami!- decía- He estado todo el día pensando en ti, en ese culazo rico…
_ ¡Y yo en tu pinga, macho!
_ ¡Ah!, ¿cómo me has dicho?
_ ¡Macho, mi macho!
            Sabía que le gustaría que lo llamara así, se volvió como loco, le dio un arrebato total. Yo me encargué de que se quedara quieto contra la pared para arrodillarme y sacarle la pinga dura para metérmela en la boca. Casi lloró, gemía, se veía que le gustaba y yo aumentaba mis juegos con la lengua en su glande. Me levanté, lo besé.
_ ¿Te gusta, papo?
_ ¡Mamas como el mejor! Eres el rey mamando…
_ ¿Quieres que te saque la leche de una mamada?
_ ¿Me lo harías?
            Yo me arrodillé de nuevo y empecé a trabajarle la pinga como sabía yo que le gustaba a los bugarrones, como William me había enseñado. Alfredo parecía gritar, jadear, se sofocaba o parecía desfallecer. No duró mucho su tortura, se vino en mi boca queriendo sacar su pinga, pero no lo dejé. Me tragué su semen salobre y seguí chupando su pinga hasta dejarla bien brillosa.
_ ¡Cojones, mami, te has tragado toda mi leche!
_ Sí, papi, ¿te gustó?
_ Mira que he singado jebas, pero ninguna se ha tragado mi leche, mi mujer ni me la mama…
_ Ya ves…los maricones sabes lo que hacemos…
_ Nadie me ha dejado la pinga tan limpia como tú…, mami, me voy a enamorar de ti.
_ Ya sabes que soy loco por la pinga…
_ ¡Mami, conmigo vas a tener pinga y leche por todos los lados y cada vez que podamos!
            Como respuesta me bajé el pantalón y me volví agarrando su pinga que seguía dura, por eso me gustan los casados, no se les cae nunca; me la metí despacio y él se dejó guiar. Me abrazó fuerte, me besó y comenzamos a singar despacio, muy despacio. Había mucha pasión en la forma en que lo hacíamos. Al rato de estar singando vimos que alguien entraba, nos quedamos quietos ocultándonos en las sombras, pero al parecer nos había visto ya. Se quedó allí como meando pero supimos rápido que no meaba, se meneaba la pinga y miraba hacia donde estábamos nosotros. Me susurró al oído qué haríamos, le dije que nada, que siguiéramos singando.
            El recién llegado senos acercó blandiendo su morronga, era negro y fuerte. Me puso el glande delante y yo empecé a mamar aunque tenía que abrir demasiado la boca para poder tragar aquella morronga.
_ ¡Déjame darle un poco de pinga! – el Negrón le dijo con voz brusca.
_ ¡Esta es mi jeba!
_ Bueno, tu jeba pero me está mamando la pinga y le gusta…vamos, déjame darle un poco de caña.
            Para mi sorpresa Alfredo cedió ante el desconocido, que ocupó su lugar y empezó a bombearme el culo, mis nalgas dejaban escapar chasquidos.
_ ¡Mami, si te duele, dímelo! –casi en un susurro a mi oído.
_ ¡Qué va a dolerle…, a este hay que darle pinga que pa eso es maricón!
            Se vino rápido, se secó la pinga en mis nalgas y se fue silbando. Alfredo estaba allí sin decir palabra, hasta que le dije que siguiera él.
_ ¡Vamos, qué esperas!
_ ¡Te ha dejado el culo lleno de leche! –fue su protesta cuando me volvió a penetrar.
            Singamos en silencio, cuando terminó, se guardó su pinga.
_ Tu eres muy puta…
_ Oyee…, espera, pero si tú mismo no me defendiste…vino un tipo y lo dejaste que me singara… ¿qué tipo de macho eres? Te han singado a tu jeba en las narices y no dijiste nada…
            Sabía el efecto de esas palabras, además ya me había vestido y me disponía a salir dejándolo en el lugar. Me atajó, me abrazó, me besó diciendo que no, que no me pusiera bravo con él, que lo decía porque me quería solo para él. En fin, trató por todos los medios de calmarme. De todas maneras aquello se jodió antes de que empezara porque si iba en ese plan de culparme, pues nada teníamos que hacer juntos. Claro que me atajó para que no me fuera, besándome, acariciándome y prometiendo que no iba a pasar nada parecido. Al instante entró William a modo de ángel de la salvación, se apoderó de la situación y exigió lo suyo, estuvo mirando un rato como William se daba gusto con mi culo. Yo lo miraba en silencio y él a mí, William hacía lo posible para arrancarme quejidos de placer. Alfredo al parecer no soportó más y se fue del lugar.
_ ¡Uf…, trabajo costó que se fuera!
            Fue el comentario de William al ver que se iba, pero sin detenerse en sus movimientos. Al rato terminó y dándome unas nalgadas me instó a que me vistiera. Ya afuera me contó que ese tipo era un esquizofrénico y que lo mejor era terminar.
_ ¡Mamí, tú sabes que yo no me meto en tus cosas! Al contrario, me agrada que tengas tus singantes por ahí, que tengas tus compromisos y lo que te dé la gana, yo mismo te he buscado algunos bugarrones pero con este, tengo que evitarlo…no es un tipo normal.
            La sinceridad de William me había sorprendido, estuvimos en el parque sentados un rato, cuando me iba a ir, vimos que Alfredo estaba por una de las esquinas. William me acompañó hasta la casa, se despidió diciéndome que me fuera para la capital unas semanas para evitar a aquel loco.
 
Capítulo doce
Gonzalo
            Me fui para la capital por unos días, aunque podía quedarme en casa de amigos, no llegué a ir a casa de ninguno porque en la parada misma conocí a Gonzalo, un tipo de ya cierta edad, canoso. Llamaba la atención su pelo y bigote canoso, su pancita y el paquete que se le marcaba. Gonzalo trabajaba en el hotel Habana Libre, el antiguo Hilton, y vivía en El Vedado no lejos de su trabajo. Pasó por la parada donde yo esperaba y se quedó mirándome, se acercó y a bocajarro me disparó que quería conocerme. Yo quedé desarmado por la desfachatez con que se me había plantado al lado, en pleno día y rodeado de gente. Nos fuimos caminando para alejarnos de la parada.
_ ¡Mira, te voy a ser sincero! Te vi y se ha puesto dura, tienes unos labios ricos para morderlos y verlos como me mamas la pinga.
_ ¿Sí?
_ Nene, y viendo las nalgas que tienes…, me vuelvo loco contigo.
            Mientras hablaba se mordía el labio inferior, el paquete de verdad se le notaba más abultado.
_ Mira, tengo que hacer unas diligencias ahora aquí cerca, después tengo que ir aquí mismo también a casa de unos amigos que están de viaje, tengo que regar las plantas…y bueno, pues podemos echar un palito allí. ¿Qué te parece?
_ Bien, ¿te espero?
_ ¡Sí, nene, espera que esto es rápido y ahora más!
            Se fue y me quedé por allí esperando, y tengo que reconocer que apareció más rápido de lo que esperaba. Llegó tirándome por encima del hombro el brazo.
_ ¡Ya ves, chico, he sido rápido!
_ ¡Ajá, ya lo veo!
_ ¡Y con las ganas que tengo de darte pinga, bah…ni me demoro!
            Nos fuimos caminando hasta la casa de los amigos, por el camino sólo hacía decirme piropos y recalcar lo que quería hacer conmigo. Al parecer hablar así lo motivaba o iba calentando porque tuvimos que detenernos para que él se arreglara el rabo parado porque de todas maneras era de día e íbamos por la calle. La casa no estaba lejos de 23 y L, bajando hacía el mar, subimos los cuatro pisos por la escalera y llegamos al apartamento. Entrando me abrazo besándome con pasión, su respiración se aceleró, jadeaba y se le veía muy excitado. Se recostó a la puerta mientras presionaba mis hombros para que bajara. A buen entendedor, pocas palabra o casi ninguna, me arrodillé delante de él para abrirle su pantalón, bajárselo junto con el calzoncillo y que quedara delante de mí su flamante pinga de color oscuro.
_ ¿Te gusta?- yo asentí mientras le besaba el glande, él dejó escapar un suspiro-¡Es toda tuya, cométela, sácame toda la leche!
            Tengo que reconocer que no estuve mucho tiempo mamando, porque se vino enseguida quizá por las ganas que tenía o el atraso o por la mamada que le daba, yo que conocía ya lo que esperaba de mí, me zampé su semen y mientras echaba leche yo mamaba y chupaba más. Sus gemidos decían del goce que le daba. Cuando terminó de gemir y la rigidez de sus músculos se relajó, me quedé quieto con su pinga en mi boca mirándolo desde abajo. Esto le gustó mucho, se le veía la cara de complacencia que tenía.
_ ¡Cojones, macho, me la has dejado sin una gota y te la has tragado sin chistar! ¿Sabes? Me gusta verte así, atragantado con mi pinga y mirándome…, esto me lo vas a tener que hacer a diario, nene.-me hizo levantar, me besó.- ¿Sabes que te ahora te voy a dar pinga?
            En respuesta comencé a bajarme los pantalones, los calzoncillos y a volverme para inclinarme. Él ensalivó su pinga y yo mi culo, puso la cabeza y de un empujón metió toda su pinga.
_ ¡Vaya, qué abierto lo tienes, así de cantidad que te habrán singado!
_ Bueno, antes de coger la guagua, recibí una buena singada…
_ Pues esta va a ser larga, me acabo de venir…
_ ¡Demórate lo que te dé la gana, que a mí me gusta!
            Mi respuesta fue el disparo de salida, empezó a singarme con fuerza mientras hablaba cosas y más cosas, se agarraba de mi cintura con fuerza, me daba nalgadas, me preguntaba si me gustaba, se detenía y me preguntaba si quería que siguiera. Le cogí el juego enseguida, había que pedirle más y más.
_ ¿Quieres que te la eche adentro?
_ ¡Sí, coño, sí!
_ ¡Pídela, maricón, pídela….que te la doy!
_ ¡Dame, dámela papo, lléname de leche, préñame…dámela…!
            Terminó con mugidos, yo apuré para hacerme la paja y terminar junto con él, sabiendo que eso le iba a volver loco. Efectivamente que le gustó aquello de que termináramos al mismo tiempo, eso significaba que había química entre los dos.
_ ¡Contra, papo, disculpa, te la he cagado un poco!-le dije viendo que la tenía algo sucia.
_ ¡Oye, no hay problema, que en el culo hay mierda, sorprendente sería que hubiera otra cosa! Además lo hemos hecho a lo macho sin lavarnos je je je…
            Mientras él se fue al baño a lavarse, yo me encargué de limpiar mi lechazo en el piso. Después él se puso a regar las plantas, y cuando terminó nos sentamos en la sala. Me contó sobre él, que no tenía pareja desde hacía dos años, dónde vivía, qué hacía. Yo por mi parte igual le conté de mí.
_ ¡Vamos a hacer una cosa! Vamos a acostarnos un rato en la cama y hablamos y singamos otra vez…
            Primero me fui al baño a lavarme y regresé ya desnudo para acostarme a su lado. Me abrazó con ternura, me besó mientras me acariciaba.
_ ¿Me dejas singarte de nuevo?
_ Sí, sí, lo estoy esperando…tú sabes que me gusta, soy tuyo.
_ Ya lo veo, nene, a ti te gusta que te llenen el culo y a mí llenar culos…lo tenemos clarito.
            Fue un sexo muy pasional, despacio, con cariñó, de ley. Me miraba a los ojos, me decía cosas suaves, al rato se quedó quieto abrazado a mi espalda.
_ No me voy a poder venir ahora tan rápido, pero ya lo sientes, sigue dura…
_ Pues déjala donde está…
_ ¡Oye, me gustas mucho! ¿Quieres ser mi gente?
_ Tú también me gustas mucho, ¿tú gente? Bueno, papo, con lo que me tienes metido adentro, sí..., podemos probar.
            Así comenzó aquella relación con Gonzalo, claro que aquella invitación de pronto y así, de aquella manera, no parecía muy seria, tenía yo bastante experiencia para hacerme ilusiones con una promesa motivada por la pasión de un momento. No creía n promesas y mucho menos en esas promesas de la cama. Pero en todo hay una excepción de la regla, Gonzalo era un tipo de ley y nos conocimos en el momento adecuado porque él estaba sólo en ese tiempo al igual que yo. Según me contó había tenido una relación que se había ido a España y por lo tanto él no había querido enredarse de nuevo porque no quería sufrir de nuevo una separación. Cuando salimos de la casa de los amigos de Gonzalo ya era de noche, me invitó a su casa, allá nos fuimos en su carro. Vivía en un apartamento bastante grande en el mismo Vedado, muy bien equipado para las miserias de toda la población.
_ ¡Mi amor, vas a tener que traer tus cosas para acá y ocuparte de la casa!
_ ¿Será cómodo que yo venga ya a vivir aquí?
_ Si te lo digo es porque quiero tenerte aquí en mi casa, en mi cama…
            Era muy amable y sensual, me propinaba tantas caricias como antes nadie lo había hecho. Pero parecía bien raro que un hombre así y con esas posibilidades estuviera solo sin pareja. Comimos algo que preparó, muy delicioso, nos recostamos a ver la televisión un rato hasta que comenzó con sus caricias. Me llevó al dormitorio en sus brazos, él podía porque era más alto que yo y más fuerte. Me desnudó entre besos y caricias, me pidió que me quedara boca abajo y abriendo mis nalgas, empezó a lamer mi ojete mientras decía cosas. Yo pensaba que me singaría, pero al rato abriendo una gaveta de la cómoda, sacó un consolador de color negro, bastante grande, largo y grueso, y empezó a tratar de meterlo en mi culo.
_ ¡Quédate quieto, te va a gustar!
            Yo no me sentía muy cómodo con aquella sorpresa, pero traté de someterme a lo que deseaba, sólo le pedí que usara alguna crema. Me hizo caso, me embarró todo de crema, que por el olor y ardor supuse que era lidocaína y ya así entró, no sin trabajo el consolador.
_ ¡Ya lo tienes clavado, nene, ahora gózalo mientras me chupas el pingón!
            Se acostó a mi lado poniendo su pinga en mi boca para que la chupara mientras él se entretenía con el consolador y mi ojete. Estuvimos un buen rato así, hasta que él decidió singarme. Sacó aquel consolador, que mirándolo bien era de los grandes, se puso encima de mí y me singó sin decir ni una palabra, en silencio. Cuando se vino, se quedó sobre mí.
_ ¡Quiero que seas mi gente!- me besó muchas veces.- Necesito tener pareja, tener mi gente para todo.
_ ¿De verdad lo dices?
_ ¡Mira cómo te tengo clavado! ¿Lo sientes?
_ ¡Sí, papo, sí, siento que me tienes bien clavado!
_ Me gusta cómo te me entregas, se ve que te gusta y lo disfrutas a lo grande…no quiero dejarte ir.
            Se levantó, fue a la ducha invitando a que lo siguiera, bajo la ducha entre caricias y besos, me hizo prometerle que sería su pareja.
_ Mi amor, soy un hombre que necesita tener su gente, estoy cansado de aventuras por ahí, de salir a buscar con quien singar. Necesito tener mi gente en mi casa…
_ Bien, pero si recién nos conocimos…, yo no estoy en contra.
_ ¿Sabes, mi vida? Me gustas, me gustas físicamente y sexual, me gusta como mamas, me gusta ese culo tragón y caliente que tienes, y lo que más me gusta es…, es que lo gozas mucho. Se ve que lo disfrutas y yo también. Te lo digo en serio… ¿Vamos a intentarlo?
_ ¡Sí mi amor!
            Nos besamos en la ducha, con pasión. Me volví abriendo mis nalgas, él comprendió rápido lo que le pedía, me penetró suavemente.
_ Ahora sí te digo que sí….quiero ser tu gente.
            Como respuesta él me abrazó, me besó y me hizo el amor allí, yo contra la pared, y él disfrutando y dándome placer. Al día siguiente se levantó rápido, nos habíamos quedado dormidos de tanto singar por la noche, me dijo que me llamaría desde el trabajo. Así lo hizo, me llamó como a las dos horas.
_ ¿Qué haces, mi vida?
_Nada…escucho música.
_ Mira, dentro de media horita me doy una escapada…, quiero que estés esperándome encuero en la cama, preparado esperando a tu macho.
_ ¡Bien…bien…!
_ Ve al cuarto y en la gaveta del medio hay crema para que te pongas…-colgué y fui al dormitorio, abrí la gaveta de la cómoda y quedé algo sorprendido. Estaba llena de consoladores de todos los tamaños y colores. Estaba yo mirando aquello cuando sonó el teléfono de nuevo, cogí el que estaba en la mesilla de noche. Era Gonzalo, su voz sonaba más lasciva que antes.
_ ¿Ya lo estás mirando?
_ ¿Y?
_ No sé…no sé…
_ ¿Con cuál jugarías?
_ No sé, hay muchos…
_ Mira, coge la crema, ¿la ves?... úntate en el culo.
_ Bien….ya la veo.
_ Hazlo ahora, mi amor, hazlo…y dime que sientes.
            Lo obedecí, me unté la crema en el ojete, por dentro y por fuera. Sentía cierto ardor y frescor.
_ ¿Qué sientes, mi amor?
_ ¿Qué tiene esta crema? Me arde…
_ Ahora tienes que meterte algo para que no te arda más… ¿comprendes? Coge cualquiera, el que más te guste y métetelo…dale, quiero escuchar tu respiración cuando te lo metas.
            Elegí uno más o menos normal, porque había algunos muy gruesos. Cuando me lo metí solté un suspiro.
_ Así me gusta, mi vida, así…ahora acuéstate en la cama boca abajo y espera a tu macho. Ya voy, cuando entre me quito la ropa y te saco el consolador y te meto la mía directo.
            Esas fueron sus órdenes y colgó, me quedé algo confundido. Me acosté como me dijo, me sentía algo raro porque tenía aquello dentro y lo más raro, me excitaba. Gonzalo llegó al rato, no demoró mucho, yo no me moví como me había pedido. Entró y vino a mí, acarició mis nalgas, mi culo lleno del consolador, me besó.
_ ¡Vamos a gozar! Ya verás…
            Me acariciaba, me besaba, abrió de nuevo la cómoda y sacó como unas sogas y empezó a atar mis manos a la cabecera, después mis piernas a la pielera, dejándome bien atado con las piernas abiertas, después me puso una venda en los ojos.
_ ¡Oye, oye…!- protesté.
_ ¡Confía en mí, mi amor, yo sólo te voy a hacer gozar! Quiero que sientas mucho, vas a sentir lo mejor.
            Escuché que se alejó o salió del cuarto, después entró, se subió en la cama y sacando el consolador, metió su pinga. Sentía diferente, todo diferente y privado de ver, me parecía todo muy raro. Cayó sobre mi espalda y cuando me besó la nuca, sentí que tenía barba y Gonzalo no tenía barba. Traté de liberarme, pero me fue imposible.
_ Oye, ¿dónde estás? Me está singando otro…
_ ¡Ya te dije que íbamos a gozar!...tú, goza y disfruta.
_ No fue lo que hablamos…
_ Mi vida, son unos amigos que no quieren que los veas… No te pongas malo, goza que pa eso eres maricón.
            Fue lo último que me dijo mientras el otro encima de mí no dejaba de singarme. Al rato se vino, lo sentí mugir y caer sobre mí, dio paso a otro que estuvo embistiendo un rato hasta que terminó, después otro y esta vez era Gonzalo.
_ Ya ves, mi nene, aquí me tienes para ti…
_ Después que dos me han singado…
_ ¿No te gustó? Pero si sé que te gustó y mucho…claro, a mí me gusta más cuando ese culito está sin singar, ahora lo tienes singado y abierto, lleno de leche de machos…pero me gustas, sabes que me gustas…
             Estuvo singando hasta venirse, yo no dije palabra ni emití un sonido. No me gustaba aquello, y sobre todo que me usara así. Aunque Williams me había usado pero nunca así, maniatado, vendado los ojos y con gente que ni había visto. No me agradaba. Cuando terminó, me dijo.
_ No me has dicho nada… ¿no te gustó?
            No le respondí, sólo traté de liberarme.
_ Bueno, pues no te voy a zafar de ahí….si sigues así sin hablarme, pues ahí te quedas.
_ ¿Qué quieres de mí?
_ Nada, que seas el de antes…
_ Pero ¿tú eres el de antes? No me jodas…
_ Sí, lo soy, soy el macho de antes y tengo algunos amigos que quieren disfrutar de tu culo… ¿qué hay de malo en eso? A partir de ahora te voy a usar como me dé la gana, tendrás pinga cada vez que yo quiera…, sabes, te voy a chulear…vas a ser culo y boca.
_ No quiero.
_ Quieres porque para eso eres maricón….
            Sentí que me metía un consolador de nuevo, protesté pero no me hizo caso. Lo escuché llamar por teléfono.
_… sí…, mira ven ahora que yo tengo que ir a la oficina, quiero que mantengas esto bajo control… ¡Vamos, Negrón, qué sales ganando!..., sí, sí, claro que puedes darle un poco de leña mientras no mande yo a alguien…
            No sabía dónde había caído, aquel tipo tan gentil se había convertido en algo monstruoso. Se fue cuando alguien vino, sentí que se iba, cerraba la puerta. Alguien estaba en la habitación, me acarició las nalgas.
_ ¡Quítame esa mierda del culo!
_ ¿Te molesta?- tenía una voz ronca.
            Sentí que encendía un cigarrillo, olí el humo y sentí que me liberaba sacándome el consolador.
_ ¡Cojones, pero lo que tienes es un chocho!- exclamó mientras me tocaba el ojete con los dedos.
_ ¿Me vas a singar?
_ Bueno, me gustaría….seguro que lo hago, pero lo que más me gusta es que me la mames…
_ Y si te la muerdo…
_ Por eso te pregunto, papo, tú eliges…mamar o singar…yo prefiero que me la mames, ¿tal vez tú quieres más que te singue ese culo desflecado que tienes?
_ Mejor ven, te la mamo…
            Se metió entre yo y el espaldar, me puso su pinga delante y me dijo que no me atragantara. Traté de tragarme aquel pingón, pero casi no podía, al rato se incorporó y empezó a singarme por la boca. Me dio una singada tremenda, me hacía tener arqueadas, la baba se me salía de la boca pero no paraba y no paró hasta que se vino en mi garganta. Cuando sacó su pinga, se la lamí, limpiándosela con cariño. Me quitó la venda, la luz casi me cegó, pero lo vi. Era negro, con bigote, gordote y la pinga enorme.
_ Me gusta como mamas…habrá que ver cómo singas.
_ Bueno, aquí no he singado, me han singado…
_ Bueno, si Gonza te tiene aquí es por algo…me dijo que tenías buen culo.
_ Me tiene aquí no por mi voluntad….esto no me gusta.
_ ¿No te gusta?
_ No me gusta esto, estar así amarrado, vendado para que me usen tipos que ni veo…
_ Podría comprarte si quieres quedarte conmigo…pero por ahora he venido a cuidarte…
            Sonó el teléfono, y casi al rato el timbre de la puerta. Antes de abrir me vendó los ojos.
_ Sabes que tengo que hacerlo.
            Me quedé quieto en espera del próximo que entró y se montó sobre mí, tenía una pinga pequeña por lo que se le salía a cada instante, por suerte duró la tortura poco. Después cuando se fue el tipo, vino y empezó a liberarme. Ya libre de las ataduras corrí al baño, no podía más, me duché después. Salí a la sala donde estaba aquel negrón.
_ ¿Qué…, ya estás de nuevo en forma?
_ Uf, estoy molido…, no puedo más.
_ ¡Bueno, no te quejes que muchos maricones llorarían lo que has tenido hoy!- me dijo con descaro._ ¡Mira, ven, acuéstate a mi lado!
            Muy a pesar de todo, era un tipo dulce. Lo obedecí, me acosté a su lado y me abrazó. Me desperté cuando escuché la voz de Gonzalo que hablaba con mi guardián, éste le decía que había sido mucho lo de hoy, que si no estaba acostumbrado pues la pasaría mal. Se despidieron y Gonzalo vino a la sala, trató de abrazarme pero lo repelí.
_ ¡Mira, mi amor! Esto que ha pasado hoy no influye en nada en lo nuestro…yo te sigo queriendo, me gustas un montón…
_ ¡Ajá…ya veo…me tienes como una puta aquí!
_ Je je je, bueno, mi vida, como una puta no…sino como lo que eres: un maricón…-lo miré con odio, él sonreía._ A ver, a todos nos gustan singar, a unos que los singuen y a otros singar, tú tienes un culito de oro y lo mejor, lo disfrutas…mira que he singa´o a maricones, pero como tú, pocos.
_ Pero eso no se hace así…
            Se acerco a mí, me abrazó, me besó.
_ ¡Verdad, lo siento! Debí haberlo hecho de otra manera, pero temí que no quisieras…además, me dijiste, si mal no recuerdo, que singar de cualquier forma era bueno. Yo quiero lo mejor para ti, quiero que si me vas a pegar los tarros, me los pegues delante de mí…, ser yo quien te consiga  a los machos…
_ Ya, ahora soy yo quien quiere pinga y tú, me complaces trayéndomelas…
_ Bueno, mi vida, es verdad… cuando nos conocimos, se te iban los ojos para mi pingón, ¿no me lo vas a negar? Bien, a ver, si te até a la cama, fue por una fantasía, después se me ocurrió lo de traer a unos socios, que por cierto quedaron satisfechos. Les has gustado. Claro que debí proponértelo de otra manera…
_ ¡Bah, no me jodas, que todo está bien planeado! Hasta tienes a un tipo para que no me vaya.
            Se levantó, se quitó la ropa, fue a la cocina, regresó con un tabaco en la boca y se fue al dormitorio.
_ ¡Ven acá! Vamos a hablar.
            Lo obedecí, cuando entré en el dormitorio y lo vi, se me pasó todo el enfado. Estaba muy rico, parecía un tipo de película. Recostado a la cabecera de la cama, desnudo, fumando y con la pinga a medio parar.
_ ¡Ya ves! Te gustó, te gusta mi pinga y tú me gustas… ¿qué más queremos? Ven, ven acá, acuéstate entre mis piernas… -lo obedecí, me acomodé entre sus piernas, apoyé mi cabeza sobre su pinga que se ponía ya dura- ¡Mi amor, mira cómo me pones! Además a ti te gusta…, te gusta mamar, te gusta que te mamen el culo, te gusta abrir el culo y sentir como te la meten, te gusta dar el culo… ¿qué hay de malo en que recibas lo que tanto deseas?
            Como respuesta alce mi cabeza y engullí su pinga hasta la garganta, lo miré. Él sonreía y daba bocanadas al puro.
_ Mírate, mírate, eres maricón…, maricón de los buenos…, hay pocos que lo tengan tan claro como tú. Tú eres ideal, lo que necesito…, sí te chuleé hoy y mañana te voy a chulear de nuevo…, no te voy a amarrar más, estarás libre…, ah…, ¡Cojones, qué rico mamas!.. – Me hizo incorporarme y me besó con pasión- Sé que has singa´o hoy mucho, no te voy a obligar a nada, haz lo que quieras para que me venga.
            El muy hideputa me gustaba, me daba morbo, me llegaba, sabía lo que hacía y cómo badajearme a mí. Yo en silencio me puse en cuclillas sobre su pinga y me senté despacio hasta sentir los pelos de su pubis en mis nalgas. Él me sonrió, me besó.
_ ¡Cojones, qué culo tienes! ¡Y mira que te han dado hoy caña y lo tienes rico!...
            Yo lo hice callar con mi mano, empecé a hacer cuclillas sobre él, mientras él gemía, murmuraba, me besaba o me miraba simplemente. Al rato con un movimiento brusco pero seguro, me hizo girar y caer debajo de él. Empezó a singarme con fuerza.
_ ¡Así es mejor! Yo soy el activo aquí, el macho…
_ ¡Dame, dame pinga…
_ ¡Así me gusta, mi amor! Así me gusta que me pidas…, aquí tienes, aquí tienes pinga pa´rato.
            Cambiamos de posición como un torbellino, hasta que se vino, después abrió mis piernas y empezó a lamer mi culo mientras yo me masturbaba. Cuando me vine, recogió mi semen a lengüetadas y en un beso me dio mi propia leche. Dormimos bien, abrazados y sin mencionar más aquello que había pasado.
 
Capítulo trece
La capital del pecado
(Falsa moneda)
            Empezaba así una etapa algo rara en mi vida, la relación con Gonzalo iba bien porque ambos nos complementábamos a la vez que nos beneficiábamos el uno del otro. Al día siguiente quedó todo bien claro en una conversación que tuvimos mientras desayunábamos los dos. En resumen no era nada nuevo de lo que ya había pasado, él mandaría a algunos de sus amigos o gente segura, yo recibiría algún por ciento de lo que pagarían, algunos en pesos o en dólares. Yo ya había tenido aquella experiencia con Ramiro y aquella casa de fiesta por lo que no me sentí mal ni nada. Era lo normal. El negrón que había venido a cuidar, pues era uno más del asunto e iba a venir para cuidar que los clientes no se pasaran y que todo estuviera en orden. Se llamaba Nacho, es decir Ignacio, supe que no vendría todos los días y que además no todos los días habría singadas aunque esa mañana sí.
            Nacho llegó al rato de irse Gonzalo, me saludó con un beso.
_ Veo que ahora estás mejor… ¿todo bien ya?
            Me alegró su preocupación, le di las gracias por el apoyo que me había dado el día anterior.
_ ¡Bueno, nene, de nada… además me diste una mamada muy rica!
_ ¡Tú pídela cuando quieras!
_ ¡No me tientes! ¡Qué mira…!
            Se acercó y me besó. El teléfono sonó en ese momento.  Era Gonzalo, habló con Nacho un rato, después conmigo.
_ Mi amor, dentro de un rato va a ir un tipo, un canadiense algo mayor…
_ ¿Y…?
_ Mira, él no quiere singar…, sólo quiere ver.
_ ¿Vaya y con qué tengo que hacer?
_ Ya hablé con Nacho, así que aprovecha que el negrón tiene buen trozo.
            Cuando colgó miré a Nacho que me sonreía, abrió los brazos para abrazarme.
_ Nene, pues ya ves…, te voy a dar pinga así que vas a tener que aguantar.
_ Ya sabes que me gustó…- le dije mientras le acariciaba la pinga por encima del pantalón.
            A la hora llegó el canadiense, un tipo alto y no viejo como pensaba yo, tendría uso cincuenta años. Lo pasamos al dormitorio para que se sentara en algunas de las sillas o el sofá. Nacho y yo nos desnudamos, el canadiense murmuró algo cuando vio el trozo de pinga del negro, se le querían salir los ojos. Nosotros empezamos sin hacer mucho caso al mirón, nos dedicamos a satisfacer nuestros deseos, comiéndonos a besos, propinándonos caricias. Nacho abrió mis piernas y empezó a comerse mi culo, lo besaba, lo lamía, lo mordía, lo olía y murmuraba que le gustaba, me daba golpecitos con la cabeza de su pinga en el culo, lo rozaba, amenazando con meter su cabezota.
            Yo gemía, me revolcaba de placer y lo besaba, le comía los dedos, hasta que me puso delante su pinga para que se la mamara. Me gustaba desde la primera vez, gorda y negra. Empecé a  chuparla con avidez, Nacho a gemir y decir que así le gustaba.
_ ¡Mamí, es tuya! ¡Cométela toda!
            Al rato cogió mi cabeza con sus manos y empezó a singarme por la boca, lo hacía sin piedad, yo hacía arqueadas y la baba se me corría por el mentón. Sabía que se iba a venir porque con esa intensidad era lo que se esperaba, así fue se vino. Sentí el chorro caliente de su semen en mi boca, su sabor medio amargo, de consistencia espesa. Su pinga no había cedido en erección, seguía tan dura como al principio. Respiré profundo cuando vi mi boca libre de su pinga, él con mucho vicio tomando su pinga a modo de cuchara, empezó a recoger el semen que me rodeaba la boca para dármelo y que me lo tragara. 
_ ¡Nene, ponte en cuatro que vas a recibir ahora lo tuyo! - me besó y cogió lubricante de la mesita de noche.
            Yo lo obedecí, me puse de rodillas con mi culo al aire esperando recibir su pingón. Nacho mientras se untaba la crema en la pinga empezó a lamer mi culo de nuevo.
_ ¡Qué culito más rico! Me da lastima singartelo y deflecartelo todo…
_ ¡Métemela, papo…, dame pinga!
_ ¿De verdad que quieres pinga?
_ ¡Sí, macho, dame por culo!
_ ¡Eso me gusta, pide, pídeme pinga, nene!
_ ¡Dame pinga, cojones!
_ ¿Cómo, mamí, qué es lo qué quieres?
_ ¡Pinga, pinga…que me llenes el culo de pinga!
_ Vas a tener que aguantar que ya me vine…- dijo metiendo sus dedos en mi culo.
_ ¡Ah…, así, papo…así!
_ ¿Te gusta?
_ Sí, sí…
_ ¿Sabes que te voy a destrozar el culo?
_ ¡Haz lo que quieras pero métemela ya!
            De verdad que con aquella conversación estaba yo bien caliente porque el muy cabrón metió la cabeza y no se detuvo hasta que pegó sus huevos a mis nalgas.  Yo mordí la almohada, se me aguaron los ojos al sentir aquel dolor que me partía por dentro pero que poco a poco fue transformándose en placer. Empezó a singarme despacio, aumentando sus embestidas a ratos y yo gozando. Ya nos habíamos olvidado del canadiense que seguía allí mirando. De pronto Nacho sacó su pinga provocándome un grito y me metió su lengua en mi culo ya dilatado, después volvió a singarme. Al rato me hizo girarme sobre mí mismo sin sacarme su pinga del culo, cogió mis piernas y las puso sobre sus hombros. Me miraba y miraba como su pinga entraba y salía en mi culo. Volvió a sacarla y a mamarme mi maltratado ojete, lo besaba, metía su lengua y la movía provocando mucho placer, y de nuevo a singarme.
_ Nene, si quieres que me venga, pues mámamela…
            No lo pensé dos veces y me puse a chupar su pinga. Me dio la impresión que las mandíbulas se me iban a caer hasta que se vino, llenándome de nuevo de leche mi garganta, esta vez no dejé escapar ni una gota.
_ Nenecito, si quieres te la meto para que te vengas tú ahora…
_  ¿Sí, macho, métemela para pajearme…
            Quedé yo con mis piernas arriba y me penetró despacio para que me hiciera la paja. Apretaba yo mi culo para sentir aquel tronco dentro, al rato me vine entre gemidos. Nos besamos con pasión. En ese momento nos dimos cuenta del canadiense que estaba allí en la silla con los ojos grandes y blandiendo en su mano su pinga.
_ ¿A ver qué quiere este?- me dijo Nacho- ¿qué quieres hacer?
_ Yo querer singar y mamar…-murmuró con voz temblorosa.
            Me puse boca abajo para dejar que me singara, por suerte tenía buena pinga también. Entró despacio, aunque sin moverse mucho porque enseguida se dedicó a mamar la pinga de Nacho. Se movía despacio, parecía que gozaba mucho, habla en inglés, estuvo así hasta el punto de venirse. Dejó de mamar la pinga de Nacho y empezó a singarme con fuerza, muy duro, a lo bestia, yo empecé a gemir porque me daba placer y me gustaba. Se vino mugiendo y abrazándome con fuerza. Después se vistió y se fue, yo me fui al baño a lavarme. Nacho llamó a Gonzalo para decirle que además de mirar, también participó.
_ ¿Cómo te sientes, nene?- me preguntó cuando entré en la sala y me senté a su lado.
_ Uf, tengo el culo adormecido…
_ Me imagino con la cantidad de pinga que cogiste… Pero, ¿te gustó?
_ Sí y dilo…uf….me dejaste el culo entumecido…
            Nacho me atrajo hacia sí, me besó.
_ Mira, que si fueras mi gente, ese culo estuviera como un chocho de abierto…
_ Y yo contento…
            Estuvimos besándonos un rato, me acariciaba, pasaba sus dedos ensalivados por mi culo para aliviarme.
_ ¿Me aguantarías a mí?
_ ¿En qué sentido, papo?
_ Pues en el directo, porque te singaría mucho…, muy pocos aguantan tanta pinga. ¿Sabes? No se me baja…, y me gusta mucho un culo para que no se me pare.- me mostró que su pinga seguía igual de dura. Yo la besé.
_ ¿Quieres singarme?
_ ¿No te va a doler, papo?
_ No, no…, lo que  deseo es que me singues tú…sentir como me metes tu pinga.
            Diciéndole aquello me subí sobre el sofá y en cuclillas puse mi culo sobre su pinga. Mi ojete ya bien dilatado empezó a tragar su pinga, yo lo miraba y él me miraba fijamente. Cuando me senté sobre hasta sentir los pelos de su pelvis, él sonrió y me besó.
_ Mi amor, poca gente ha hecho esto que me haces…y mucho menos después de haber singado.
_ Se te olvida, mi amor, qué es lo que me gusta a mí…
_ Lo sé, lo sé…te gusta que te singuen…
_ Te voy a decir algo, el primer bugarrón que me cogió el culo, me dijo algo desde el primer día…
_ ¿Qué, nene?
_ Me dijo que yo era maricón, que tenía que asumirlo como tal, que lo mío era poner culo y boca para los machos…, él me decía que el culo era para que fuera singado por machos y yo complacerlos.
_ Te enseñó bien…ya lo veo.
_ ¿Sabes cuál era su frase cuando yo al principio me negaba?
_ ¿No?
_ Me decía, a ti te gusta dar el culo y a mí cogerlo, pues ¿qué nos impide hacerlo? O me decía; tú eres maricón pa dar el culo, así que dalo bien dado…
_ Nene, eso sí lo sé…das el culo como nadie…se ve que te gusta.
            Comenzamos a besarnos, yo a moverme despacio y él gozando mucho. Los dos gozando el uno del otro. Cambiamos de posición dos veces pero sin que se saliera de mí. Estuvimos así hasta que sentimos la puerta abrirse. Era Gonzalo que regresaba, entró a la sala y nos vio allí, yo clavado por Nacho.
_ ¡Vaya, vaya…ya veo que lo de ustedes va en serio! Ya te decía que tenía un culito de oro… - Nacho quiso levantarse, pero Gonzalo lo atajó_ sigue, sigue singando que se ve que lo pasan bien los dos.
            Gonzalo se puso enfrente y se desabrochó el pantalón, se sacó la pinga y me dio a mamar.
_ ¡Coge, maricón, mama!- me decía mientras embestía. Al rato Nacho el dijo.
_ ¡Ven y dale por culo tú y yo le doy de mamar!
            Se cambiaron de sitio y seguimos así hasta que Gonzalo me llenó el culo de leche. Nacho se puso a lamer mi ojete para beberse el semen de Gonzalo, después nos besamos y me dio un poco de la leche de su boca. Aquella noche dormí como un tronco, Nacho se fue a su casa y Gonzalo ni me despertó cuando se fue por la mañana, me dejó una nota de que lo llamara al trabajo. No me sentía muy bien por la mañana, descubrí que tenía el culo hinchado o las hemorroides fuera, pero me dolía, lo sentía como en carne viva. Era lo normal después de esos días de intenso singar. Llamé a Gonzalo y se lo dije.
_ ¡Coño, cómo me vas a hacer eso! No ves que me jodes lo que tenía cuadrado para hoy…- me gritó furioso.
            Estuvo un rato refunfuñando y al rato me dijo que ya pensaría qué hacer, que le diera un diez. Al rato me llamó para decirme que un amigo que es médico iba a ir a la casa a verme y ver qué podía hacer, esta vez estaba más clamado y de mejor humor. Vino a la hora ese amigo que resultó ser Ramiro, aquel con quien me había ido de singueta por la capital y había hecho el trío con el americano.
_ ¡Vaya, vaya, con quién me encuentro!- me dijo con cierta sorpresa- ¿así que estás de puta en este burdel? – al ver mi contradicción, continuó- ¡Bueno, bueno, nene, ven dame un abrazo aunque sea a modo de saludo…, que tú y yo la pasamos muy bien!-Era cierto, con Ramiro la pasé bien. A veces recordaba aquellas andanzas con él, ya en sus brazos, me besó- no te pongas bravo conmigo por lo de puta, ya sabes que yo también lo hago. Claro tú y yo trabajamos en lo mismo pero en diferentes “especialidades”… je je je…
            Nos fuimos al dormitorio, me desnudé y me acosté en la cama para que me viera.
_ Hum…lo tienes algo alterado, ya me imagino la cantidad de pinga que te habrán dado para dejarte así… ¡Mira, tú mismo tienes que cuidarte y decir que no, cuando sientas el primer malestar pues para. Ya sabes, nene, que puede terminar mal y complicarse. Esto no es juego._ miró en la mesilla de noche las cremas, había un tubo de lidocaína.- Ya veo, esa crema es un arma de doble filo porque no sientes nada y si ya estás al límite, no te das cuenta. Así que no la uses ni dejes que la usen.
            Le conté lo que había pasado, que realmente estuve singando con Nacho y Gonzalo y el turista, que al parecer fue mucho. Me dijo que conocía a Nacho, se mandaba mal el negro pero el asunto no era de tamaños ni grosores sino de tener cordura. Llamó a Gonzalo y le dio un regañón tremendo y que opinaba que como mínimo dos días sin que diera el culo. Al aparecer Gonzalo le dijo algo que Ramiro respondió, “bueno, mamar sí puede”. Supuse lo que me vendría encima entonces. Hablamos algo y se fue, me pidió que pasara por su casa algún día. Gonzalo me pidió por teléfono que fuera a su trabajo dentro de una hora, que me estaría esperando por la parte de atrás.
_ ¡Eso te pasa por tragón!- me dijo en cuanto me vio- ¿para qué tenías que haberte singado al negro dos veces.
_ ¡Tú mismo me singaste y fuiste tú el último! ¿O se te olvidó?
            No siguió con la cantaleta, me dijo lo que tenía que hacer. Me llevó a su oficina y me dijo que cuando entrara a quien esperaba que me fuera al baño y le sacara la leche de una mamada.
_ ¡Ya sabes, nene, depende de ti que el tipo se venga rápido o no! ¡Tú mismo sabrás!
            Al rato entró un tipo extranjero, habló en inglés con Gonzalo pero hablaban de mí. Le dejó el dinero en la mesa, después nos metimos en el baño de la oficina. Me senté en la taza del inodoro, el tipo se sacó la pinga y me la puso delante, ya la tenía medio parada. Yo empecé a mamar despacio, mientras le acariciaba el tronco y la barriga. Al rato cogió mi cabeza y empezó a singarme la boca, lo hacía con fuerza, con ganas de venirse pero me provocaba arqueadas y la baba me corría por el mentón. Cuando se vino por poco me ahoga con tanta leche, se limpió la pinga con papel higiénico y salió. Yo me quedé tratando de escupir el semen de mi boca. Ramiro entró cuando se fue el tipo.
_ ¡Cojones cómo te dejó! ¿Qué la tenía grande?
_ No tanto pero el muy cabrón me singó la boca…
            Me miraba en el espejo, tenía los ojos rojos de las lagrimas, la boca rosada. Ni salí del baño porque ya había otro que entró, este era ruso, así me lo dijo Gonzalo.
_ ¡Oye, papo, este es un ruso, ya sabes trátalo bien que es buen tipo y bueno, a ver cuándo puede ir por casa!
            El ruso era guapetón, tenía el pelo rubio, la piel rojiza por el sol y bueno, la peste a grajo de siempre. Me dijo en español que le sacara la pinga, que en realidad era un pingón grande y rosado. Empecé jugando con la lengua, haciéndolo gozar. Se sentó en la taza y yo me arrodillé frente a él, trataba de tragarme toda la pinga pero no podía, me era difícil. Al poco tiempo me dijo que me pusiera de espaldas sobre la taza con la cabeza para abajo, que me iba a enseñar a tragarla toda. Con dificultad me puse en la posición que me decía y él agachándose me metió su pinga entera hasta la garganta. La metía y la saca con gusto, me decía que me relajara para evitar las arcadas, y seguía. Así estuvimos hasta que se vino, no tuve otra opción que tragar su semen porque se vino en lo profundo de mi garganta, sacó su pinga limpiecita. Claro que se la limpié después con algunas mamadas suaves.
_ ¡Quiero gozar de ese culo!- me dijo tocándome el trasero antes de irse.- No vemos, ahora estaré aquí unas semanas.
            Cuando salí del baño, allí estaban los dos. Gonzalo sonriente me dijo.
_ ¡Oye, le has gustado! – sonreí, el ruso me atrajo hacía sí para que me sentara encima de sus rodillas.-Mira y eso que le he explicado que no puedes singar.
_ Gonzalo, no pasa nada, yo espero…pero mamar, pues puede.
_ Mijail quiere que te vayas con él a Guanabo. Así que puedes ir recogiendo todo y él te va a recoger a eso de las seis.
            No se habló más, me fui a la casa a recoger lo mío. Gonzalo llamó.
_ ¡Oye! ¿Qué le hiciste al ruso? ¡Coño que a él no puedo negarle nada y ya ves, te ha metido contigo!
_ Hice lo que me pediste…
_ ¡Oye, nene, este negocio no se puede caer! Así que ya busco a alguien que te cubra…, mierda, que a Mijail no le puedo decir que no.
            Estuvo un rato diciendo cosas, maldiciendo, a mí me daba lo mismo, de todas maneras ya me cansaba aquella historia. A las seis me fui con el ruso en su carro rumbo a la playa. Era un tipo agradable, hablaba y hablaba, me contaba sus cosas, que era ingeniero en la fábrica de aluminio, que venía a pasar algunos días en La Habana. Me dijo que estaba casado, que la mujer se había quedado en Oriente pues así el podía tener sus cositas por ahí.
_ Me gustaste, mamas muy rico. Pero seguro que singas mejor…, no me cabe duda.
_ Bueno, pero no debo ahora singar…, tuve problemas ayer…
_ ¿Cuántos te singaron?
_ No, sólo tres…, pero…
_ ¡Ya lo sé…., ya lo sé…Nacho te dio duro!- dio sonriente.- No creo que haya sido Nacho.  No te preocupes, fue Nacho quien me dijo que Gonzalo tenía un nuevo…, bueno, un nuevo maricón en la casa…y bueno, me dijo que te tenía que sacar de allí. Yo sólo podía pedirte para que Gonzalo no se negara.
_ Pero…
_ ¡Mira, no te preocupes que vas a tener a tu negro hoy mismo! Él está en la casa de la playa.- yo sonreí, me agradaba lo que me contaba.- ¡Claro, eso sí, yo quiero singarte también, ni Nacho ni tú se van a oponer! ¿Verdad?
            Aquello parecía un tema de una película, todo un complot para sacarme de casa de Gonzalo. Mijail era bien simpático, ahora con lo que me decía, pues más. Cuando llegamos a Guanabo, después de un viaje que me pareció largo en el que dormí bastante, nos estaba esperando Nacho, cuando entramos, me abrazó.
_ ¡Coño, nene, menos mal! Ya me tenías preocupado.
            Me besó, antes de ponerse a contarme que lo había planeado antes, sólo que estaba esperando a que Mijail viniera por la capital, a él le hubiera salido bien caro el trato por lo que prefirió contar con la ayuda del ruso.
_ Siento que te hayamos jodido el ojete aquel día…, vaya aguante que tienes porque ni protestaste.
_ Bueno, no sé qué pasó…
_ Je, pasó que fue mucha la pinga que te dieron.- dijo en tono de risa Mijail.
_ Fue Gonzalo el último que te singo, yo lo vi y lo hacía duro… con ganas de joderte, de desfondarte el culo y sabes por qué, pues porque le dio celos que estuviéramos nosotros disfrutando.
            Mijail se fue a guardar el carro en un garaje de alquiler, porque si lo dejaba afuera, le iban a  robar hasta las llantas. Cuando nos quedamos solos, Nacho me atrajo hacia sí, y empezó a besarme, a acariciarme.
_ Nene, mírame…, mírame.- lo miré y me sonrió.- ¿Quieres ser mi gente?
            Lo besé, lo besé en respuesta porque me agradaba como persona y como amante. Nos besamos con deseo, yo me arrodillé y empecé a restregar mi cara por su pantalón donde ya se le marcaba la pinga a medio parar.
_ Nene, ya sé que no podemos singar…, pero si quieres mamar la pinga de tu marido, hazlo…
            Yo obedecí, saqué su pinga y empecé a tragármela, a lamerla, a comérmela como si fuera un ternero que mama la ubre de la madre. Me gustaba el sabor de su pinga y del pre semen que se le salía enseguida. Me gustaba su color negro y lo macho que era.
_ Mi vida, a ver, déjame ver ese culito…- me pidió, yo le me volví y me bajé los pantalones.
_ Mmm…qué culo, lo tienes muy rico, mejor que un chocho… ven, acuéstate aquí en el sofá que al menos quiero comerme ese culito rico, ya que no le puedo meter caña, déjame mamártelo.
            Me acosté bocabajo, pero Nacho me hizo ponerme de rodillas en el sofá y comenzó a lamer mi culo, provocando que mis gemidos se escaparan con más intensidad cada vez. Nacho sabía cómo hacer que yo gimiera de goce, su lengua se movía entre mis nalgas, su saliva me aliviaba mi ojete sensible. Al rato me dejó que le mamara la pinga, estuve comiendo su pinga gorda un buen rato aunque hubiera querido que me singara pero no podíamos hacerlo. Cuando se iba a venir me hizo abrir las piernas para echarme el lechazo en el culo. Mugiendo se vino, sentí como su semen golpeaba contra mi culo, caliente, antes de que me lo restregara con su pinga.
_ ¡Mi amor, te voy a mantener como una reina!
_ ¡Papo, lo que tú quieras!
_ Yo no te voy a putear como Gonzalo, ese es un degenerando, yo esa mierda no te la voy a hacer…, si hacemos un trío, pues es cuando haga falta y yo llevo la batuta ¿de acuerdo, mi amor?
_ Sí, papo, sí.
            Estaba yo de nuevo emparejado con un negro, como aquel con quien estuve en mis inicios y de quien me enamoré, Nacho era diferente y eso me gustaba más. En ese momento pensando en lo que había caído, me resultaba difícil creer cómo había llegado yo a esa situación de ser puta, porque por muy fuerte que fuera la palabra, no había otra que definiera lo que pasaba. Gonzalo se valió de mi deseo de singar, pero en cierto modo se pasó porque en realidad era usado a diestra y siniestra sin otra opción. Me hubiera gustado borrar esa etapa de mi vida, pero sería engañarme, probé ser puta, servir a machos bugarrones y lo hice como se me pedía y gocé como el mejor. Por suerte me había topado con Nacho que no le importaba ese, digamos, detalle de mi biografía, otro hubiera puesto remilgos.
            El ruso llegó como a las dos horas, no venía solo, traía un jovenzuelo amanerado al que presentó rápido y se lo llevó a un cuarto para singárselo. El chico al parecer o lo disfrutaba mucho o no aguantaba mucho la pinga del ruso, al rato el espectáculo se acabó. Después de un rato de silencio, salió el chico y se fue.
_ Oye, si ligas, pues coño, búscate un maricón que le guste la pinga.- le dijo Nacho a modo de broma.
_ Ya ves, lo ligué en el baño cuando fui a mear, lo mejor es que se me prendió para que le diera pinga y mira…, mira que ni podía.
_ Tal vez era virgen.- le dije.
_ ¡Bah, virgen ese! ¡Sólo es un calienta pinga! Mucho ruido pero ni mamar sabe…
_ Entonces nada… ¿no te lo singaste?- le preguntó Nacho.
_ Ja…, ja, ni me dejó meterle la cabeza…no escucharon como gritaba, eso era sólo con el dedo, cuando quise meterle de verdad caña, pues no… se rajó.
            Cuando Mijail se metió en su cuarto Nacho me atrajo hacia sí y me susurró al oído.
_ Oye, nene, ¿por qué no lo ayudas un poco? De todas formas se la debemos.
            Mijail al pareció algo sorprendido cuando entramos en su cuarto y Nacho empezó a quitarme la ropa.
_ ¡Eh, eh…yo no quiero meterme entre ustedes!
_ No te estás metiendo, te metemos nosotros…así que dale, ponte en onda… Eso sí, darle por culo no podemos todavía…, ya habrá tiempo.
            En nada estábamos los tres desnudos en la cama, yo tragándome la pinga del ruso y Nacho comiéndose mi culo. Me sentía bien con ellos, eran dos tipos bien armados y bien machos, yo uno más aunque mi rol era el de complacerlos como hembra.
_ ¡Oye!, ¿por qué no nos lo singamos?- propuso el ruso mientras daba golpecitos con su tranca en mis nalgas.
_ No sé…, decide tú, nene, ¿cómo te sientes?
_ Yo quiero pero…, pero no sé, con cuidado…
_ Mira, Mijail, cógele el culo tú que yo tendré tiempo bastante…, eso sí con cuidado para que no me le rajes el culo que después me lo dejas fuera de servicio.
            Miajil fue a la cocina y trajo aceite vegetal, el que se usa para cocinar. Fue muy cuidadoso, me lubricó bien con los dedos antes de poner la cabeza de su pinga en mi culo para empezar a meterla. Entró bien, sin que me doliera pero si haciéndome sentir como se abría mi esfínter y daba pasó a su tranca, despacio, suave.
_ ¿Cómo te sientes? Ya tienes la mitad… ¿quieres toda?- me preguntó.
_ ¡Sí, macho, sí, métemela toda!
            Así lo hizo pero con suavidad hasta que sentí su cuerpo pegado al mío. Yo quedé arrodillado en la cama, clavado por Mijail que me acariciaba las nalgas.
_ ¡Qué culo más rico!- murmuró.
_ ¡Ya te lo dije!- le respondió Nacho.- ¡Gózalo ahora!
            Al rato me hizo acostarme de lado y alzar una de las piernas mientras él me singaba, Nacho se puso de una manera que su pinga me quedara bien para mamar y él se dedicó a lamer mi culo lleno de la pinga del ruso. El placer era tanto que me vine enseguida pero esto no impidió que ambos siguieran como si nada, al contrario ellos  intensificaron lo que hacían  para darme más goce. Nacho fue el primero que se vino de los dos, se incorporó y empezó a pajearse, yo abrí mi boca para recibir su semen. A él le encantaba venirse en la boca y yo que lo sabía y ya había tenido aquella relación rara que me convirtió en el “traga-leche”, pues le di el gusto. Le chupé la pinga hasta que largó la última gota, al parecer esto motivo a Mijail que se apuró en terminar y venirse.
_ Has cogido leche por los dos lados.- me susurró al oído, después me besó.
            Quedamos allí abrazos, Nacho me besaba, me acariciaba y lo mismo hacía el ruso. Dormimos bien los tres, yo el mimado de ellos, estaba feliz con los dos. Vivimos cinco días de locura y sexo, yo terminé siendo de ambos y mi ojete se acostumbró a las pingas de ellos. Cada vez gozábamos más del sexo a trío o por turno con uno de los dos.
 
Capítulo catorce
Siempre William
_ ¡Vaya, culo! ¿Qué me cuentas? Te has perdido…- así me recibió William cuando me lo encontré en el parque como de costumbre.
            Nos sentamos un rato resguardado en la penumbra del atardecer de las farolas que nunca tenían focos para alumbrar. Le conté todo lo que había pasado en los días que había estado por la capital, aquella aventura con Gonzalo y la manera que me chuleó, lo de Nacho, lo del ruso.
_ ¡Cojones, me gustas más cada día!
_ Fuiste tú quien me enseñó- le dije.
_ ¡Mamí, yo fui el primero que le dio pinga a ese culo! Pero ya tú eras maricón de los buenos.- era una verdad porque si no hubiera tenido esa inclinación, pues no hubiera dado el paso de singar con él.- ¿Sabes lo que quiero?
_ Bueno, me imagino…
_ Pues sí, mamí, sí, lo que quiero es singarte y mamarte el culo y después volverte a singar.- me miró fijamente como esperando mi respuesta. Rió y agregó.- Sé que lo quieres, me lo pides con los ojos.
_ He singado mucho en esta semana…., uf, pero mucho.
_ ¡Mejor así! Mejor, así tendrás el culo bien abierto… ¿adónde ir, coño? Porque quiero singarte yo sólo.
            Terminamos yéndonos a la línea del tren, cruzamos el puente y nos fuimos a un parque oscuro. Se sentó invitándome a sentarme a su lado, abrió las piernas y se sacó la pinga murmurando un “es toda tuya”.  Yo me incliné y empecé a mamar, aunque estaba en pareja con Nacho y no me faltaba nada, no podía negar que William era mi hombre, el tipo que me inició y que no olvidaría nunca. William lo sabía y lo explotaba bien. Al rato me pidió que me bajara el pantalón y me sentara en su pinga.
_ Ensalívala tú mismo y métetela despacio como tú sabes, mamí.
            Lo obedecí, me bajé los pantalones, ensalivé bien la cabeza y me senté en su pinga que entró bien, como si hubiera estado dilatado.
_ ¡Cojones, maricón, lo que tienes es un chocho abierto!
_ ¡Gózalo, bugarrón!
            No me singó él, me lo singué yo porque era quien se movía sobre él que seguía sentado. Al rato escuchamos los pasos de alguien. William me dijo que me quedara quieto, que no me moviera. Las sombras se fueron acercando, eran dos tipos, que pasaron en silencio mientras nos miraban, pero se detuvieron a unos cinco metros de donde estábamos nosotros.
_ Párate que te voy a singar de pie…, esos dos quieren ver.
            Lo obedecí, me puse de pie, William me penetró y empezó a singarme tranquilamente como si nada pasara.
_ ¡Cojones se lo está singando! – dijo uno.
_ ¡Macho, dos maricones singando!- el otro soltó.
_ No, maricón hay uno solo y le estoy dando pinga porque le gusta.- se dirigió William a ellos.- Acérquense si quieren dar pinga.
            Uno se acercó rápido, el otro demoró en acercarse pero lo hizo finalmente.  Miraba con curiosidad, tocó mis nalgas y mi culo donde entraba y salía la pinga de William.
_ ¡Cojones, mira esto, ven pa que veas como traga pinga este maricón!- le dijo al otro.
_ ¿Quieres darle pinga?- William invitó.
_ ¡Ya la tengo dura, macho, a ver, déjame que le dé pinga a este maricón.- dijo el que había acariciado mis nalgas.
William le dio paso a uno que enseguida metió su pinga en mi culo mientras decía que yo era maricón y el macho.
_ ¡Maricón, mira, mira que un macho te está singando!
_ ¡Tú dale de mamar!- le dijo William al otro que dudo algo- ¡Oye, este es mamador, es enfermo a la pinga, así que ponle la pinga en la boca y verás!
_ ¡Oye, Paco, dale…, dale pa que te mame!- le dijo el otro- Después cuando le reviente el culo, te dejo que le des tú.
            No se dio de rogar mucho y pronto estuve tragando la pinga de Paco, como le había llamado el otro. William como de costumbre, se había sentado en el banco a mirar como aquellos dos me singaban. Cuando el que me singaba empezó a decir, casi gritar que se venía, que me daba leche, yo intensifiqué mi trabajo con la boca logrando que se viniera. Así fue, se vino en mi boca con un chorro grande y caliente. Me tragué su leche, no le dejé ni una gota y eso le gustó.
_ Oye, Julio, yo ya me vine pero déjame darle un poco de pinga…- le pidió Paco.
            Julio sacó su pinga y se la limpió con mis nalgas dejando paso a Paco.
_ ¡Cojones, lo tiene como un chocho grande y húmedo!
            El otro hablaba con William mientras fumaba. Al parecer se ponían de acuerdo para algo. Paco seguía singando porque aunque se había venido, seguía con la pinga bien dura. Yo me sentía algo incomodo ya por el tiempo que llevaba en cuatro, me empezaban a doler las piernas.
_ ¡Oye, vamos a parar un rato! Ya estoy molido.-le dije.
_ Na de na…, - gritó William acercándose, cogió la cara.- tú eres maricón para satisfacer a los machos y bugarrones, así que cumple tu papel.
            Tuve que seguir allí, agarrándome del espaldar del banco mientras Paco me cogía el culo y sin dar señales de querer venirse porque como ya lo había hecho, pues fue largo, finalmente se vino con bastante espaviento. Yo me tiré en el banco con las piernas abiertas.
_ ¡Coño…je je je…míralo como lo hemos dejado!- se río Julio.
_ Claro, qué creías….que no los hemos singado tres.- me defendió William que más quería dar información a estos novatos que otra cosa.- Pero hay una cosa, mi amor, yo no me he venido…
_ No, no yo no puedo más.- le supliqué yo.
_ Oye, culo, no me vas a dejar así, tú eres mi hembra y me vas a sacar la leche ahora…, la pinga ya te la metí en el culo, así que me la sacas con ese culo que tienes o me la mamas, escoge.
            Me levanté y me acosté en el banco y William se puso encima para clavarme, los otros dos quedaron boquiabiertos con aquello.
_ ¡Ya ves, cumple mejor que una jeba!
_ ¡Y dilo, es más complaciente! Una jeba ya te hubiera dicho que no…pero este maricón es de los buenos…, muchachos, este maricón está hecho para que lo singuen.
William estaba en su mejor momento, sabía que lo hacía para impresionar a aquellos dos tontos. Al rato me dijo que se iba a venir, pero sabía yo que no, lo hacía por puro teatro. Mientras yo me metía detrás del banco para evacuar todo el semen, William se despedía con los dos con un “hasta mañana”. Cuando se fueron y me senté a su lado, me dijo que me había portado bien. Que a esos dos les había gustado y que al día siguiente iríamos a la casa de uno de ellos.
_ ¡Prepara ese culete que mañana va a tener carne!
            No importó que le dijera que ya tenía compromiso, que no quería. Él se salía siempre con la suya y esa era que fuéramos a la casa de uno de ellos a singar.
_ ¿Cuándo yo te he propuesto algo malo?
_ Bueno,…
_ Ya ves que no me puedes contestar…, mañana a singar y yo a ver si me cojo a uno de los dos, o puede que los dos les dan por probar.
            No me parecía a mí mucho que alguno de aquellos se fuera a animar a darle el culo a William, pero tampoco me hubiera sorprendido conociendo a William y su capacidad para tener lo que se le metía entre ceja y ceja. Y eso de que los heteros no les da por probar, es un cuento, mil veces lo había visto yo bien machos, pero machos y caer de rodillas delante de una pinga o ponerse en cuatro y decir “bueno, es sólo probar”.
            Al día siguiente nos encontramos en el parque, yo ya me había preparado, sobre todo tratando de estar bien limpio porque sabía de sobras que a los cheos, así le decían a los heteros, se ponían muy melindroso si le cagaban la pinga. William llevaba una botella de ron, a veces se esmeraba y sobre todo cuando se le metía entre cejas algo.
_¡Oye, mira, primero te pongas para que se vengan lo más rápido posible! Tú tienes culo para eso, así que mientras más pronto se vengan, mejor... Hacemos el paripé de que yo te voy a singar primero, pero lo que quiero que sean ellos los primeros y tú habla, di cosas, no sé...que es lo más rico de la vida, que te vuelve loco...
_ ¿Y después qué?
_ Na, a ver porque a uno de ellos me parece que le gustó ver la pinga en el culo, no le quitaba la vista y eso...humm, eso es que el tipo tiene inclinación...
            Hablaba la voz de la experiencia, sabía que tenía su verdad, fue él quien me descubrió y sacó todo lo que oculataba yo desde temprana edad, no dudaba de que fuera capaz de engatuzar a alguno de esos dos chicos. Íbamos a reunirnos en una casa de las afueras del pueblo, casi una finca. Cuando llegamos uno de ellos, Paco, nos esperaba en el portón fumando.
_ ¿Qué bolá?- dijo William a modo de saludo mientras nos apretábamos las manos.
_ ¡Na, aquí esperándolos!
            A William le gustó aquella respuesta y sobre todo la mirada que me echó el muy cabrón.
_ Bueno, aquí estamos, he traído una botella de ron pa ambientar algo y bueno, el culo y la boca de este mariconazo que ya conocen...-el argumento de William como siempre, lleno de doble sentido.
            Paco nos dijo que iríamos primero al portal a jugar dominó porque todavía un tío de él que es el dueño de la finca estaba allí pero que se iría dentro de una hora, nos explicó que ellos dos se quedaban a cuidar la finca para que nadie robara. Julio nos esperaba en el portal de un costado de la casa, después de saludar se fue a buscar los basos para tomar, nos sentamos los cuatro a jugar dominó. Al rato el dueño de la finca pasó a despedirse mientras nosotros jugábamos al dominó, no pasó mucho tiempo sin que William tuviera una idea.
_ ¡Oye, culo, métete debajo de la mesa para que nos mames!
            A Paco y Julio les gustó la idea, secundaron a William que ya se había sacado el rabo. Me vi debajo de la mesa mamando y tocando pingas, ellos gozando y jugando dominó. Como me había dicho William intensifiqué con la pinga de uno de ellos en mamadas hasta que el muy cabrón se vino en mi garganta porque soltó las fichas y me agarró la cabeza para clavarme la pinga hasta los cojones en la boca. Era Julio el que se habia venido primero, le chupé la pinga que seguía dura hasta dejarla bien limpia, después lo miré, me sonrió.
_ ¡Vamos pa´dentro, maricón, que quiero darte pinga por culo!- me dijo Paco.
            Me levanté dejando a William con Julio. Paco estaba que explotaba con la pinga dura a más no poder, me bajé el pantalón, me ensalivé el culo mientras él se escupía la pinga. Me abrí las nalgas dejando mi ojete preparado para recibir su pinga, no me hizo rogar, en un segundo ya me había metido la pinga hasta el tope y me singaba con fuerza.
_ ¡Maricón, qué culo tienes! - me dijo jadeante.
_ Pues, macho, te lo estás singando, así que aprovecha...
_ ¡Y tú, goza de mi pinga, gózala bien que te está singando un macho!
            Teníamos esa conversación caliente los dos, William y Julio entraron y se pusieron a mirar, auqnue William enseguida vino y me puso su pingón en la boca.
_ ¡A este le gusta que le den pinga por todos los lados! - después le dijo a Julio- ¿Quieres que te la mame él pa´que se te pare de nuevo?
            Julio vino y me dio a mamar su miembro algo blando, yo empecé a mamar para tratar de que se le parara de nuevo. William aprovechó para agacharse y abrirle las nalgas a Julio que dio un salto gritando que no era maricón.
_ ¡Oye, macho, aquí el único maricón es ese!- dijo señalándome.-¡Aquí el único que va a coger pinga es él! No te asustes, yo sé que no eres maricón...pero deja que te ayude a que se te pare.
_ ¡Coño, que no!
_ ¡Mira, si no se te para, te doy el culo yo y yo no soy de los de dar el culo!- le propuso William.
_ ¡Oye, asere, aquí estamos entre machos! - le dijo Paco que seguía singándome.
_ ¡Macho, aquí el traga pinga y leche soy yo, así que no hay problema!- le animé yo.
            Y Julio pecó, se acercó de nuevo dando su pinga para que se la mamara mientras dejaba a William gozar de su culo. No pasó mucho tiempo, supongo que el prudencial para perder el miedo, para que la erección se hiciera visible. Yo emepcé a moverme bien para tratar de que Paco descargara su leche rápido y al parecer que viendo como se había puesto Julio, se vino enseguida.
_ ¡Ahora dame pinga!- le dije yo.
            William me sonrió, había logrado un buen comienzo.
_ ¿Quieres que se te pare ahora a ti?- le dijo con malicia a Paco.
            La respuesta fue la misma, que no era maricón y la misma replica que el maricón era yo que estaba en cuatro patas recibiendo pinga. William se las arregló para darle lengua a Paco que no pudo evitar soltar suspiros a cada lametón que William le daba en su culo. Cuando vi que Paco ya estaba gozando, le dije a Julio que nos fueramos al baño que tenía calor y que quería que siguiera singándome bajo la ducha. William comprendió rápido mi intención, dejarlos solos a los dos porque así Paco no se iba a cortar con la presencia del amigo. Nosotros seguimos en la ducha, yo tratando de que fuera más tiempo porque sabía de sobra que podía llevarle tiempo a William el seducir a Paco, bajo la ducha le lavé la pinga a Julio y empecé a mamar, alegando que quería descansar un poco el culete. Eso sí, le dije que no se viniera en mi boca porque quería que me llenara de leche el culo. Aquello le llenó de orgullo.
_ ¡Coño, eres mejor que una jeba!- me dijo sintiéndose más macho que nadie.
            Pero yo estaba más atento a los ruidos que podían llegar desde la sala donde estaban William y Paco, aunque a veces no se escuchaba bien por el ruido del agua. Al reto me dediqué a lo nuestro y a que Paco descargara todo lo que le quedaba, así lo hizo con el alarde de macho que le gsutaba hacer. Nos secamos y fuimos para la sala, nos quedamos con la boca abierta al ver como William se singaba a Julio, lo tenía bien clavado. Paco estaba de rodillas sobre un sofá con la cabeza en un cojín mientras de pie William se lo singaba.
_ ¿Ves qué es rico, papo?- le preguntaba William.
_ ¡Uf...sí...cojones!- resoplaba de placer paco.
            Julio quiso decir algo pero lo contuve, me lo llevé al baño de nuevo.
_ No interrumpas, ¿no viste cómo lo estaban gozando?
_ ¡Coño!, pero ¿Julio es maricón?-no cabia en su asombro.
_ ¡Mira, lo importante es singar y pasarla bien! ¿Tú has probado alguna vez?
_ ¡Qué va!-casi me empuja- ¡Yo soy macho..., no te equivoques.
_ ¡Bah...!, mira...cuando tú me singas ¿no ves cómo me pongo? ¿cómo me gusta?
_ ¡Sí, porque eres maricón!¡Te gusta que te den pinga!
_¡No seas berraco! El asunto es que lo que se siente es mucho...al principio molesta, no creas, pero al pasar el primer rato, es lo mejor que hay y todos lo sentimos. Claro, tú tienes razón a mí me gusta que me den pinga, no lo niego...me gusta.
_ Pero...¿y Julio?
_ A ver, pues no hemos visto nada...que quede entre nosotros...
_Pero lo he visto, lo vi clavado...
_¿Y?
_ No sé, no sé...
_ Mira, si has visto que también le gusta que le den por culo, pues mejor, así podrías cogerle el culo de vez en cuando y así queda entre ustedes dos.
            Aquel razonamiento le gustó, le pareció más cercano a su cómoda posición de saberse bugarrón y no maricón.
_ A ver, o te haces el que no has visto nada o lo aceptas tal y como lo ves..., mira, esto es singueta entre machos y por lo tanto, lo que pasa queda entre machos.
            Paco no parecía convencido de nada o más bien, estaba empeñado en mostrar, exteriorizar su inconformidad, su asombro y que en realidad yo no comprendía mucho. Al rato nos presentamos en la sala donde William tenía clavado a Julio, habían cambiado de posición y ahora William estaba sentado en el sofá y encima, bien calzado con la pinga de William, Julio que al vernos quiso zafarse pero William lo retuvo.
_ ¡Oye, “broder”, no pienses que...! murmuró al ver a Paco.
            Hubo un silencio entre todos, William me miraba satisfecho.
_ Yo..., yo no pensaba que a ti...-empezó a decir Paco.
_ ¡Oye, esto es a lo macho!-le dijo William- ¡A ver, ven y dale un poco de pinga tú!
_ ¡No, cojones que no!-protestó Julio que no sabía cómo zafarse a William.
_ ¡Papo, mira, aquí maricón hay uno, es ese...lo tuyo ha sido probar sólo..., a ver, deja a tu socio que te dé un poco de pinga y después tú a él! ¡Mira, yo te daría el culo pero tengo una fistula que no me deja!-mintió William.
            A Paco aquella conversación y viendo cómo estaba su amigo, la pinga se le había parado de nuevo. Se acercó a ellos, palpó con su mano el culo lleno con la pinga de William, palpó la pinga dura de Julio.
_ La tienes bien dura...
_ ¡No sé, no sé, broder qué me ha pasao...
_ ¿Me vas a dejar que te la meta ahora?- fue una pregunta tierna la que le salió a Paco.
            La escena hubiera sido de lo más romántica si William no hubiera estado detrás de todo aquello. William sacó su pinga dejando el culo de Julio ya bien dilatado para que Paco se lo singara. Nosotros nos sentamos a ver el cuadro aquel y cómo Paco se singaba a su amigo, cómo lo acariciaba, cómo lo besaba, cómo temrinaron besándose los dos. Yo me senté sobre la pinga de William.
_ Tú no pierdes tiempo...- me dijo William.
_ ¡No, quien no pierde ni un segundo eres tú! ¡Qué buen ojo tiene para descubrir a la gente!
_ ¡Ves, ahora serán felices los dos!
_ ¡O se odiarán después! Quién sabe la reacción que tengan...
            William no se vino, al rato empezamos a vestirnos mientras que aquellos dos seguían uno prendido del otro. Pero antes de irnos vimos lo mejor, Julio le pidió a Paco que se volviera, que quería singar él ahora. Paco lo obedeció y se cambiaron los papeles. Creo que agradecieron que nos despidiéramos para así quedarse disfrutando ellos solos. Me imagino que habrán estado toda la noche singando porque la primera vez puede pasar así.
            De camino William me descubrió que desde el principio vio como Julio le miraba la pinga, por lo que en un descuido lo rozó, después le pasó la mano por el ojete y sintió cómo se había erizado todo. “Eso no falla, quien quiere pinga, la quiere aunque lo niegue”, fue al sentencia de William.


Capítulo quince

                A Julio y a Paco los vi como a los dos días, hablamos, me invitaron de nuevo aunque me dejaron claro que sólo querían que fuera yo sin William.
_ ¡Mira, ven tú solito!- me dijo Paco, después agregó- es que a este no le va eso de que me lo singue.
_ ¡Oye, que ya te dije que no soy maricón!-protestó Julio.
_ ¡Sí, sí, ya lo vi!-dijo Paco con ironía viendo el malestar de Julio.
                Quedamos que después del noticiero iría, les pareció bien esa hora. Estaba claro que aquella tarstada de William había puesto a aquellos dos en conflicto y más siendo gente tan cerrada que seguramente terminarían comprendiéndose y aceptándose mutuamente, cada cual en su rol, en el más cómodo pero era demasiado temprano para que llegaran a ese punto. Estaban en el verdadero huracán del conflicto, lo supe después, porque Paco quería singarse a Julio cada vez y éste, pues no se dejaba porque lo que había pasado con William no era nada y le echaba la culpa al alcohol. Daba risa las replicas de los dos, porque entonces Paco le proponía que bebiera para que así se dejara penetrar, en fin, una comedia y de las peores.
                Paco me esperaba, me contó sobre todo aquella historia y me pidió que hablara con Julio para que lo convenciera. El plan era que singaríamos al principio y después él saldría a buscar a un amigo para que así nos quedáramos los dos y conversáramos.
_ ... bueno, he invitado a un socio, un negrón que tiene buena morronga, yo le conté que te había singado y me pidió que quería probar porque una vez quiso cogerle el culo a uno, pero le partió el culo...
                Fue la explicación que me dio mientras ibamos por el camino hacia la casa. En la casa Julio nos esperaba sin camisa, estaba sensual y se le veía bien machote. Paco trajo de la cocina cervezas y mientras tomábamos en silencio, me percaté que a Paco se le estaba parando. Me le acerqué mientras le cogió el paquete por encima del pantalón.
_ ¡Coño, parece que algo quiere salirse!- le dije con malicia.
_ ¡Sí, salirse para que la meta en tu culo!
_ ¿Quieres singarme ya?- le respondí mientras me bajaba los pantalones y me daba la vuelta quedando frente a Julio, mientras que echaba saliva en mi mano para untarme en el culo.
                A Julio aquello le gustó, se le veía en la cara, en los ojos y en la pinga ya parada. Paco, se sacó la pinga, la escupió y quiso meterla de un golpe.
_ ¡Oye, no, así no, eres el primero y mejor, suave!-le reprimí.
                Me hizo caso muy a pesar de su alarde de macho, me fue metiendo su pinga poco a poco allí de pie frente a Julio.
_ ¿Cómo te sientes así clava´o?- me preguntó cuando la metió toda.
_ Ya sabes que bien....
_ ¿Te gusta, mamí?
_ ¡Sí, papí, me gusta…
                Singamos así, de pie frente al sofá donde estaba sentado Julio, yo de vez en cuando bebía tragos de la botella de cerveza, pero siempre mirando a Julio.
_ ¡Oye!, ¿no quieres que te la mame?- le pregunté a Julio.
                En nada estaba yo recibiendo pinga por la boca y por el ojete. Paco al rato dijo que se venía y así lo hizo, Julio se puso a jugar un rato con su pinga antes de metérmela, me daba golpecitos y me preguntaba:
_ ¿Qué…? ¿Quieres pinga?
_ ¡Sí, sabes que me vuelve loco!
_ Tienes ese culo lleno de leche de otro macho…
_ ¡Papo, falta la tuya…-le respondía yo para animarlo.
_ ¿Eres maricón?
_ ¡Sí, papo, maricón rente al culo…
                No me hizo esperar mucho, me singo con fuerza, como demostrando que era bien macho y más para que su amigo lo viera.
_ ¿Ya ves? Esto es lo que me gusta a mí…singar a un maricón.
                Paco sonrió, como diciendo que ya sabía él de aquel macho, porque al parecer hablaba con él y no conmigo. En fin, yo me desentendí de aquella comedia e intenté disfrutar del momento porque de verdad que los dos estaban buenos y singaban bien, aunque al parecer tenían tantos deseos que no pasó mucho tiempo para que se viniera Julio. Ambos había terminado en nada, pero eso no iba a ser problema para una segunda tanda al cabo del rato. Me puse el calzoncillo y me senté en el sofá.
_ ¡Coño te has quedado con la leche de los dos en el culo!- exclamó Paco con orgullo.
                Lo había hecho pensando en el resultado, William me lo había enseñado y hasta el momento había dado buen resultado. Paco se fue a buscar al otro, nos quedamos nosotros dos solos, Julio sentado en un extremo del sofá, también en calzoncillos como yo pero con la camiseta que no se había quitado.
_¡Oye!¿Qué les pasa a ustedes dos?-decidí ir directo al grano.
_ Ja, hideputa, seguro que te contó ya…
_ Bueno, sí, algo me dijo.
_ ¡Mira, chico, yo no soy maricón!- me dijo poniéndose algo brusco.- y ese se cree que me puede manguear como le da la gana y no. Yo soy tan macho como él.
_ ¡Mira, no grites! Eso lo sabemos nosotros, pero si el asunto es de pasar un buen rato… ¿no me digas que no lo pasaron bien aquel día?
                Se levantó enfadado, bufaba como un toro. Se sentó en una butaca.
_ ¡A ti te gusta que te den por culo! ¡Coño, a mí no!- decía mientras manoteaba.
_ ¿Sabes una cosa? A mí me gusta, me vuelve loco pero me costó trabajo aceptarlo…, pensaba que era menos macho que el bujarrón que me singaba, pero no, me equivocaba… El asunto es de dos machos que gozan, claro uno da pinga y otro recibe.
_ ¡Qué no va conmigo más! Una vez probé y ya.
_ Bueno, pero vimos que Paco también te dio el culo ¿no?
_ ¡Sí, pero dice que yo soy más maricón! ¡Que lo tengo escondido!
_ Él lo tiene también escondido…
_ ¡Mira, yo hablo con él! Pero si quieren gozar pues tienen que querer los dos…porque yo no voy a estar aquí todas las veces para que me den pinga.
Estaba claro que las posiciones estaban bien definidas y la fiesta no tenía salida. Ellos se habían metido en un callejón sin salida y lo mejor era que no sabían cómo salir. Al rato llegó Paco con el invitado que presentó como El Coque, un negro fuerte que no había visto antes, bastante joven, con un bigote de camionera que volvía loco.
_ ¡Mira, Coque, este es el brother que te dije!- nos presentó Paco.
_ Pue, vamo a ver…-me dijo dándome la mano.
                Julio fue a la cocina a traer cervezas.
_ ¡Nos lo acabamos de singar hace un rato!- explicó Paco con orgullo.- Tiene tremendo culo y aguante.
_ Yo una ve quise singarme a uno y de la primera clavá, lo raje…-contó Coque y todos rieron.
_ ¡Pues hoy vas a coger un culo! ¡El mío, macho!- le dije provocativo.
_ ¡Huy, pero valiente el chico!-replicó Coque.
_ Es muy atrevido, no veas como traga pinga…, la semana pasada tres nos lo singamos por turno y él contento.- agregó Julio.
_ ¡A ver! ¿Deja ver ese culazo?- pidió Coque.
                Yo me quité los calzoncillos y abrí las piernas. Coque las sostuvo y miró mi ojete que por la posición dejaba escapar el semen de los otros dos. Era maña, sabía que eso le iba a gustar.
_ ¡Cojones pero si lo tiene chorreando leche! ¡Aguánteme aquí las piernas que se la voy a meter ahora mismo.
                Así fue, Julio y Paco sostuvieron mis piernas mientras Coque se sacaba la morronga ya parada y recogía el semen para untarse en la punta. Metió la mitad de un golpe, yo me doble sobre mi espalda porque lo sentí.
_ ¡Oye, si te duele, dime y paro!- dijo Coque.
                Yo le dije que siguiera, que metiera su pinga hasta los huevos cosa que aplaudieron los otros dos. Cuando Coque sintió y vio que la había metido toda empezó a resoplar y a moverse.
_ ¡Ah, ah…cojones, es la primera vez, es mi primer culo…., esto es mejor que un chocho!
                Me singaba a lo bestia, gozando de mi culo. Al rato le dije que quería cambiar de posición, que la sacara. Así lo hizo y me puse de rodillas sobre el sofá empinando el culo para que me lo singara de nuevo. Coque empezó a meter y a sacar la pinga de golpe diciendo que así se iba a venir.
_ ¡Te voy a llenar de leche, maricón! ¡Te voy a preñar ahora mismo!
_ No, papo, no, sigue, sigue dándome pinga….quiero que me goces el culo.
                Julio y Paco estaban sorprendidos de aquella escena. Nos miraban sin dar crédito a lo que veían. Coque se vino al rato pero no sacó la pinga, siguió singando para lograr un segundo orgasmo. Al rato le dije que prefería acostarme y que me singara acostado. Coque era un animal, singaba con gusto y daba placer, y lo mejor era que besaba, me besaba la nuca, las orejas, la boca. Esta vez fue muy pasional. Cuando se vino y sacó la pinga, pude ver lo grande que la tenía.
_ ¿Te gusta este pingón, nene? – me preguntó con cariño.
                Yo en respuesta me agaché y empecé a mamarle la pinga medio erecta y goteando las últimas gotas de semen. Eso le gustó mucho, después cuando me levanté, me abrazó.
_ ¡Oye, nene! ¿Quieres que sea tu marido? ¡Mira, que tú eres el primero que se singa esta pinga!
Paco y Julio estaban sentados en unas butacas viendo aquello, habían quedado como apartados de aquella escena. Yo contento con aquel tipo que no paraba de besarme y acariciarme mientras me proponía que fuera su gente. No pasó mucho rato mientras conversábamos cuando se le volvió a parar la pinga. Yo lo miré y mientras le sonreía, me senté sobre la pinga metiéndome de nuevo aquella morronga.
_ ¡Cojones, este sí que es un maricón de verdad!- exclamó Paco.
_ ¡No, no…a partir de hoy este culo es mío! Este es mi jeba pa´que lo sepan.- dejó claro Coque.
_ ¡Contra que te invitamos para darle pinga los tres!- terció Julio.
_ ¡Mira, pregúntale qué pinga le gusta más!
_ ¡La tuya, la tuya, papi!-agregué con zalamería.
_ ¡Así me gusta, mami, aquí tienes tu pinga pa´rato!-me confirmó orgulloso Coque.
                Por mucho que insistieron Paco y Julio tuvieron que conformarse con ver cómo el conocido o amigo me acaparaba para sí y sin dejarles nada. Cuando se vino nos vestimos para irnos a pesar de las protestas de aquellos dos. Salimos a la calle, Coque iba contento.
_ ¡No sabes, macho lo que me gustas! Mira, si te digo que eres al primero que singo de verdad, te puede parecer raro….pero eres el primero.
_ Singas muy bien para ser primerizo.
_ Je je je…, mira, no es que sea primerizo, eres el primero que singo sin esos problemas de que “me duele”, de que “es muy grande y solo la mitad”… y con las jebas no me gusta na.-concluyó.- Me gusta sentir un culito que apriete mi morronga y el tuyo hoy lo ha hecho genial. ¿Sabes una cosa?
_ ¿Qué?
_ Se me está parando de nuevo…
                En efectivo, la erección era visible por encima del pantalón. Me gustaba el muy cabrón, era un tipo muy fogoso, aunque eso podía ser el principio.
_ Si quieres nos metemos en ese matorral y te la mamo…
_ No, mami, no quiero que me la mames…, yo quiero darte pinga de nuevo por culo.
                Sí, me gustaba, el muy hijo de puta sabía lo que quería y cómo pedir lo que quería. Aprovechando esa oscuridad que siempre había, nos metimos detrás de unos matorrales. Me bajé los pantalones y abrí mis nalgas. Coque se arrodillo y empezó a mamar mi culo.
_ ¡Cojones, lo tienes lleno de mi leche! Espera que ahora te voy a dar más…
                Fue lo que dijo antes de hacerme sentir aquella pinga gorda y grande que entró bien, sin trabajo alguno. Nos demoramos bastante pero gozando a tope por lo que no nos pareció mucho tiempo, se vino y se preocupó porque me viniera yo. No dejó de bombear mi ojete hasta que no me vine. Nos besamos largamente, miré su pinga que por la poca luz que había, tenía un aspecto de ensueño. Me agaché y besé su miembro, lo olí, lo lamí y terminé chupando su pinga.
_ ¡Coño que se me va a parar de nuevo!-me dijo.
_ ¡Papo, sólo estaba limpiándola para que no le quede ni una gota de leche!- en respuesta me besó.
_ Eso es lo que me gusta de ti…, te gusta la pinga y que te den leche y pinga.
_ Sí, me gustas mucho…
_ Puedo no gustarte, me basta con que te guste la pinga que te voy a dar.
                Desde ese momento me convertí en la pareja de Coque y aunque delante de algunos amigos o de los pocos familiares que sabían de mí, me sentía algo raro, me daba lo mismo. Coque era negro, macho y tenía un buen machete, y lo principal, nos gustábamos mutuamente. Aquella noche me fui a dormir a su casa, vivía en una casa pequeña, bueno, un cuarto que había construido detrás de la casa de los padres y que se entraba por un pasillo lateral directo al patio. Aquella noche la pasamos abrazados y acariciándonos, dándonos placer el uno al otro. Supe que era enfermero en el hospital y que por suerte no trabajaba al día siguiente, me contó que desde hacía tiempo se había hecho aquel cuarto porque aparte de querer independizarse algo, por su trabajo le era mejor porque a veces tenía que dormir de día cuando tenía guardias nocturnas. Su familia sabía lo de él y lo aceptaba sin problemas, aunque algunos de los hermanos eran demasiado cheo para compartir todo.
                Yo le conté de mí algo, él me dijo que me había visto alguna que otra vez con William pero que no se había atrevido a invitarme porque yo ni lo había mirado. Yo ni me acordaba el haberlo visto con anterioridad. Al día siguiente nos levantamos tarde, casi al mediodía después de una noche tan ajetreada, la hermana entró y Coque nos presentó. La mujer muy simpática, me dijo:
_ ¡Coño, a ver si nos sale bueno y me cuidas a mi herma!
_ ¡No te imaginas lo bien que nos llevamos en la cama!-agregó él.
_ Pues mejor, niño…mejor que todo comienza por una buena cama.
                Era simpática la hermana, no conocía a nadie más porque todos se habían ido al trabajo pero me prometió presentarme a los demás. Abrió las persianas para que entrara un poco el sol, se le veía bello como un adonis de ébano, no era de esos cachas musculosos, pero tenía buen cuerpo y aquel calzoncillo blanco le resaltaba mucho con su piel negra. Vino hacia mí y me abrazó.
_ Me gusta ver cómo me miras…
_ Es que me gustas un montón…
_ Y tú a mí blanquito… ¿entonces te van los negros?
_ No, papo, me gustas tú que sabes dar lo que me gusta…
_ ¡Mi pinga y mi leche son tuyas!
                Yo lo besé, me acosté a su lado desnudo abrazando la almohada.
_ ¿Sabes lo que quisiera?
_ No me cuesta adivinarlo… - respondió acariciando mis nalgas.
                Yo suspiré al sentir como me acariciaba y saber que me miraba. El sol nos daba en la cama y yo quería ser de él. Se levantó a buscar vaselina, pero lo detuve.
_ No, papo, no…quiero que me singues con saliva…
_ Pero…
_ ¡Papo, si voy a ser tu gente, mi culo tiene que abrirse solo cada vez que tu pinga lo roce!- le dije escupiendo en mi mano y untando la saliva en mi ojete.
_ Si te duele me lo dices…-me dijo mientras ponía su pinga en mi culo.
                Costó trabajo que entrara así, pero entró al final.
_ ¡Ya la tienes clavá!
_ Entonces escucha…, quiero que seas mi marido. – le dije con zalamería.- ¿serás mi marido? Mi macho.
                Como respuesta sentí como empujó bien adentro su sexo haciéndome sentirlo.
_ Ya lo soy…., soy tu macho, tu marido y tú mi jeba, mi maricón gozador…
                Volví a tener por compromiso a un negro, de nuevo en el pueblo los rumores se levantaron que yo estaba con aquel negro y todo lo que se les ocurrió. Pero a mí me importaba poco lo que dijeran de mí, estaba feliz con él y él conmigo. Como a la semana fuimos al cumpleaños de un amigo, yo en calidad de pareja aunque  no sabía que allí estaría la antigua pareja de Coque. No me gustó mucho aquello porque en resumida, él me había dicho otra cosa.
_ Mira, papo, a ver, no te mentí ni nada de eso…, te dije la verdad. Tú has sido el primero que me singo así metiendo hasta el tronco y sin chistar. Claro que antes tuve mis cosas, como tú las tuyas.-me besó con pasión.- ¡Sí, ese fue mi gente! Pero eso pasó hace tiempo porque de verdad que él no podía con mi pinga y yo no estaba para esas cosas, lo dejé porque me enrolé con una jeba, con una mujer y bueno cuando te conocí a ti, yo estaba solo.
_ Ya me imaginaba que eso de primerizo era un cuento…
_ ¡No, mi vida! ¡Verdad, pura verdad!- me juró- Tú has sido el mejor y el único que he singado así, nadie, escucha, nadie se ha querido meter mi tranca completa y a mí me gusta singar.
_ ¡Bueno, no pasa nada! Pero no creo que a tu ex le gusta mucho que estemos aquí juntos.
_ ¡Bah, me tiene sin cuidado! Ya hemos terminado hace tiempo.
                Nosotros acaramelados allí muy a pesar de las miradas furiosas del ex, que por casualidad estaba solo y eso lo hacía rabiar más. Eso lo supe por el amigo que cumplía años que se sentó a mi lado.
_ ¡Oye, cuida a Coque, no lo había visto tan feliz con nadie!
_ Bueno, recién empezamos…
_ ¡Mira, es muy buena gente, es un pan!
_ Lo sé…, y me gusta mucho- dije mientras lo besaba.
_ ¡Tú eres su segunda gente, así que lo estrenas!- me confesó sin preguntarle nada- ¡Oye y que lo que tiene es mucho! ¡Le decían El Bate…, ya sabes por qué!
                Reímos, seguimos charlando de otras cosas hasta que Coque me dijo que era mejor irse y aunque el amigo propuso que nos quedáramos más tiempo, nos fuimos. Mientras caminábamos rumbo a la casa me dijo como si se franqueara.
_ ¡Mira, mamí, de verdad que me llenas! Me gustas un puñao…, no he encontrado gente así…y mira, con un blanquito me ha tocado enamorarme.
_ Sí, papo, así es…, a mí me pasa lo mismo… ¿pero qué coño le importa a la gente lo que hagamos? Tú y yo estamos bien, nos gustamos y en la cama mejor…
_ Eso es lo que vale…., mi vida- me susurró al oído- ¿sabes lo que quiero?
_ ¿Qué?- como respuesta me plantó un beso en la boca.- ¡Oye que nos llevan presos por esto!
_ ¡Ven, vamos a sentarnos ene l parque un rato! Allí, en la oscuridad…
                Allí nos fuimos y nos sentamos en un banco al amparo de la oscuridad que imperaba en el parque y de los árboles. Él se sentó apoyando su espalda a la pared y yo entre sus piernas abiertas, él me abrazó con cariño mientras besaba mi nuca.
_ Me estoy enamorando de verdad, mamí…
_ Y yo ya lo estoy…, me gustas….
                Sus caricias me excitaban, él se excitaba más aún. Sentía su pinga ponerse dura. Estuvimos un rato sin decirnos nada porque nada nos hacía falta decir. Yo me volví, lo miré, me gustaba ver sus ojos bajo aquellas pestañas tan largas y su boca bajo el bigotico sensual que tenía.
_ ¡Papi!, ¿me dejas que te mamé la pinga?
_ Ya sabes que es tuya, toda tuya…todita para ti…
                Me lo dijo con cariño, agarrando mi cara y besándome. Yo abrí la portañuela y saqué aquel pingón que tanto me gustaba. La besé, la roce con mis labios y mi bigote, empecé a chupar la cabeza de su pinga, él me miraba y yo lo miraba.
_ ¡Si...si quieres vamos y singamos en la casa! – me dijo jadeando.
_ No, papo, no…quiero mamarte la pinga aquí en el parque, en medio del pueblo…
_ Eso me gusta de ti…, eres un loco a pinga…, es tuya…sácame la leche, mamí…sácamela.
                Seguí yo mamando su pinga, haciéndole sentir todo el goce del mundo, a veces se le escapaba algún gemido, me acariciaba la cabeza diciendo “así, mamí, así”, “qué rico mamas”. Así estuvimos hasta que se vino en mi boca, yo aproveché para tragarme todo el semen y dejarle limpia, bien limpia la pinga. Sentí que eso le gustaba, que le llenaba de orgullo.
_ Eres el mejor mamando…., uf, ¡qué mamada! Y te has tragado toda la leche sin decir nada…, glotón.- me besó- Me gusta ese olor a leche mía que tienes, me vas a volver loco, me has embrujado…
_ Papo, tu leche no se debe desperdiciar más…ya sabes, o en mi culo o en mi boca.- sabía el efecto de mis palabras. Me besó con arrebato.
_ ¡Es tuya, mamí, es tuya toda!- y agregó después del beso- no sabes lo que me gusta que mi gente sea así, un poseso a mi pinga, a mi leche… ¿sabes? Me han dicho que tú has cogido mucha pinga y que tenías el culo descocido, pero son chismes, yo mismo te he singado y me encanta tu culito, pero conmigo vas a tener la pinga que te gusta.
                Yo volví a lamer la cabeza de la pinga que había dejado asomar unas gotas de semen. Coque se sentía orgulloso, más macho que nadie.
_ ¡Mamí, vamos pa´la casa que quiero singarte ahora!- nos levantamos y me agarró las nalgas- ahora le toca a ese culito tener su lechita.
                Llegamos a la casa, cuando caímos en la cama desnudos y abrazados éramos muy felices. Yo me puse boca abajo mientras él ponía un cojín debajo de mí para que mi culo quedara alto. Empezó a untar crema en mi culo, sentí el frío y el olor de una crema conocida.
_ ¿Eso es lidocaína?- le pregunté con rareza.
_ ¡Sí, mamí…hoy quiero darte pinga bastante tiempo, primero que ya me vine y segundo que quiero gozar bien.
                Sabía lo que aquello significaba porque lo había hecho con ese analgésico, no se sentía nada y se podía singar mucho.
_ ¿La has usado antes?- me preguntó mientras ponía su pinga en mi culo.
_ ¡Sí!
_ ¡Ah, me han dicho que la gente la usa en los bailes de perchero para que al pasivo no le partan el culo!
_  Papo, a mí me gusta sentir…
_ Ya vas a sentir mañana cuando se te pase la crema…- metió la pinga despacio hasta atrás. La sentí a pesar de la crema y sus efectos, sentí que me metía algo duro y grande: la pinga de mi negro. Rápido empezó a moverse, a singarme, a embestir a lo macho.- ¿Mamí rica, te gusta lo que te estoy haciendo?
_ ¡Sí, macho, me gusta que me des pinga!
_ ¿Mamí, te gusta mi pinga?
_ ¡Sí, sí!
_ ¡Pues la tienes bien clavá la tienes en tu culo! ¡Goza, maricón!
_ ¡Dame pinga, dame!
_ ¿Tú eres maricón?
_ ¡Soy tu maricón! Papi.
_ ¡Te gusta la pinga! ¿Eh?
_ ¿Y a ti mi culo?
_ ¡Sí, mamí, sí…, me vuelve loco ese culito rico y estrecho que tienes! Lo sabes bien, me estás volviendo loco…ya sólo pienso en singarte, maricón.
_ ¡Vamos, vamos, dame pinga….dame, coño, dame…
                Yo le animaba, él seguía dando pinga y ambos recibíamos placer, un placer mutuo, de dos. Estuvimos mucho rato y lo más interesante que sin cambiar de posición, creo que al cabo de una hora se vino dando mugidos. Se quedó dentro, me besó, me prometió el cielo y la tierra.
_ ¡Ahora quiero sacarte la leche a ti! Ve y lávate el culo.
                Lo obedecí, regresé y me puso con las piernas para arriba y empezó a mamarme el culo recién singado.
_ ¡No te toques la pinga! Quiero sacarte la leche mamándote el culo…
                Comprendí que quería hacerme algo que poca gente lograba, pero con lo caliente que estábamos pues quizá podría ser. Empezó a lamer mi culo, a decir que se salía su leche, a meter su lengua.
_ ¡Papi, méteme le dedo aunque sea!
_ ¡No, yo tengo que hacer venirse a mi jeba con la lengua!
                Estaba convencido de que lo lograría y finalmente lo logró, me vine casi gritando de tanto placer que me provocó. Aquella noche dormimos abrazados, muy juntos y satisfechos de tenernos el uno al otro.
                Efectivamente al día siguiente me sentía adolorido, además de molido por  el no dormir. No era mucho pero me sentía incómodo, sobre todo cuando fui al baño. Coque se levantó como si nada, claro no iba a dolerle el rabo.
_ ¡Mamí, ven pa´cá que tu negro te tiene algo!-lo escuché decirme desde la cama, me imaginaba qué era. Cuando entré en el cuarto allí lo vi acostado blandiendo su pinga al aire._ ¡Ven, ven…que ya te toca tu lechita!
_ No sé… - dudé yo- Me has dejado adolorido…
                Me acerqué acostándome a su lado, nos abrazamos besándonos y acariciándonos. Me hizo volverme y abrió mis nalgas.
_ ¡Se ve bien, todo rico como siempre! – Me besó el culo, las nalgas- Ese culito quiere su leche…
_ No, me duele, de verdad…
_ ¿Qué es lo que te duele si no te he metido nada?- dijo propinándome una nalgada sonora.
_ Papo, me vas a joder si me singas ahora…
                Se acostó sobre mi espalda haciéndome sentir su pinga entre mis piernas.
_ ¿No la sientes?
_ ¡Sí, papo, sí, la siento y me gusta! Lo sabes bien.
_ Pues esto es carne para ese hueco…
                No iba a detenerse en sus intenciones, iba a singarme porque lo deseaba. Me acordé de William cuando me decía que yo era maricón para complacer a los machos, me dejé llevar.
_ ¡Mira, mi vida, quédate quieto y verás cómo gozas!
                Me puso algo frío, pero no era la crema analgésica sino un lubricante, me puso la pinga en el ojete y empezó a penetrarme. Me dijo que si me dolía que le dijera, que pararíamos entonces. Cuando se dejó caer sobre mi espalda y habiendo metido toda su pinga en mi maltratado culo, me dijo.
_ Mamí, ¿ya sientes mi pingón dentro?
_ Sí…, sí…
_ ¿Tú eres mi jeba?
_ ¡Sí, papi, sí lo soy!
_ Ya ves, si eres mi jeba pues te voy a singar, las jebas complaces a sus maridos…
_ Y lo hago…., pero ayer me singaste duro…., me siento algo raro…
_ ¿Pero ahora cómo sientes el culito?
_ Rico, papi, rico…pero síngame con cuidado…
_ A ver, mamí, a ver….mira nos ponemos de lado y tú mismo serás quien se mueva y así controlas todo.
                Eso hicimos, de costado yo empecé a moverme, a mover mi cintura para sentir como me singaba mi negro que no paraba de besarme y acariciarme.
_ ¿Sabes una cosa? Cuando nos empezaron a ver juntos, mucho vinieron con chismes diciéndome que eras un enfermo a la pinga y que habías cogido más pinga que nadie.- me besó- que hasta puta fuiste pero me gustaste desde el primer momento y si te quiero hacer mi jeba, es para que estés contenta siempre, bien servida y singada.
                Ni protesté porque no tenía sentido.
_ Mamí…ahora eres mi jeba, mi gente y sabes complacer a tu macho. Ya ves cómo te estoy dando pinga, despacio, suave porque me lo has pedido. Yo sé que tengo un buen tronco pero eso es lo que te gusta a ti…
                Al rato le dije que no podía más, que mejor se lavaba la pinga y yo se la mamaba. Le entusiasmó la idea, regresó para que yo me ocupara de chupar hasta que se viniera en mi boca. Yo mamaba y lo miraba.
_ ¿Sabes? Alguien me dijo que tú eras el “Tragaleche”…
_ ¿Qué hijdeputa te dijo eso?-protesté yo.
_ Sigue, sigue, mamí,….mira, no te pongas bravo, fue un chisme, ya sabes que el mundo es pequeño…yo conozco a ese tipo, es un mierda.
                Seguía hablando mientras en mí hervía la sangre de esos chismosos, al parecer no tenía ni que contarle mi pasado porque ya se lo habían contado con lujos de detalles.
_ ¡Cuándo me venga, no te tragues la leche, quiero que me la des en la boca!
                Me pidió, al rato se vino llenando mi boca de leche. Después nos besamos y le di toda su leche en un beso. No me sorprendió lo que hizo pero me gustó, me hizo acostarme y abriendo mis nalgas con un beso en mi culo echó su leche. Después se acostó abrazado a mí.
_ ¡Te quiero, papi, me has hecho algo lindo!
_ Ya te dije que eras mi gente, ese culito estará bien alimentado siempre…
                Claro que lo iba a estar con lo que después empezó para volverse un huracán. Empezó cuando fuimos a casa de un hermano de Coque que vivía en Marianao, un tipo gracioso y bien plantado como diría mucha gente. Fuimos a llevarle unos tenis que no sé quién había vendido y él los quería.
_ ¿Esta es tu jeba, mi herma? – fue el saludo mientras abrazaba a Coque mirándome.
_ No empieces a joder- fue la réplica de Coque.
_ Me imagino que tendrá buen culazo para estar contigo- bromeó mientras me daba la mano, me atraía hacia él para abrazarme.- Yo soy el hermano mayor y lo sé todo, Lucas.
_ ¡Ya, lo sabes todo y lo has visto todo!, así que no nos jodas con tus cosas.-protestó Coque.
_ ¡Oye, si te hubiera visto por la calle no habría pensado que fueras maricón!- se confesó conmigo.
_Bueno, no voy gritando por la calle…-le dije.
                Cuando el hermano salió a no sé qué, Coque me contó que Lucas vivía solo, que había estado casado. Me contó que el hermano era un loco pero muy buena gente. Aprovechando que estábamos en la casa solos, yo me senté sobre mi macho, abrazándolo y besándolo. Me gustaba, nos gustábamos mutuamente. Así nos vio Lucas cuando entró.
_ ¡Ya empezaron con la mariconería! ¿Eh?-dijo riéndose.
                Yo quise levantarme pero Coque me abrazó y no me dejó.
_ ¡No le hagas caso que él sabe lo que hay!-me calmó Coque.
                Lucas había ido por una botella de ron y unos refrescos tropicolas, trajo vasos y se sentó frente a nosotros en otro sofá. Empezamos a beber tragos, a charlar de cosas diferentes. Cuando Lucas le soltó a su hermano.
_ ¡Mi herma, te veo feliz con este blanquito!
_ Pues sí, es lo mejor que me ha pasado.- dijo mientras me daba un beso en la boca.- me he enchochado con él…
_ ¡Querrás decir enculado!-bromeó Lucas con malicia, después me dijo.- no te pongas bravo, no lo hago para ofenderte, es que se ve que mi hermano está feliz contigo. Ya me lo había dicho Merche, pero ahora lo compruebo.
_ Pues sí, brother….como lo ves, estoy bien, feliz porque hasta que no nos conocimos, yo no había singado de verdad…
_ Entonces, es lo que se dice un bue  culazo…- después a mí me dijo- ¿darás buena cintura?
_ Bueno, cuando tu hermano me deja, doy cintura pero él es una máquina dando…-besé a Coque sin terminar la frase.
_ ¡Ya dando pinga!- agregó Lucas- ¡Oye, que sé que mi herma tiene buen morrongón! ¡Qué yo lo he visto en acción!
_ ¡Oye, oye…para!-le recriminó Coque.
_ ¡Bah, no te hagas el santo que tú y yo hemos estado dando pinga en el mismo cuarto!- me aclaró- yo con una jeba y él tratando de singarse a un maricón que gritaba más que mi jeba…je je je.
_ ¿Y eso, no me habías contado?-le pregunté a Coque.
_ ¡Na del otro mundo!- se excusó Coque- estábamos aquí, y na´empezamos a singar. Lucas con una putica del barrio y yo con un amiguito de la putica…
_ Ja ja ja, me acuerdo…me parto de risa de recordarlo…-grito Lucas- ese pajarito chillaba por cualquier cosa y lo más cómico, no podía meterse la morronga de mi herma porque no le cabía, no podía mamársela porque era muy grande…je je je
_ ¿Y cómo terminó la singueta?- le pregunté yo.
_ Ja ja ja…., mira mi herma ya cabrón de tanta mariconería, fue a la cocina y trajo una lata de leche condensada y puso al pajarito a lamer la pinga como si fuera un helado…uf…estuvo dando lengua…., qué te digo, la putica y yo nos vinimos y estos dos seguían…
_ No se dejó singar…-dijo riéndose Coque.
_ ¡Bah, comemierda, no sabe lo que se perdió!-agregué yo.
_ ¡Mamí, tú eres la mejor jeba! Yo contigo lo que sea…, mira como me tienes de caliente.
                Efectivamente, la pinga estaba dura y se le marcaba por encima del pantalón. Al frente estaba Lucas mirando sin perderse nada.
_ Si quieres vamos pa´l cuarto y te bajo eso- le dije yo bajito.
_ ¡Mamí, no, mejor aquí!- me susurró al oído.- yo me volví como indicando que allí estaba el hermano.- ¡Mamí, no te preocupes, a él le gusta mirar!
                Había dado luz verde con aquella frase. Estaba claro que el hermano pues le interesaba bastante el asunto. Nosotros empezamos a lo nuestro como de costumbre y pronto la sensación de que alguien nos miraba despareció. Al rato de haber estado mamando la pinga de mi negro, éste me puso de pie y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi culo. Yo gozando, mirando al hermano que parecía excitarse a mil con el espectáculo.
_ ¡Ven pa´cá, mi herma, pa´que veas cómo le entra solita!
                El otros e acercó, me agarró por los hombros como queriendo decirme que aguantara pero terminó sorprendido cuando vio como Coque ponía su morronga en mi culo y la metía sin detenerse, arrancando de mí solo suspiros de placer.
_ ¡Cojones, brother! ¡Eso sí que es un maricón de ley!-dejó escapar Lucas.
_ ¡Ya ves…., es mejor que una jeba! ¡Mira, mira cómo traga pinga y sin chistar, solo goza!- le corrigió mi negro.
_ ¡Oye y con lo machito que se ve, se abre to!-comentó mientras pasaba su mano por mis nalgas hasta llegar al culo lleno por la pinga de Coque, su hermano.- ¡Qué no me creo que se la hayas metido toda así de golpe y con saliva na´má!
_ ¡Mi herma, tuve que darle mucha pinga para llegar a esto! Pero ya ves, ahora ese culo se abre solito…-dijo con orgullo de macho Coque.
_¡Oye, Lucas, es que a mí me gusta la pinga y que me den pinga! – le dije yo a modo de calentarlo más, después le dije a mi negro- dame pinga, macho, dame para que este vea lo que es singar rico…
                Coque me singaba duro, provocando chasquidos al golpear sus huevos con mis nalgas. Yo de pie gozando y más porque Lucas me había pegado su pinga en el brazo. La tenía dura. Al rato le escuché murmurar algo al hermano, y aunque no alcancé a escuchar todo claro, supe de qué se trataba.
_ ¡Mi herma, esta es mi jeba y hace lo que quiera su macho que soy yo!- a mí me dijo dándome una nalgada- ¡Mamí, saca la pinga de mi herma y ya sabes, trátalo como se merece!
                Lucas se puso delante de mí, yo desabroché el pantalón y saque su pinga gorda, pero no tan grande como la de Coque. Comenzó a  singarme la boca agarrando mi cabeza.
_ ¡Mi herma!, ¿quieres darle pinga tú ahora por culo?-le propuso Coque, yo propuse irnos a la cama porque ya de pie, estaba algo cansado pero mi marido se impuso.- ¡No, mejor mamí te sientas en su pinga y le das cintura un rato!
                Lucas se sentó en el sofá con la piernas bien abiertas y la pinga parada, yo fui a sentarme sobre él pero Coque me atajó.
_ ¡No, mamí, de frente a mí, quiero que mires a tu macho mientras te singan!
                Así empecé yo a moverme mirando a mi negro, a mi macho, a mi marido que desnudo me miraba mientras se manoseaba la pinga, la pinga que tanto me gustaba. Lucas no resistió mucho tiempo mis movimientos y se vino casi aullando.
_ ¡Maricón, coge leche!- gritó.
                Cuando me la sacó sentí un gran alivio, me arrastré de rodillas hasta mi negro para mamarle la pinga y sacarle la leche.
_ ¡Mi herma, mira, mira y aprende!
                Yo le mamé la pinga hasta que se vino llenando mi garganta de semen caliente. Me la tomé toda, dejándole la pinga limpia y reluciente.
_ ¿Se la ha tragado toda?- preguntó con asombro Lucas.
_ Je je je, pues mira, este tiene dos huecos pa´recibir leche: la boca y el culo, así que ya desde que estamos juntos, no he desperdiciado ni una gota.-agregó Coque con jocosidad.
_ ¡Quédate así! ¡Uf…, cómo me pone ver ese culo chorreando mi leche!
                Me pidió Lucas y me quedé allí de rodillas frente a Coque, mejor dicho en cuatro y empinando mis nalgas hacia arriba para que Lucas viera, de vez en cuando dejaba escapar el semen para arrancarle alguna que otra exclamación.
_ ¡Oye, mi brother, tremendo maricón que te has echado! ¡Cómo hace pucheros con el culo recién singado!
_ ¡Pues, lo soy, soy maricón y me gusta que me den pinga!- le dije yo volviendo la cabeza.
_ ¡Mi herma, si quieres, métesela de nuevo, no ves que te la está pidiendo!- le dijo Coque.
_ ¡Oye!, ¿no le partiré el culo de tanto singar?
_ ¡Dale que a él le gusta! ¿Verdad, mamí?
_ ¡Sí, papo, sí!- me levanté y fui hasta Lucas- ¡Dame pinga, macho! ¡Dame que eso es lo que me gusta!-le dije con vicio.
_ ¡Ya ves, mi herma, ya ves! ¡Dale tú primero que después le doy yo!-concluyó mi negro.
                Me singaron los dos por turnos, la sala se llenó de olor a leche. Yo estaba bien, a pesar de la singada que me había propinado y que ambos tenían buenos pingones. Terminamos acostándonos a dormir los tres en la cama bajo el ventilador de techo. Dormimos algo, bueno, al menos Lucas y yo, Coque desconectó rápido y yo me hubiera dormido si no fuera porque al rato o no sé a qué tiempo sentí la pinga de Lucas en mi culo de nuevo.
_ Psh…, estate quietecito que mi brother duerme- me susurró al oído.
_ ¡No! – le dije en voz baja.
_ Déjame, no seas mala, anda mamí…mira, te la meto y ya…    
                Mientras me decía aquello, trataba de meter su pinga en mi ojete, que ya dilatado, ofrecía poca resistencia.
_ Mamí, ábrete un poco…, así, así…deja que te entre solita…, ya, coge pinga, maricón.
                Cuando me la metió se quedó quieto, abrazado a mí.
_ Era esto lo que yo quería…, tenerte así clavá.
                Coque se movió algo y nos dijo con molestia.
_ ¡Coño, dejen dormir y váyanse a singar a otro lado!
                Nos levantamos y nos fuimos a la cocina. Allí Lucas empezó a singarme de pie, era una máquina moviéndose, dando pinga. Al rato sentí como que algo caliente me llenaba y a medias se me salía. El muy cabrón se estaba meando en mi culo. Primera vez que me hacían aquello, singarme y mearme dentro. Vencido la sorpresa inicial, me entregué a gozar lo que me propinaba Lucas.
_ ¿Te gustó, mamí?
_ Nunca me había hecho esto.
_ ¿Pero te gustó o no?-volvió a insistir.
_ ¡Claro que le gustó! No ves que es maricón del culo- dijo Coque desde la puerta del dormitorio.
                Me fui al baño a expulsar el meado y lavarme, cuando regresé escuché como discutían. Coque le echaba en cara que yo era su gente y que me respetara.
_ ¡Oye, esa es mi jeba, mi mujer! Así que punto final a esas singuetas…
_ Mi brother, pero no te das cuenta que es tremenda puta…, le gusta la pinga, la leche…
_ Yo le doy caña a tope…
_ Y ya ves…, se vino conmigo a singar dejándote en la cama…, abre los ojos.
                Salí del baño, me vestí y le dije a Lucas.
_ Mira, negro, soy maricón y me gusta la pinga y que me den pinga y leche, no lo voy a negar, tampoco voy a negar que me gusten los negros y por eso me pudiste singar, pero hay una cosa, aquí estoy en tu casa, en tu cama y con mi gente al lado que quiso que singáramos. Por lo demás, me voy, arréglense los dos como les dé la gana.
                Salí como una bala para tratar de que Coque ni me siguiera.



Capítulo 16

                Salí huyendo de casa del hermano de Coque, tratando de poner distancia entre ellos. Yo deseaba que Coque hubiera salido detrás de mí, alcanzándome y convenciéndome regresar pero no logró hacerlo o no habrá salido. No lo supe porque salí como una bala y girando a diestra y siniestra para que no me viera. No me importaba caminar más o alejarme de la parada de guagua. Me daba lo mismo. Al doblar una esquina, di de narices con una guagua que paraba en la parada y me metí sin pensarlo dos veces y sin siquiera saber adónde iba la misma.
                Me bajé en la parte vieja y por casualidad vi que me había bajado casi en la puerta de aquella casa donde había estado con Ramiro cierta vez y se me ocurrió que podía meterme allí. Claro que no era tan ingenuo como para tratar de ir a tocar a la puerta, busqué un teléfono público y llamé a Ramiro, le conté un poco de algo y le dije que estaba allí, en los bajos de aquella casa y que me gustaría entrar de nuevo. Me contestó que le diera unos minutos y que lo volviera a llamar. Me di un paseo, compré un helado y regresé para llamar.
_ ¡Oye, esto me lo tendrás que agradecer!-me dijo con sorna.
_ Ya sabes que soy muy agradecido.-le respondí.
_ ¡Mira, quédate ahí al lado del teléfono! Llamo ahora de nuevo y alguien irá a buscarte. Ya les hablé de ti, así que entras con buena recomendación…, ah, no me des las gracias y agradécemelo ya sabes cómo.
_ ¡Bien, papo, te llamo!
_ ¡Bueno, nene, ya cuelgo y llamo! ¡Qué te den por donde te gusta!- fue la despedida que me dio.
                No esperé mucho tiempo, vino un hombre mayor, calvo y bigotón que me preguntó si yo era el amiguito de Ramiro, me llamó la atención que habló sin que se cayera el cigarrillo de los labios. Subimos las escaleras sin que mediara palabra entre nosotros, en la entrada estaba el dueño, lo recuerdo por lo amanerado que era. Vino y me dio un beso, le dio las gracias al que me trajo y apartando la cortina entramos en la sala.
_ ¡Oye, maricón, que te habías perdido! Pero lo mejor es que ya conoces el camino, ya te daré mi teléfono para que estés en comunicación directa conmigo.- yo sonreí acertando.- Eso sí, me gustaría tener alguna manera de localizarte porque ya sabes, esto aquí a veces es por rachas.
                Yo miraba alrededor, había gente, algunos se besaban y manoseaban, otros conversaban simplemente.
_ ¡Mira, éste es Andreas, un italiano que parla un poco de espangolo!-dijo con gracia y nos dejó.- Bueno, ya sabes…
                Andreas era un tipo alto, bastante fuerte aunque tenía su panza, llevaba un bigote que ya blanqueaba de las canas.
_ ¡Ciao, chico…! Mucho gusto…
_ ¡Hola!- le sonreí yo, al menos era simpático de físico.
_ ¡Io cerca compañía! ¡Tú eres molto simpático! Me place…-me dio mientras pasaba su mano por mi nuca.
_ Pues aquí estoy para hacerte la compañía que quieras.- le respondí coqueto.
_ ¿Ma podemos andiare in privato?- me susurró al oído.
                Se levantó y con su mano sobre mi hombro nos dirigimos hacia las habitaciones. Él ya sabía cuál era porque ni le dijo nada la dueño que la pasar nos sonrió. En la habitación al cerrar la puerta se abalanzó a mí para besarme mientras agarraba mis nalgas. Me gustaba la manera en que lo hacía, no era brusco y sí muy pasional. Tenía un aliento suave y un buen olor.
_ ¡Caro, amigo!- me dijo sosteniéndome en sus brazos.-Io tengo un problema, il mio cazzo è troppo grande..., grande pinga..., ¿comprendes?
                Yo miré como se le marcaba y de verdad que era grande, aunque no como para asustarse con aquello. Fui bajando hasta arrodillarme y quedar con mi cara a la altura de su paquete. Lo besé y le dije.
_ ¡A mí me gusta bien grande!
                Él sin quitarme la vista de los ojos empezó a desabrochar los botones del pantalón, el cinto y por último sacó su pinga para blandirla delante de mí. Efectivamente, era grande y gorda, de cabeza pequeña pero hermosa y estaba tan tiesa que parecía que iba a explotar. Me encargué de lamerla, de besarla, de tratar de mamarla aunque con bastante trabajo porque no entraba toda en la boca. Andreas gozaba, decía cosas en su lengua y trataba de meter la pinga en mi boca.
                Al rato se separó para despojarse de las ropas, yo hice lo mismo y sabiendo lo que podría gustarle, me giré apoyando las manos en la pared para que él pudiera ver mis nalgas. Su reacción fue la que yo esperaba, se lanzó a mis nalgas a lamerlar y besarlas, abriendo con su manos mis nalgas empezó a comerse mi culo. Después sentí el frío lubricante y como empezaba a meter su pinga. Creo que si no hubiera tenido aquel tiempo con el negro de Coque, pues me hubiera dolido algo. Pero eso sí, se sentía. Cuando la tuvo dentro y empezóa singarme no dejaba de decir: “mío amore, mío amore”.
                Fue una singada larga, muy pasional, estuvimos de pie bastante rato, después me llevó a la cama pero sin sacar su pinga de mi culo. Allí boca abajo me singó a su antojo, basándome sin parar, acarciándome. Fue una singada como si hubiéramos sido amantes. Después nos tumbamos de costado, él levantando una de mis piernas para seguir singando. Cuando se vino y sacó su pinga, comprobamos que se había roto el preservativo.
_ ¡Oh, mi scusi!
                Se veía que estaba algo apenado, yo lo besé y le dije que era un accidente. Fue a lavarse, yo a evacuar el semén y lavarme, volvimos a la cama para abrazarnos. Lo besé, me gustaba su boca, la manera que besaba.
_ ¡Oh, caldo cubano! ¡Caliente!
                Repetía mientras acariciaba mi espalda, mis nalgas. Su pinga no había perdido del todo la dureza por lo que al rato ya estaba bien dura de nuevo. Yo me senté sobre él, escupí mi mano y me preparé el culo para sentarme en su pinga, esta vez sin condón ya que con el anterior, toda precaución había quedado en la nada. Andreas no cabía en su asombro cuando me senté sobre su pinga y me la fui metiendo lentamente mientras lo miraba. Cuando llegué a sentir que estaba bien clavado, me encorvé y lo besé.
_ ¡Mi amor, mi amor!
                Él solo exclamaba aquello mientras yo era quien se movía sobre él.
_ ¡Oh, qué maricone cubano! ¡Oh, me gusta, me piache!
                Yo seguía dando placer a aquel macho y aunque hacía poco que lo conocía, habíamos compenetrado bien, bueno, él me había penetrado mejor. Al rato tomó las riendas Andreas, me hizo notar que quien llevaba la batuta era él. Me tumbó en la cama y me hizo ponerme a lo perrito para seguir dando pinga hasta que se vino dando empujones para meter más adentro su pinga. Quedamos agotados allí, abrazados y unidos hasta que la pinga se empezó a poner floja. Fue a lavarse, después yo. Antes de salir nos dimos muchos besos y me decía muchas cosas que no lograba comprender.
                Salimos complacidos, abrazados. El dueño nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja. Acompañó al italiano hasta la puerta y regresó.
_ ¡Oye, de verdad que eres el mejor porque a ese no hay quien se lo singue! Es mucho ¿no?
_ Bueno, sí….pero singa de maravilla.- le dije yo.
_ ¡Mira, tú no te me vayas a perder ahora, ya hablaremos! Andreas se fue porque tiene asuntos de trabajo pero me dijo que regresaría y que quería contigo pasar toda la noche.
                Me fui a la sala, no conocía a nadie de los que estaban allí. Pero no estuve mucho tiempo solo, el dueño vino con un mexicano.
_ Mira, este es lo mejor que hay.- le dijo refiriéndose a mí.- ¿qué? ¿Le conviene?
_ Pos sí, tiene buenos labios…- fue lo único que dijo aquel ser pequeño de estatura y de rasgos aindiados.
_ Él viene a por una buena mamada, nada de singar…así, que ya sabes…-y dirigiéndose al extranjero.- Dígame dónde desea, ya sabe que un privado es más caro…
_ ¡Yo quiero aquí!
                Me quedé sentado donde estaba, el mexicano arrogante se plantó delante de mí y sacó su pinga de color oscuro para que yo me la metiera en la boca. En ese momento si me sentí humillado, el dueño viendo mi confusión, se susurró al oído, “esto es paga doble para ti, no te preocupes”. Todos los de la sala pusieron su vista en lo que estaba pasando. Casi no tuve tiempo de nada, ni de pensar porque ya tenía en mis labios su pinga. Se la mamé, se la mamé allí delante de todos. Algunos se acercaron para ver, otros se sentaron en otros sitios para tener  mejor vista. Por suerte mi tortura duró poco, el muy pendejo se vino en nada agarrando mi cabeza para llenarme la garganta. Fue mi triunfo sobre él, me tragué su leche y le limpié la pinga y se la guardé. Él se largó sin decir nada. Yo me fui al lavabo.
                Estando en el lavabo entró el señor que había ido a buscarme, era quien cambiaba las ropas de cama de las tres habitaciones que había.
_ ¡Veo que desde que llegaste no has parado!
_ Maldito indio de mierda….- murmuré yo.
_ ¡Bah, no lo tomes a mal! Es un tonto porque pudiendo singar, mira lo que ha hecho…es un payaso pero es un cliente fijo y ya sabes, el negocio es el negocio.    
                Al pasar por detrás de mí se me pegó diciéndome.
_ ¡Oye! ¿Y a los que trabajamos aquí no nos da un chancecito?
                 Me sorprendió aquello que me había dicho, lo miré desde el espejo.
_ ¿Qué? ¿Quieres que te la mame?
_ No, nene, me conformó con que me dejes darte lengua en ese culito…-vio mi confusión.- Mira, después de la singada del italiano, pues que te den lengua te aliviara bastante.
                Me dejé hacer, me bajó los pantalones y arrodillándose detrás de mí, abriendo mis nalgas, empezó a lamer mi ojete. Me hizo volver a sentir, a ser el de antes, a desear singar. “Me dejas que te eche el lechazo en el ojete, después te lo limpio”, me dijo, yo asentí deseando sentir su semen caliente en mis nalgas. Cuando se iba a venir se levantó y lo que realmente hizo fue meterme la pinga. El muy cabrón estaba bien armado. Se vino y al sacarla, pues volvió a lamerme el culo. Después me subió los pantalones y besándome en la nuca, me dijo.
_ ¡Coño, que si fuera yo más joven…, te sacaría de esta vida y me casaría contigo!
                Así fue como empezó mi relación con Juanca, es decir Juan Carlos, así se llamaba el señor, que tenía 57 años, clavo y bigotudo, algo sexy y buen singador. Ese día estuve con dos más que me singaron, y las dos veces nos metimos en el baño para que Juanca me aliviara mi ojete. Me fui con él, me fui a su casa que vivía cerca.
_ Mira, ven conmigo, yo no soy joven, tengo casi sesenta pero sé dar pinga y lengua…yo antes era de los bugarrones de la casa, pero ya el tiempo ha pasado. No te voy a prohibir que sigas singando allí, tú eres joven y necesitas mantenimiento.
                Fue sincero conmigo y así empezamos a vivir juntos. Yo no iba todos los días a la casa a singar, me pusieron miércoles, viernes y sábado, el resto estaba en la casa esperando a que llegara mi nuevo marido. Al dueño le pareció bien aquello, aunque finalmente descubrí que todo había sido un complot para que no me perdiera. Él mismo me lo dijo como a los dos días. No les guardé rencor a ninguno de los dos, ni al dueño ni a Juanca.
_ Mi niño, déjame que te dé pinga ahora…- me despertó por la mañana.
                Yo me volví para dejarle, pero él me hizo volverme y me dijo.
_ Quiero singarte de frente, a ver, te la meto y bajas los pies, te voy a singar de frente para que veas lo que es singar como lo hacen los cheos.
                Efectivamente, me sorprendió aquella manera, primero me penetró y después me hizo bajar las piernas, él quedó sobre mí y como tenía una pinga larga pues al menos la mitad me quedaba dentro. Singamos con pasión, era mejor de lo que parecía, besaba muy rico. Cuando se vino me dijo.
_ Quiero hacerte mi mujer.
                Así fue, me convertí en la pareja de Juanca. Los días que no trabajaba, me ocupaba de la casa y de esperarlo. Los días en que trabajábamos juntos, pues regresábamos juntos. El italiano no regresó porque nada supe de él. Me sentía bien, supe que Coque me estaba buscando y hasta había ido a mi casa, pero con había tenido la preocupación de no decir a nadie nada. Me sentía bien, tranquilo con mi nueva vida.
                Un día Ramiro pasó por allí, por suerte estaba yo. Nos alegramos ambos de vernos.
_ ¡Ya me enteré que le has cogido el gusto a esto!- me dijo dándome un sonado beso.
_ Bueno, lo paso bien…-fue mi respuesta porque en realidad sabía a qué se refería.
_ ¡Mira, que no te de pena, yo también me doy mi vuelta por aquí!-me dijo a modo de confesión.- ¡A los dos nos gusta esto! ¡Claro a ti dar culo y yo a dar pinga!
                Yo le conté algo de lo que había pasado y de que al menos, me mantenía algo alejado de aquel torbellino en que me había metido con Coque. Aunque eso sí, Ramiro me recomendó hablar con él porque la gente hablando se entendía. Al rato dejamos de hablar porque Ramiro se fue con un ligue, yo estuve un rato hablando, después me fui a hablar con Juanca porque me aburría allí.
_ ¡Oye, vete al último cuarto que te están esperando!-me dijo el dueño de la casa que había ido a buscarme.- Son gente especial, así que ya sabes…
_ ¿Son? Es decir…
_ ¡Sí, sí, son dos tipos que vienen por aquí a veces!
Allá fui, cuando entré en la cama estaba uno de ellos, grande y corpulento, moreno con barba y rapada la cabeza. Fumaba un puro recién encendido. El otro estaba en el baño, de espalda lo vi, era muy blanco, de pelo rojizo, se volvió para saludarme.
­­_ ¡Come here!- me dijo el rapado apartando la toalla que le cubría la pinga.
                Me quité la ropa mirando cómo se excitaba poco a poco. Me subí a la cama y me incliné sobre él acariciando su pinga dura.
_ ¡Suck my dick!
                Era comprensible lo que me pedía y yo lo complací al momento. Gimió cuando engullí la cabezota de su pinga. En ese momento sentí que el otro me acariciaba las nalgas con su pinga. Con una mano la toqué, era gorda, muy gorda. Mientras yo le mamaba al barbudo, el otro me lamía el culo y metía sus dedos. Al rato, un buen rato largo, se tumbó en la cama para que yo le mamara también, el de la barba me dio un condón  para que se lo pusiera. Era un condón de color negro, él mismo se echó lubricante y se puso detrás de mí para clavarme la pinga sin consideración.
                Gemí bajo aquella embestida brutal. Mira que había singado yo, pero aquella clavada de repente me dejó como muerto y sin aire. Él ni se dio por enterado o quizá viendo mi sufrimiento, se excitó más, porque empezó a singarme con bastante fuerza. El otro me puso en la boca su pinga para que se la mamara, me costaba trabajo por lo gruesa y solo podía chupar la cabeza. El otro exclamaba a veces “good ass” y seguía. Al rato sacó su pinga y tiró el condón a un lado, se acostó para que yo me ocupara de su pinga mientras el otro ocupaba el sitio. Por suerte ya estaba bien dilatado mi ojete y no sentí mucho. Cuando cambiamos de pose, me di cuenta que me estaba singando sin condón. Al ver mi cara de desagrado me dijo.
_ Condón no sirve, condón chico.
                Quise huir al ver su intención de seguir singando sin condón. Pero el de la barba empezó a decirme “relax, relax”, mientras me sujetaba para que el otro pudiera singarme. Después me tumbaron en la cama para singarme los dos por turno, se turnaban entre sí. No niego que lo gozara y que pronto se me pasara aquello de singar sin condón con dos extranjeros. Eso sí uno se vino en mis nalgas pero el barbudo me clavó la pinga hasta la garganta para venirse y llenarme de leche. Vi en su cara que le gustó aquello que había hecho. Estuvimos un rato descansando pero no mucho porque a los muy cabrones no se le bajaba la pinga y de nuevo me vi recibiendo pinga de aquellos dos animales. La segunda venida si la recibí en el maltratado culo. El del pelo rojizo sacó su pinga, se masturbó y disparó su leche en mi culo y después metió su pinga, el barbudo hizo lo mismo. Me gustó verlo como me singaba con el puro en la boca, como se masturbó sin quitárselo de la boca.
                Me dejaron molido, me quedé en la cama mientras ellos se ducharon, se vistieron y salieron sin antes decirme un “good maricón”. Al rato Juanca entró, me besó y abrió mis piernas para ver el ojete.
_ Mi niño te lo han dejado bien rojo…, oye, ¿te singaron sin condón?- le conté lo que había pasado.- Pero no debes dejarte singar así, estos son extranjeros…, papí, tienes que tener cuidado. ¿Te duele?
_ No sé…, me lo siento adormecido…
_ Pero, nene, no te dejes singar así…
                Él vio que sus palabras me hacían sentir mal, y decidió calmarme. Empezó a lamerme mi culo, el culo lleno de semen de los otros dos. Su pinga se quería salir.
_ ¿Me vas a singar?-le pregunté.
_ Si me lo pides, lo hago porque ya sabes que me gustas mucho.-fue su respuesta.
_ ¡Sí, Juanca, sí, síngame tú ahora! Al menos contigo lo hago porque me gustas…-él se levantó, cerró la puerta por dentro y vino a meter su pinga en mi culo dilatado y chorreante de semen.- ¡Qué culito más caliente tiene mi nene! ¿Te duele?
_ ¡No, papo, no, síngame!
                Juanca me singó como él sabía hacerlo, con pasión, con amor, preguntándome cómo me sentía, si quería así o más lento, o más rápido. Cuando se vino se quedó quieto y me susurró al oído.
_ El último lechazo es el que vale. Quiero que te vayas pa´la casa con mi leche adentro.- esperó a que me hiciera la paja y me viniera. Se bebió mi leche.
                Cumplí con lo que me había dicho, le prometí que me quedaría con su leche porque él era mi macho. Llegué a la casa a dormir porque me sentía cansado. Cuando llegó se acostó a mi lado diciéndome.
_ ¡Quiero que dejes de ser puta en esa casa!- yo lo abracé y besé.-Ya he hablado y no tienes que ir más, quiero que seas mío, solo mío.
_ ¿De verdad que lo quieres?
_ Sí, mi niño, sí…, yo tengo para darte lo que tú quieres y estoy de acuerdo, de vez en cuando, de que te eches a otros. Tengo a otros amigos bugarrones que con solo llamarlos, estarían aquí para darte gusto.
                Así empezó la nueva vida, no tuve que ir más a la casa aquella. Con Juanca estaba bien, nos queríamos, nos dábamos placer mutuo. Como a las dos semanas me dijo.
_ Mi niño, hoy viene un amigo mío, quiero presentártelo y bueno, podemos singar los tres si quieres.
_ Estoy bien contigo, créeme.- le dije.
_ Lo sé, mi niño, lo sé, pero tú eres más joven que yo y estás acostumbrado a que te den caña. Lo sé, cuando te conocí lo sabía y bueno, yo te lo busco y te lo traigo aquí a nuestra casa.
                Vino su amigo que se presentó como Berto, era un tipo rudo, con barba y pelo muy rizado. Me apretó la mano fuerte a lo macho mientras me miraba fijamente.
_ ¡Oye, acere, pues no parece tan maricón como me dijiste!- le comentó a Juanca a modo de introducción.
_ ¡Ya lo verás, no te preocupes que esta cosita rica sabe lo que hace!-le dijo Juanca abrazándome.
                Juanca puso la tele con la pelota, como estaba el campeonato pues era casi obligado en cada sitio, yo no seguía ese deporte, pero con él lo veía. Nada que nos sentamos los tres en el sofá a ver el juego, bebiendo cerveza y ellos dos fumando. Al rato Berto sin ningún disimulo y muy directo metió su mano por el pantalón en busca de mi culo, metió su dedo y se inclinó a mí oído para decirme.
_ ¿Sabes que te voy a dar pinga hasta que me canse?
_ ¡Oye, no me lo asustes!- salió en mi defensa Juanca.- ¡Bueno, no creas, que a mi niño le gusta que le den sus buenas tandas!
                Entre el manoseo y besos, me fueron desnudando porque Berto se quedó con los pantalones puestos, aunque con la pinga afuera.
_ ¡Mi nene, Berto quiere darte primero por culo!- me dijo Juanca- Como le había contado lo rico que lo tienes, pues ya sabes…, además es la visita.
                Yo muy obediente me puse a lo perrito para que el amiguete de Juanca materializara su deseo. Sentí como escupió mi culo y puso su pinga en mi ojete para empezar a empujar. Me la metió de un golpe, casi a secas, gemí, jadeé porque muy a pesar de la costumbre y el entrenamiento que tenía, aquella manera brusca pues dolía algo. Berto no se dio por enterado, cuando sintió que me había clavado su pinga hasta los cojones, empezó a singarme sin piedad alguna. Juanca miraba, se tocaba su pinga, se veía que gozaba de la escena. No sé cuánto tiempo estuvimos singando, al rato le dije que cambiáramos de pose. Me lanzó al sofá y continuó como si nada. Opté por quedarme quieto y dejarlo hacer, cuando se dio cuenta me dijo al oído.
_ ¡Así no me vas a sacar la leche!
                Comprendí lo que quería y era lo normal, comencé a moverme, a dar cintura para tratar de que Berto se sintiera el más macho del mundo. Volvía mi cabeza para tratar de mirarlo, con una mano tocaba mi culo y su pinga que se movía como una máquina. Me quejaba, gemía y le decía que me singara duro, que quería su leche.
_ ¡Eso es, mamita rica, ya ves cómo te tengo clavá!- me decía con vicio.- ¡Juanca, mira cómo le doy pinga a tu jeba!- remataba orgulloso.
_ ¡Papí, dame pinga, hazme tu puta!- le decía yo.
_ ¡Oye, brother!, ¿estás oyendo lo que me dice?- deteniéndose, me murmuró al oído- ¡Te vas a enviciar con esta morronga!¡Vas a pedirla a gritos!- Sacó su pinga rápido y me dijo- ¡Vamos, chupa ahora, maricón!
                Me dejó el culo ardiendo y con esa sensación de vacío al sacarla de pronto y sin aviso. Sabía lo que quería el muy cabrón, era venirse en mi boca. Mi ojete no descansó ni un minuto porque Juanca ya se había acomodado para singarme.
_ ¡Mamí, estás cómo te gusta, recibiendo pinga por todos los lados!-comentó Juanca aunque me pareció que hablaba más con el amigo que conmigo que estaba bien ensartado.
                Cosas del destino, Juanca se vino primero, llenando mi culo de leche y diciéndome que me había dejado preñado. Berto siguió singando mi boca, que tenía llena de baba y mocos porque con tanta singada, ni respirar podía. Hice algunas arcadas que casi se me escapa un vómito, sacando su pinga, le rogué.
_ ¡Sígame el culo, papo, ya no puedo más!
                Para mi asombró, me hizo caso, yo pensaba que me torturaría más, pero simplemente cambió a mi culo y continuó como si nada. Berto tenía agallas de buen bugarrón porque daba pinga y no se le caía nada y no se venía. Juanca se fue a la cocina dejándonos a nosotros singando.
_ ¿Oye, no te gusto?- le pregunté de golpe.
_ ¿Qué tú crees, mamí? ¿Acaso lo dudas?
_ ¿Por qué no me das leche?
_ ¿De verdad que quieres mi leche?- se detuvo en sus movimientos.
_  ¡Sí, quiero que me llenes el culo de leche!
_ ¡Ya lo tienes lleno de leche de Juanca!
_ ¡Quiero la tuya ahora! ¡Dame leche, papo!..., te lo pido….dame leche.
_ Mira, mariconcito, a ver, te voy a singar un rato más y cuando me vaya a venir, te la meto en esa boca rica que tienes para ver como tragas leche de macho… ¿Sí?
                Así mismo fue, me singó un rato bastante largo hasta que sacó la pinga y me di la vuelta para recibir en mi boca sus chorros de leche porque el muy cabrón aparte de ser buen singador, buen bugarrón, tener buena pinga, era lechero. Explotó en mi boca camino a mi garganta adonde quería llegar con su pinga mientras se aferraba a mi cabeza. No miento, el semen se me salió hasta por la nariz y hubiera salido hasta por los ojos. ¡Qué manera de echar leche! Me dio la impresión que meaba en lugar de venirse de la cantidad y mira que yo había corrido mundo.
                Berto quedó bien satisfecho, Juanca contento y yo molido de la singueta porque de verdad había sido mucho, aquel tipo era una máquina singando, y echando leche era lo mismo. Berto se fue despidiéndose con “hasta la próxima, mariconcito”.  Cuando nos quedamos solos, Juanca me abrazó como tratando de darme cariño.
_ ¿La pasaste bien?, mi niño.
_ Bueno, sí, pero ese tipo es una máquina singando…
_ Mi vida pero tú eres el mejor, le sacaste la leche y eso no lo hace todo el mundo.- se franqueó.- Yo lo conozco desde hace mucho y es de dar pinga y no venirse. Te lo digo, antes los pasivos le huían porque empezaba a singar y no terminaba nunca.
_ Entonces hoy me he ganado un premio.- bromeé.
_ ¡Sí, mi vida!- dijo besándome- Yo ya ni sabía si lo ibas a lograr o no, te lo digo, hubo un momento que pensé lo contrario…, pero eres el mejor.
_ ¡Oye, y echa leche a chorro!- Juanca se rio bastante con aquello.
_ ¡Bueno, ni se lo digas, pero entre la gente le pusimos “El lechero”!…je je je.
_ ¡Y dímelo a mí! Me pareció que se meaba en vez de venirse…, no te miento, papo, me llenó la boca de leche.
_ ¿Sabes una cosa?
_ ¿Qué?
_ Primero que me gusto verte como gozabas, segundo que en ese culito.- me dijo tocando mis nalgas- se quedó solo mi leche.
_ ¡Ya sabes que para eso eres mi macho!
                Sabía que aquella treta de retener, en lo posible, el semen que una vez William me había enseñado no fallaba. Pero bueno, a Berto le habrá gustado aquello de venirse en mi boca y sobre todo que le limpié la tranca hasta dejársela sin una gota de semen.
                Al otro día al mediodía Juanca se fue a tarbajar, yo salí a la calle a buscar algo y cuando regresaba a la casa, escuché que me llamaban. Era Berto desde un carro. Me acerqué para saludarlo, iba con otro que no conocía, un mulato cachas en camiseta.
_ ¡Oye, nene!, ¿no quieres dar una vuelva con nosotros?- y sin esperar respuesta me presentó al que manejaba.- ¡Mira, este es Migue, bueno, Miguel!
_ ¡Oye, de ti he oído maravillas!- me dijo mordiéndose los labios.
_ ¡Bah, no hagas caso!- le dije yo.
_ ¡Sube, nene, sube...!.- viendo mi indesición agregó Berto.- ¡Oye, tú sabes que aquí hay pinga pa´ti! Así que dale, sube...
_ ¡Tú sabes que sin Juanca, no!-le dije.
_ ¡Papo, anda, vamos con nosotros, vas a gozar como a ti te gusta!- me dijo Miguel.
_ Ayer me dieron mucha pinga...-quise explicar.
_ ¿Dime que no te gustó?- fue la pregunta de Berto.
_ ¡Sí...!
_ ¿Bueno, pues vamos? ¡Vas a gozar como nunca!
                No sé qué me pasó o quizá por mi deseo de singar que me subí en el carro aceptando la invitación de singar con los dos. Berto y yo nos sentamos detrás, estaba claro que él no se iba a quedar con las manos cruzadas. Cuando el carro arrancó, metió su mano por detrás del pantalón buscando mi culo. Yo le facilité la busqueda, él metió el dedo.
_ ¡Brother, qué culo tiene este maricón..., caliente!- le comentó algo soez a Miguel. Yo acaricié tu pinga por encima del pantalón. La tenía ya dura.- ¿Ya la quieres, nene?
_ ¡Sí, macho, lo que quiero es que me singues hasta que me llenes el culo de leche!-le dije yo sabiendo que aquellas palabras las escucharía Miguel que estaba muy atento mirando por el espejo.
_¿Lo has escuchado pedir pinga? ¿Lo has escuchado, brother?
_ Pues, mariconcito, hoy te vas a dar gusto porque te vamos a dar pinga los dos por turno...- dijo Miguel.- Yo ya estoy que exploto, la tengo que se me va a reventar...
_ ¡Oye, tocásela! ¡Cógele la pinga para que veas lo que hay!- yo alargué la mano y palpé el bulto que Miguel tenía, me mostré asombrado por lo gorda y larga. Berto agregó.- ¡Oye, nene, yo no te doy cosas malas!
                Seguimos calentando los motores hasta llegar a casa de Miguel que estaba a las afueras de La Víbora. Casi campo. Bajamos y entramos a la casa los tres como centellas. Tras cerrar la puerta nos amarramos en un remolino de besos, abrazos y al minuto estábamos los tres desnudos en la cama. Miguel tenía una pinga descomunal, gorda y larga, tamaños que a veces no se encontraban en un mismo ser. La de Berto, pues quedaba en desventaja aunque él estaba bien dotado.
_ ¡Caballeros, vamos a hacer una cosa!.- propuso Miguel.- Como yo estoy que reviento ya, mejor que me mame la pinga y me saque la leche.
_ ¡Nos vas a sacar la leche mamando ahora, nene!.- me dijo Berto agarrando mi cara para que empezara a mamar.
                Así fue, empecé mamando la pinga de Berto pero como no se venía, dejó el sitio a Miguel alegando que no se podía venir así que se iba a encargar de mi culo. Miguel gozaba metiendo su pinga hasta atrás y sacándola provocándome arqueadas. Berto ensalibó y metió el primer empujón que me hizo retorcerme porque no me sentía bien. Pero el ver el dolor que me provocaba le animaba más, se veía más macho en ello. Hubiera gritado  pero tenía la pinga de Miguel hasta la misma garganta.
_ ¡Ya ves, mariconcito, que estás ensartado y bien ensartado!- comentó Miguel.
_ ¡Eso es lo que le gusta!- agregó Berto.
                Yo disfrutaba, disfrutaba por partida doble, además por tener a dos machos que me daban placer. Berto singaba como una máquina y Miguel gozaba metiendo tu pinga en mi boca hasta los cojones, se deliteaba haciéndolo, la metía despacio y ya cuando estaba adentro, no la sacaba se quedaba quieto provocando cierta asfixia, la sacaba igual de despacio, mojada de saliba. Al rato se vino, sentí el chorro caliente de semen, yo mismo le sujeté para que no sacara la pinga de mi boca.
_ ¡Oye, mira como me agarra para coger su lechita!- se sorprendió Miguel.
                Seguía con la pinga dura, Berto le dejó el sitio para que me singara. Costó trabajo pero la metió jadeando y comentando lo que sentía. Me tiró en la cama y comenzó a singarme sin compación, a lo bestia, a lo guajiro.
_ ¡Macho, pero mira cómo goza recibiendo pinga!- su sorpresa aumentaba.
_ Ya te lo dije..., este es de los buenos, de los que les gusta singar.
                Siguió sin detenerse, ya me apercía una eternidad, hasta que se vino dando jadeos que quizá lo escuchó todo el vecindario.
_ ¡Nene, sabes que me toca a mí ahora!- me dijo Berto acercándose.
_ Sí, papo, estoy esperando por tu leche...
                Me acosté sobre mis espaldas sujetando mis piernas para que Barto viera bien mi culo recién singado y lleno de leche. Así me singó duro, a su antojo, hasta que se vino llenando mi ojete de más semen. Quedamos acostados los tres en la cama, sudados y contentos.
_ ¡Oye, se ha quedado con la leche adentro!
_ ¡Pues, hombre, claro...., que para eso es maricón!- le explicó Berto- ¿Verdad, nene, que eres maricón?
_ ¡Sí, sí, mi culo está lleno de leche de mis machos!
_ ¿Has dicho “de mis machos”?- me preguntó Miguel.
_ Lo has oído bien, ahora somos sus machos...- le repitió Berto.
_ ¿De verdad que te ha gustado?¿Quieres convertirte en nuestra jeba?- preguntó Miguel.
_ ¿Qué tú crees?-le dijo Berto
_ Lo será mientras le demos lo que le gusta...., pinga y leche.- sentenció Miguel.- ¡Coño, se me está poniendo dura de nuevo!
_ ¡Pues ya sabes dónde está le hueco que baja las pingas!- le dije girándome para permitirle que me volvira a singar.
                Me quedé de costado a Berto mientras Miguel metía su pinga de nuevo, no tan dura, pero entraba bien. Cuando la metió hasta atrás, nos besamos.
_ ¡Berto, ya ves..., esto es lo que me vuelve loco!- le dije.
_ ¡Ya lo veo, pues con nosotros tendrás mucho!
_ ¡Tiene un culo de oro!-agregó Miguel.
_ ¡Te lo dije, brother, que lo que le pagamos a Juanca es poco!-dijo Berto.
_ ¿Cómo que le pagaron a Juanca?- pregunté asombrado.
_ Pues,... bueno, sí... Juanca cobra, a mí hoy me hizo una rebaja pero a Miguel le cobró completo.- Dijo Berto.- ¿Qué? ¿Tú no sabías lo del negocio?
_ Lo del negocio sí, pero de que me vendía, no,  me dijo que eras un amigo que no tenía con quien singar.
_ ¡Ja, hideputa! ¿Eso te dijo?
_ ¡Nene, ese viejo se va a forrar contigo! ¡Y lo mejor que ni te enteras!-me dijo Miguel al oído.
_ Pues no, ya no...ahora soy la jeba de ustedes dos.- le dije besando a uno primero y después al otro.
                Aquello fue el pistoletazo para que Miguel empezara a singarme como antes, me sentía raro porque en mí bullía la sangre por lo que Juanca había hecho. Lo peor es que si hasta el momento quizá pasó por mi mente el hecho de que era yo quien lo engañaba, me resultaba extraño, el engañado era yo. Allí estaba singando con dos que habían pagado a mi gente, a mi marido como le gustaba decirme. Me dejé arrastrar por aquel torbellino de sexo, al rato estaba ya entregado a ellos sin pensar mucho en Juanca y lo que había hecho. Terminamos cansados, dormimos un rato abrazados los tres, felices.
                Después Berto se fue a su casa, Miguel me llevó en el carro hasta casa de Juanca para que recogiera mis cosas.
_ ¡Mira, nene, ahora recoges y nos vamos pa´mi casa y singamos tú yo solitos!- me dijo acariciándome el muslo.
_ ¡Oye, macho, que ustedes dos me han dado mucha caña hoy!-le dije.
_ ¡Je, je, je! Te gustó ¿no?
_ Claro que me gustó, ¿acaso lo dudas?- le pregunté con coquetería.
_ ¡Oye, mira que he singado yo maricones, pero tú lo gozas a tope! Mira, te voy a tener como una reina, eso sí, hay que singar a diario, dejarme sin leche porque sino entonces, salgo, y te pego los tarros.- me dijo de manera sincera.
                Entre en la casa, recogí lo que tenía, cerré la puerta y tiré la llave por la rendija. Abajo le dije a Miguel que parara cerca de un teléfono y llamé a Juanca. Se lo dije, le dije lo que pensaba y lo que iba a hacer.
_ ¡Oye, tú no sabes quiénes son esos dos! Recapacita, porque conmigo tendrás todo lo que te gusta pero no creas que son mejores que yo.
_ ¡Tú me estabas vendiendo!
_ ¡Bien, bien, eso podemos hablarlo! Pero cometes un error en irte con esos dos...¡Mira, espérame y hablamos!
_ ¡No, no...ya está hablado!-le dije colgando.
                Nos fuimos los dos, no diría yo contento por lo que acababa de pasar pero de todas maneras aliviado por desprenderme de Juanca y aquella casa. Era cierto que a Miguel no lo conocía, lo mismo que a Berto, pero me daba lo mismo.